por Verónica Franco
Lic. en Cs. de la Comunicación (UBA)
“No son unas películas de más calidad lo que puede hacer cambiar el ‘gusto del público’, sino únicamente un cambio en sus condiciones de vida.”
Bertolt Brecht
La imagen, la representación de los hombres y los objetos, constituye un fenómeno social importante desde la antigüedad hasta nuestra época, en que las nuevas tecnologías y los medios de comunicación transmiten masivamente las imágenes. Desde una perspectiva cultural, el objetivo del presente artículo es el de interpretar la representación o la imagen propuesta por Bailando por un sueño (Video Match, Canal 13) en relación a las mujeres, los hombres, y el sexo.
Como bien lo establece el antropólogo Clifford Geertz [1], la cultura es una red de significados y su análisis es una ciencia interpretativa en busca de significaciones. Así, las interpretaciones o suposiciones no se realizan de manera antojadiza, sino más bien que se producen a partir de las “huellas”, de los indicios que se encuentran en los discursos (por ejemplo, en el programa Show Match).
El análisis de la problemática de la forma de expresión del sexo, las relaciones humanas y los valores que se le asocian, es fundamental en un programa que consiguió más de 38 puntos de rating (1 punto equivale aproximadamente a 100.000 personas) con el baile del caño, de alto contenido erótico, y cuyas imágenes y comentarios inundan la mayoría de los programas de televisión, medios gráficos, radiales e Internet.
La imagen
La imagen es el eje sobre el cual se erige la televisión. El medio construye imágenes, decide qué cosas aparecen en pantalla, y cómo se presentan, adjudica sentidos y valoraciones sobre los objetos y sujetos.
Entonces, ¿qué significaciones se le dan a los cuerpos de los participantes de Bailando por un sueño? El show crea una percepción social de la mujer, principalmente a través del sexo; los cuerpos de las mujeres en el programa son cuerpos exuberantes, provocadores, casi desnudos se exhiben con poses sexuales explícitas. Son productos, símbolos eróticos que están a la venta para cualquier televidente que quiera consumirlo (visualmente) en la pantalla. Son cuerpos de mujeres en competencia: quién es más voluptuosa y sensual o quién muestra más.
El tratamiento que el programa realiza sobre los cuerpos de las mujeres está basado en la explotación de la imagen sexual. Todo gira en torno a lo sexual, desde la elección de los ritmos de bailes o el escaso vestuario de las mujeres y algunos hombres.
La danza, la coreografía, la destreza o cualquier otra virtud de la persona que no esté en directa vinculación con lo erótico, queda en último lugar. Estas operaciones que se realizan para dar un sentido, se observa en los planos de las cámaras que toman las aperturas de piernas de las bailarinas, en los escotes, en los primeros planos de los glúteos, en detrimento muchas veces de los bailarines que las acompañan o de un plano general que dejaría apreciar la coreografía que desarrolla una pareja de baile.
Inclusive en el plano de lo simbólico (palabra), se sigue esta perspectiva sexual única: en el puntaje y los comentarios del jurado, que califican a las bailarinas por si poseen o no una actitud de “perra”, “sensual”, por la “cola perfecta” que tienen, en los comentarios y relatos de los locutores o del propio conductor del programa.
En relación a lo indicial (sonidos, ruidos que indican o remarcan algo), se encuentran los “miau” de participantes y jurados, que están juzgando a otro despectivamente como “gato”; también en los gritos del conductor y compañía cuando alientan a las bailarinas que ejecutan poses arriesgadas a nivel sensual, por ejemplo, con “tremendo”, “eso”, etc.
Los hombres, lo masculino están representados desde otro lado -asimismo se los trata de vincular siempre con lo sexual-: a través del humor (el participante De Bellis que avanza en el certamen por su comicidad), de la estigmatización y la burla hacia la gordura (el concursante Tota Santillán), de la admiración que proviene de la lástima hacia la discapacidad (el español Serafín), o por una inclinación sexual determinada (caso del cantante Pablo Ruíz o del diseñador Jorge Ibáñez).
Al sexo se lo narra como producto, mercancía, como algo vulgar. Y los cuerpos en exhibición se utilizan con objetivos comerciales en las industrias de medios, y en el caso que estamos analizando, suben el rating como ninguna otra cosa en la televisión (excepto la televisación de fútbol o crisis políticas).
Cabe aclarar que la televisión ha tomado el camino del género del entretenimiento para lograr el éxito comercial: sexo, escándalo, polémica es la fórmula de los canales para divertir minuto a minuto a los televidentes. Pero se debe resaltar que el contenido del medio televisivo está estrechamente ligado a su forma de financiamiento publicitario, y es por este motivo que el valor que promueve, el único que le interesa, es el éxito en el rating.
Por esta razón, en la noche de ayer, Canal 13 emitió un programa de Bailando por un sueño, fuera de los días que le corresponden, ya que la emisora sostiene una lucha constante para ganar el rating a su principal competidor, Telefé.
Conclusiones
La frase de Bertolt Brecht que abre esta nota refiere sobre varias cuestiones. En primer lugar, está indicando que el cine, en tanto industria cultural, si bien tiene el poder de establecer significados, es sólo uno de los diferentes campos que posee la capacidad de instituir sentido a nivel social.
De este modo, se puede concluir que los medios de comunicación como el cine o la televisión posibilitan la lectura de las representaciones en cada momento, ya que promueven imaginarios e identidades.
Pero, si se entiende que el campo de la cultura es un espacio de negociación, resistencia y de imposición de distintas significaciones, también se debe considerar que, aunque los medios de comunicación ocupen un lugar central en el campo cultural, no cierran la producción de sentidos en la sociedad; en otras palabras, que la cultura no tiene significados fijos o definitivos, ya que el sentido de un objeto, de la imagen del sujeto o de una cosa está en permanente cambio.
[1] Geertz, C. (1987) [1973]: La interpretación de las culturas, Barcelona: Gedisa.
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Revista La Memoria de Nuestro Pueblo
Rosario, Argentina.
Año V, Número 46
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Sumario:
Los hechos de violencia antisemita de enero de 1919 en la visualización de sus contemporáneos, por Fernando Cesaretti y Florencia Pagni. Escuela de Historia. Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario.
Los judíos textiles de Villa Lynch y el I. L. Peretz. 1º parte, por Nerina Visacovsky. Escuela de Historia y Política de la Universidad Nacional de San Martín.
La Democracia y la sombra del Proceso, por Luis Alberto Romero. Departamento de Historia. Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Centro de Estudios de Historia Política de la Universidad Nacional de San Martín.
Los orígenes de la Refinería Argentina, por Jorgelina Bernasani. Escuela de Historia. Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario.
¿"Traidores" o "renovadores"? El primer peronismo sin Perón (1955-58). Última parte, por Raanan Rein. Centro de Estudios Internacionales y Regionales de la Universidad de Tel Aviv, Israel. Miembro de la Academia Nacional de la Historia de Argentina.
La situación de Montoneros entre fines de 1970 y comienzos de 1972. Última parte, por Lucas Lanusse. Doctorado de Historia. Universidad de San Andrés.
La Cuestión social, por Angela M. Tuttolomondo Muncharáz. Escuela de Historia. Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario.
Acerca de la política de relocalización indígena en el área pampeana: el caso de los indios Quilmes (fines del siglo XVIII). 1º parte, por Florencia Carlón. Departamento de Historia. Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Memoraciones:
Rafael Alberti: Galope - Balada del que nunca fue a Granada
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