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"Una política científica integral"

"Una política científica integral"

http://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/index-2008-03-04.html 

por Susana Murillo  

La creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva es una saludable iniciativa.
También lo es la afirmación de su titular respecto de la necesidad de que los científicos asuman su
compromiso social. No obstante, es menester no olvidar que Argentina tiene una historia de profundos
dolores padecidos por científicos de diversas disciplinas, como consecuencia de haber sostenido tal
responsabilidad. Pero el compromiso no termina en los investigadores; es necesario que todos los
ciudadanos nos involucremos. La ciencia y la tecnología nos afectan a todos.
Argentina requiere una política integral de investigación científica y gestión tecnológica, ya que de ello
 se trata el ministerio creado. La estructura de una política en este campo no puede reducirse a la
 existencia
de avances en algunas áreas de investigación, a problemas de financiamiento o a la crítica a supuestos
errores metodológicos de algunos científicos.
Lo fundamental es, primero, la presencia de un diagnóstico integral acerca del potencial científico,
su relación con el desarrollo tecnológico y el de éste con las necesidades reales de la población.
Segundo, es necesario establecer objetivos claros que articulen aspectos jurídicos, educativos,
económicos, culturales, ambientales, éticos; en suma, sólo puede haber política científica si el equipo
a cargo tiene conciencia de que la política es una actividad social y que lo social supone la construcción
de un lazo de integración. Tercero, es menester explicitar objetivos claros relativos a la articulación
estratégica a nivel geopolítico.
No es posible pensar políticas independientes de alianzas estratégicas, lo contrario supone la
subordinación incondicional a los poderosos de la tierra. El lugar de Argentina en la región depende en
buena medida  de su política científica. Surgen entonces preguntas: ¿cómo?, ¿con quiénes y con qué
objetivos se aliará
Argentina en este aspecto?, ¿o no lo hará y se subordinará al orden hegemónico? La respuesta a estos y
otros interrogantes es necesaria para no reemplazar la política por la gestión –estrategia neoliberal– que r
educe cualquier ministerio –más allá de la voluntad individual que suele ser arrastrada por la fuerza de
las cosas– a un destacamento de la voluntad de empresas transnacionales que no han demostrado ser
protectoras del medio ambiente, la salud, la justicia o la calidad de vida humana.
En lo referente al valor del conocimiento científico me atrevo a disentir con cualquier enunciado que
afirme que es necesario "colocar al país como contribuyente al avance del conocimiento universal".
A poco que se revise la bibliografía y documentos internacionales se encuentra que la ciencia ha dejado
de ser patrimonio de la humanidad –si es que lo fue alguna vez–. Todo indica que desde hace varias
décadas el esquema de política científico-tecnológica dominante consiste en que la demanda del
mercado –empresas transnacionales– condiciona las líneas de desarrollo tecnológico y éstas, los
avances en investigación aplicada y básica. Los laboratorios públicos suelen desarrollar investigaciones
de alto costo que luego son utilizadas por grandes empresas en la faz de desarrollo tecnológico, cuyo
resultado es la producción de mercancías.
A menudo, los grandes consorcios articulan alianzas estratégicas destinadas a investigaciones científicas
 en la etapa precompetitiva. Sostener hoy que la ciencia es patrimonio de la humanidad es no ver el rol
geopolítico que tiene. Es no reconocer el lugar que cumple en la constitución de la calidad y cantidad
de población trabajadora requerida –y expulsada– a nivel mundial. Es olvidar su rol en la profundización
de la brecha entre los países llamados "desarrollados" y los denominados "emergentes". La ciencia no
 es "patrimonio de la humanidad", es el insumo fundamental del paradigma sociotécnico hegemónico,
que tiende a aumentar la pobreza y la desigualdad entre países y entre sectores dentro de un mismo país.
El financiamiento no puede ser resuelto por entidades internacionales como el BID, pues ello cuestiona
la posibilidad de una estrategia que apunte a un desarrollo endógeno con miras al bienestar de la
 población y a la alineación estratégica del país en la región.
Con respecto a la estructura de los proyectos, es menester analizar su pertinencia a partir de la articulación
integral arriba aludida; es urgente abandonar métodos de evaluación fundándose en la cantidad de
papers producidos o en la edad de los investigadores, ello comporta una simplificación característica
del proceso de privatización y mercantilización de la ciencia ocurrido en los últimos decenios, cambio
 que llevó a "medir" la eficacia científica en función de una serie de dudosos indicadores. Hay abundante
bibliografía y documentación internacional que muestran lo falaz de estas mediciones, impulsadas por
organismos internacionales para propiciar un cambio en las políticas científicas y en su relación con
la sociedad. Mutación que, a nivel mundial, ha transformado las políticas de los llamados
"países emergentes" en una mera gestión que los ha subordinado a un orden internacional que
produce día a día pobreza, destrucción del medio ambiente y muerte.
En lo concerniente a las cuestiones de metodología, tal como lo han señalado destacados investigadores,
ellas han sido objeto de antiguos debates y no resulta plausible sostener un criterio de legitimación de l
os enunciados científicos basado en la pura "verificación empírica", que ni aun los más encumbrados
investigadores positivistas del siglo XIX aceptaron –para ello basta leer algunas tesis de egresados de
la UBA en ese período–.
Sobre el lugar de la ciencias sociales, estimo necesario superar un análisis somero basado en sus métodos;
por el contrario, es menester reflexionar sobre el hecho –no carente de antecedentes históricos– de que,
partiendo de definiciones metodológicas que reducen el saber a la "pura empiria", se somete la tarea de
estas ciencias a un "análisis de casos" o a la formación de "técnicos" y se olvida la importancia de la
elaboración estratégica de teorías, por complejas que ellas puedan resultar. Al fin de cuentas, lo humano
 es profundamente complejo. Definiciones en materia de política científica es lo que nuestro país requiere.

 Autora: Susana Murillo: Doctora en Ciencias Sociales, profesora de la Facultad de Ciencias Sociales,

Universidad de Buenos Aires. Contacto con la autora: smurillo@fibertel.com.ar .

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