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* Docentes del DF no asumen la diversidad cultural del alumnado
-- Planes y materiales educativos tampoco
Por Hypatia Velasco Ramírez
México, DF, 28 dic 07 (CIMAC).- Las y los profesores que se enfrentan a
grupos heterogéneos de niñas y niños en la Ciudad de México no tienen
conciencia de la diversidad cultural presente en las escuelas, por lo que
niegan la existencia de alumnos de procedencia indígena y no cuentan con los
mecanismos veraces para identificarlos.
Así lo considera María Luisa Crispín, profesora e investigadora de la
Universidad Iberoamericana, en su texto Niños y Niñas de procedencia
indígena en las escuelas primarias del DF: problemáticas y desafíos, que
forma parte del libro El triple desafío: derechos, instituciones y políticas
para la Ciudad Pluriculturales, editado por la Dirección General de Equidad
y Desarrollo Social del Gobierno de la Ciudad de México.
Al respecto, el censo escolar del 2002, reporta que el número de niñas y
niños con procedencia indígena era de mil 324, quienes son muchas veces
segregados y discriminados por sus compañeros e inclusive por las y los
profesores, quienes tienen bajas expectativas sobre esta población, lo que
ocasiona que estos menores de edad sufran de una baja autoestima, indica la
autora.
Asimismo, la desigualdad de la que son objeto se ve reflejada en la
deserción o en la repetición del año escolar, la que es más alta entre las y
los niños indígenas que en aquellos que son de las ciudades.
Y cuando alguna niña o niño indígena presenta problemas de aprendizaje, dice
la publicación, entonces son enviados a educación especial, cuando el
problema que no ha sido identificado es que no tiene conocimiento del
español.
También se ignora que es necesario considerar la cultura y el origen de las
y los alumnos para nutrir los procesos de enseñanza y aprendizaje. A eso se
le suma que los planes de la educación primaria y los materiales educativos
no reflejan el carácter multicultural y plurilingüe del país, motivo por el
cual su aprendizaje es poco significativo.
Por ello, subraya el texto, es necesario impulsar una educación
intercultural que abarque a todas y a todos los niños para así combatir las
actitudes de discriminación y de racismo.
En opinión de la autora, para que las y los niños indígenas accedan a la
educación no es suficiente que haya políticas compensatorias como otorgarle
becas toda vez que éstas “se deben ofrecer a quien lo necesite, sea
indígena o no”.
“Políticas como éstas han causado rechazo de los padres de familia que
también tienen las mismas necesidades”, pues en repetidas ocasiones se ha
hecho énfasis en las diferencias olvidando las similitudes, anota el texto.
En ese contexto, la educación intercultural busca educar “para convivir en
un marco de respeto, igualdad, solidaridad y diálogo”, tomando en cuenta que
las y los alumnos formar parte de culturas diferentes y cuentan con un
identidad cultural propia, señala el artículo.
Además, procura favorecer el desarrollo integral de las y los niños
enfatizando en el mejoramiento de las habilidades comunicativas, el
fortalecimiento de la identidad cultural y el desarrollo de la capacidad
para conocer y comprender respetuosa y críticamente la propia cultura y la
de otros.
Lo anterior, explica la autora, ya que si bien nuestro país se reconoce y
define constitucionalmente como pluricultural, existen muchas desigualdades,
entre ellas la educativa.
Por ello, la educación intercultural sería una herramienta para leer e
interpretar la realidad desde distintas perspectivas y así asumir
responsabilidades frente a dicha realidad y frente a los demás. Con ello,
las y los niños aprenderán a dialogar en igualdad y a partir de sus propias
identidades, según la autora.
Además, debe provenir de la comunidad educativa para que los objetivos
planteados sean socioculturalmente pertinentes y responda a las necesidades
de las y los alumnos, de sus padres y la comunidad a la que pertenecen.
Asimismo, refiere que la educación intercultural debe enfocarse al
desarrollo cognitivo, afectivo, social y moral de las y los alumnos, así
como la valoración de una propia cultura.
Para ello, las y los profesores deben “apropiarse de su rol en la
construcción de la interculturalidad y en la profundización de la
democracia”. Y es necesario que se reconozcan las diferencias culturales y
lingüísticas de las y los niños, dice.
También se debe aplicar un enfoque intercultural a los contenidos y a las
prácticas educativas, y los planes de estudio deben integrar los aportes de
las diferentes culturas de nuestro país, para lo cual es necesario modificar
los programas educativos actuales “en busca de visiones más
interculturales”.
La educación intercultural, acota la autora, debe considerar la recuperación
del entorno cultural, la flexibilización de la organización del trabajo en
el aula y la diversificación del uso de recursos didácticos que permitan a
las y los niños relacionarse con otras formas de ver y entender el mundo.
Y la interculturalidad en la actividad educativa debe contar con la
participación comunitaria. Igualmente, la escuela debe contribuir en
reproducir, fortalecer y enriquecer dicha cultura comunitaria.
“Educar en y para la interculturalidad, es un enfoque que permea a toda la
actividad docente, los objetivos educativos, el currículo, el clima escolar
y el proyecto educativo en general. Esto involucra ofrecer una educación de
calidad donde se den las condiciones adecuadas para que todas las niñas y
niños puedan aprender”, concluye el texto.
07/HVR/GG
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