El cuerpo emite sonidos que se sienten poco. Señales, gestos, ternuras que el varón parece desoir una y otra vez por su misma condición de hombre. El autor de esta nota participó de programas para la prevención de ETS y SIDA. Aquí, opone a la idea de ese varón la construcción de otro, completamente liberado. Un hombre conectado con su conciencia corporal que permite 'sentir-nos' y 'cuidar-nos'.
El respeto y el cuidado de nuestro cuerpo masculino implica darle un significado a la vida que llevamos, encontrarle su sentido y su trascendencia. Es reconocernos y aceptarnos, sin dejarnos imponer los modelos que crea el medio social para dominarnos haciéndonos creer que la única forma válida de ser hombre es el estereotipo que difunden por la televisión o por la radio.
Cuando caemos en cuenta del valor de nuestro cuerpo y sentimientos somos capaces de construir nuestra propia identidad sin aceptar dócilmente las imposiciones que establece el medio machista.
¿Acaso somos sólo una masa de huesos y músculos para emplear en la conquista y la guerra? ¿Acaso sólo somos una estructura física para utilizar en el trabajo y en el sexo? ¿Acaso las energías que provienen de nuestro cuerpo
son para imponernos y dominar?
La conciencia corporal nos lleva a responder NO: los hombres no somos una sumatoria de huesos y músculos, ni una simple estructura anatómica, ni un conjunto de energías para dominar a las demás personas. Tenemos que aprender que somos seres trascendentes, que tenemos todas las potencialidades para desarrollarnos integralmente en convivencia solidaria con nuestras compañeras y amigos, con los niños y las niñas, con la juventud.
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En verdad, como seres humanos somos cuerpo, energía física, energía emocional, energía espiritual, energía sexual, afectos, pensamientos. Es importante reconocer que todo ello nos compone y que, por tanto, somos seres integrales que debemos buscar el desarrollo armónico de todas nuestras capacidades.
La conciencia corporal nos ayuda a sentir-nos y a cuidar-nos. Si somos capaces de sensibilizarnos con nosotros mismos y practicar el autocuidado seremos también capaces de sentir a las otras personas y cuidarlas, es decir, seremos capaces de amarlas, amándonos.
Sólo el hombre que se cuida y ama a sí mismo puede cuidar y amar a quienes le rodean.Todos podemos aprender a desarrollar nuestra conciencia corporal. La educación machista nos aleja de nuestro propio interior y nos quita la posibilidad de vivir profundamente aquello que somos, hacemos y soñamos; nos ha vuelto superficiales y arrogantes y nos ha llevado a vivir en un permanente atropello
contra nosotros mismos y contra los y las demás.
Pero tenemos todas las posibilidades de cambiar estas situaciones de maltrato si nos auto-reconocemos, si aprendemos a percibirnos, a identificar las energías que se movilizan en nuestro cuerpo y a emplearlas benéficamente.
Superar el alejamiento que hemos tenido con nuestros propios cuerpos es uno de los pasos más importantes que podemos dar para superar el machismo. Así aprenderemos a explorar nuestro organismo, reconocer nuestras zonas erógenas, las zonas de dolor y las de placer, aquello que nos satisface y lo que nos incomoda y entender el por qué de las reacciones que tenemos.
Aprenderemos la importancia de protegernos y cuidarnos, asumiendo que nuestro cuerpo no es un arma de combate ni una máquina sexual, sino una maravillosa creación, digna de todos los respetos y todos los amores.
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La conciencia corporal nos ayuda a superar las barreras que nos han impuesto para que no vivamos la ternura, que es una fuente de vida. Cuando adquirimos conciencia del cuerpo no nos da temor brindar o recibir un abrazo, expresar un te quiero o manifestar el dolor. Por el contrario, avanzamos a valorar la compañía y el afecto de nuestra esposa, nuestros hijos e hijas, nuestros amigos y amigas.
Así, no seremos machos, seremos Hombres.Completos.
Afortunadamente. Amorosamente.
Cali, agosto 25 de 2002.








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