Silencioso día
La explotación sexual, mayoritariamente de mujeres y niñas, es la esclavitud del siglo XXI, sin embargo, mientras que la esclavitud de la población negra o la de niñas y niños que son explotadas y explotados por poderosas multinacionales provocaron en su momento un rechazo por el conjunto de la ciudadanía, la esclavitud sexual de las mujeres en el siglo XXI, muy lejos de provocar un movimiento masivo en contra, como en los casos anteriores, se encuentra legitimada socialmente mediante series de televisión en las que nos muestran la prostitución como un auténtico negocio para mujeres jóvenes, bellas y en buena posición económica, en el que las relaciones sexuales son siempre con hombres apuestos y amables, el dinero recibido a cambio supera en muchos casos el sueldo mensual de cualquier persona y la aceptación social de las mujeres prostituidas no suponen ningún problema.
Pues bien, estos ejemplos distan mucho de la realidad de más del 95% de las prostituidas, que son en su mayoría mujeres inmigrantes de países explotados económicamente y que se ven, algunas envueltas en un engaño del que les es muy difícil salir, y muchas otras que se ven obligadas a dejarse vejar, maltratar, insultar y violar una y otra vez para conseguir dinero y mantener a sus familias.
No cabe duda que si la explotación sexual se normaliza a través de los medios de comunicación como una 'profesión atractiva' cada vez más esto será asumido por la ciudadanía, que normalmente hace aquello que le llega de la televisión, así como nos vestimos o comemos y bebemos lo que vemos anunciado, también nos comportamos como vemos a través de la pequeña pantalla, por no hablar de la cantidad de publicidad de prostitución que nos llega a través de Internet de una manera casi incontrolable.
Por todo ello, desde la Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres intentamos a través de nuestra segunda campaña consecutiva en contra de la 'Explotación Sexual y Tráfico de Mujeres Niñas y Niños', que la esclavitud del siglo XXI no pase inadvertida y mucho menos se legitime socialmente, porque no podemos olvidar que la explotación sexual vulnera directamente los derechos humanos, y si no queremos que en nuestra sociedad rija la ley de la selva y que el que más dinero tiene pueda comprar incluso nuestros cuerpos, debemos pronunciarnos al respecto.









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