PANORAMA TUCUMANO
La Gaceta
http://www.lagaceta.com.ar/nota/270613/Opinion/imperio_lo_trucho_poder_mentira.html
El imperio de lo trucho y el poder de la mentira
Escandaliza en oficios y en certificados, pero lo cierto es que la falsedad reina más allá de los papeles. Es toda una macroestructura aceptada que hasta torna ilegal la verdad. Por Alvaro Aurane - Redacción LA GACETA.
Habrá que conceder que en la Presidencia han aprendido de la historia reciente. Ahora, al menos, es Kirchner al Gobierno, Kirchner al poder.
Si alguna vez la tuvo, perdió toda vergüenza. Ahora, se manifiesta abiertamente. Sin el menor disimulo. Lo trucho se presenta impúdicamente ante los tucumanos. Refriega en la cara de los ciudadanos que no es una tendencia que impera sino que es un imperio al cual todo tiende. Toda una provocación Su majestad, lo trucho, manda. -------------------------------------------------------------
“¿Crees que al poder lo da una placa? Al poder te lo da mentir; hacerlo bien y que todos comprendan que debe ser así”. Senador Roark, personaje de la película “Sin City”, dirigida por Robert Rodríguez.
Son truchos los oficios con los que se puede cobrar casi medio millón de pesos en un banco, a la vista de todos. Y también son truchos innumerables certificados médicos y de buena conducta que en febrero se conseguían de un día para otro a cambio de $ 35. En materia de papeles truchos, también lo eran los oficios que se expedían a principios de esta década, como si fuera el mostrador de un almacén, en una fiscalía provincial, para transitar tranquilamente con camionetas 4x4 robadas. Y tenían argumentos y fines truchos los amparos de la Justicia Federal que permitieron negociados con títulos en default.
Pero lo trucho no está sólo en los papeles. También podría decirse que Martín Lousteau era un funcionario trucho, ya que ostentaba el cargo de ministro de Economía, pero nunca ejerció como tal. Qué decir del resto de los ministros nacionales. Y de los de Tucumán. La cuestión se torna todavía más delicada si se advierte que la oposición (y una porción de la población decididamente enorme) sostiene que lo mismo puede decirse de la Presidencia de la Nación. Eso sí, habrá que conceder qué aprendieron de la historia reciente. Ahora, al menos, es Kirchner al Gobierno, Kirchner al poder.
Lo que ocurre es que hay juramentos truchos que emplean fórmulas legales. Total, Dios y la Patria nunca demandan. Según los registros históricos, no ha habido un día hábil en que todos los funcionarios y todos los representantes electivos le hayan sido enteramente fieles a la pobre Patria. Sin embargo, no abundan, precisamente, las declaraciones oficiales de infame traición a ella. Y, si habrá postulantes para ese lauro… Desde el advenimiento de la democracia, en 1983, el Senado de la Nación jamás expulsó a uno de sus miembros. El Poder Legislativo provincial, desde la unicameralidad concretada en 1991, tampoco.
Precisamente, es trucho el funcionamiento de las instituciones. La Constitución Nacional reserva la figura de la infame traición para los miembros de un poder que delegan sus facultades a otro poder. Pero en este país, y en esta provincia, siguen regalando alegremente, de hecho y de derecho, superpoderes a los jefes de los Ejecutivos. La sumisión de los parlamentos es moneda corriente con la que muchos hombres con fueros consiguen moneda corriente.
Los poderes judiciales tampoco pueden mirar al costado. Las recientes declaraciones del presidente de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional, Ricardo Ricondo, acerca de que no están dadas las condiciones para procesar a funcionarios en actividad, lamentablemente, no suena ajena para el caso provincial. No hay estadísticas de hombres del poder sometiéndose a la Justicia. Sí las hay viceversa. En este contexto de políticos blindados, tenemos una Carta Magna reformada para que tres reelecciones consecutivas sean consideradas sólo dos, y a fin de sojuzgar a los jueces con institutos aberrantes para designar o remover magistrados. Es decir, hay normas constitucionales truchas por aquí.
Pero en el orden privado también hay juramentos truchos. Según un informe del Suplemento Actualidad, aumentaron los divorcios entre parejas que no cumplieron ni tres años de casados. Sin dejar de respetar las razones privadas de cada quien, el hecho invita a suponer, cuánto menos, que aquello de estar “juntos por toda la vida” es un compromiso que no pocos toman a la ligera. Por cierto, la Iglesia cambió la fórmula “hasta que la muerte los separe” porque, además de trágica, no era del todo segura. Lo prueba el caso del ex delegado de El Chañar entre 2003 y 2007, que en un equívoco compartido entre el Tribunal de Cuentas y el Juzgado Electoral Nacional fue dado como fallecido en 2002.
Luego, también se investiga si hay abogados truchos, gracias a notas truchadas. Y hay denuncias sobre pericias psicológicas presuntamente truchas que declaran severas afecciones en personas que, al rato, asumen como funcionarios. Hubo diputados truchos durante el menemato. Y hoy, Tucumán padece un sistema electoral trucho ya que se puede ser oficialista por convicción o por acople. Para peor, también hay partidos políticos truchos que son, en realidad, estructuras que se alquilan al mejor postor en tiempos de elecciones. Comicios que, por cierto, vienen siendo denunciados casi de manera ininterrumpida de ser festivales del fraude. Y eso para no hablar de lo truchos que son los votos comprados con bolsones y otras especies.
No es difícil advertir cuál es la ley del imperio de lo trucho. El poder está en la mentira. La mentira, de hecho, es una macroestructura. Y la verdad nada vale. Es más: puede hasta ser ilegal, en la medida que atenta contra una mentira legalizada. La cual, necesariamente, requiere para mantenerse de más mentira. De mentiras consuetudinarias. Como la de que hay que dejar de exigir calidad democrática y calidad institucional, porque si no se está en contra de la democracia y de las instituciones. Entonces, mejor no protestar. Y aceptar que las cosas no pueden cambiar. Y hasta defenderlas. Porque nadie negará las obras que muestra el poder. Mejor no oponerse. Y comprender que, en definitiva, debe ser así.
En un debate en el Colegio Nacional de Buenos Aires, organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación en su ciclo Temas argentinos, la antropóloga Sofía Tiscornia advirtió que lo trucho es, en sí mismo, una provocación. “Porque no es sólo evidencia de deslegitimación de la ley: también es el efecto del imperio de la ley”.
Este es su reino.













































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