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En estos momentos hay quince hombres en España que están pensando matar a sus parejas de aquí a final de año. Tres o cuatro puede que lo hagan. Esa es la gravedad de la violencia de género a la que nos enfrentamos y en la que hoy, 25 de noviembre, ponemos la atención. Es sólo uno de los 365 días del año, pero a nuestro alrededor hay hombres que a plena conciencia maltratan sistemáticamente todos los días, los 365, a sus parejas, y otros que están pensando en matarlas. Y no son hechos puntuales.
María Andrade /Granada
Para argumentarlo recurre a los datos del barómetro del CIS, que revelan que la sensibilidad frente a la violencia de género se queda sólo en el 2,7 o 3 por ciento de media. Subió hasta el 6,7 por ciento en 2004, un año en el que se mantuvo la atención debido a la aprobación de la Ley Integral contra la Violencia de Género. Cuando se registra un caso de violencia con resultado de muerte al día siguiente se convocan minutos de silencio y manifestaciones, pero –explica Lorente– cuando pasa el tiempo se diluye, porque ha sido una respuesta emocional y estas situaciones, añade, requieren “un posicionamiento crítico continuado” respecto al contexto que da lugar a las conductas violentas para evitarlas, para que el agresor sienta el rechazo y no encuentre argumentos que refuercen sus ideas. Porque, cuando disminuye la sensibilidad social, aumentan las muertes. No es una percepción del forense sino “el único indicio que hasta ahora se ha mostrado fiable en la violencia de género, y eso –agrega– es terrible”. De hecho, en 2004, año de gran sensibilización por la tramitación de la ley, las muertes bajaron de 70 a 62. De ahí la importancia de la actitud crítica del entorno para no “banalizar la violencia”, para no restarle importancia y contribuir a que la víctima sea consciente de la situación de riesgo que padece. Este año, recuerda Lorente, el 30 por ciento de los homicidios se ha producido en una cita a demanda del agresor a la que ha acudido la víctima, lo que demuestra que no existe sensación de riesgo, y que el ambiente social, su posicionamiento crítico, ha bajado.
Y entre otros elementos que contribuyen a esta situación cita el clima que han generado las críticas a la ley integral. Lorente ve cierta “imprudencia” de políticos y representantes de instituciones que critican la ley –un instrumento aprobado por unanimidad para combatir la violencia de género– con argumentos que no sólo van contra la norma, a la que llegan a culpar del aumento de la violencia o la vinculan a la aparición de denuncias falsas, sino que minan el desarrollo de los cambios sociales que la norma promueve en favor de la igualdad entre hombres y mujeres. Y todo esto les da “razones” a los que están en la violencia.
El asesino de género es un agresor moral, que necesita cargarse de razones para imponer sus criterios y cuando percibe que hay una crítica hacia las medidas que se están tomando y que en cierto modo se responsabiliza a la mujer, se sienten respaldados, advierte Miguel Lorente, que aporta otro dato contundente como ejemplo: hasta 2006 el número más alto de mujeres asesinadas en un mes había sido de 9, y sólo se alcanzó en dos o cuatro ocasiones durante ocho años. Pero el año pasado hubo tres meses con 9 mujeres muertas y en junio de este año fueron 11.
No se trata de rechazar las críticas, destaca, porque todo elemento puede ser cuestionado para mejorarlo, pero a su juicio no se puede hacer responsable al propio instrumento diseñado para combatir la violencia y, sobre todo, se debe tener “cuidado” en la forma de criticarlo “porque estamos dando razones morales” a quien utiliza esos argumentos para la violencia.
Tampoco comparte las críticas a la ley integral la magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía Inmaculada Montalbán, quien subraya que como cualquier otra norma, “no puede cambiar de un día para otro lo que es el factor cultural”. Es una ley de “largo recorrido”, que articula medidas contra las causas que generan la violencia de género para combatirlas. Y esto necesita su tiempo. “La ley integral –reflexiona la magistrada– no pretendía ni podía solucionar este problema de un día para otro. Tiene que ir avanzando en etapas”. Al entrar en vigor cubrió un periodo que fue la de crear los juzgados, la Delegación del Gobierno y ayudas sociales y económicas, “esto es importantísimo, y se olvida”.
La magistrada recurre a un ejemplo gráfico: “Por qué sigue habiendo robos y hurtos si tenemos el Código Penal. ¿Podemos decir que no funciona porque me quitaron el coche?. El Código Penal funciona, lo que ocurre es que la realidad es compleja y en algunos casos se puede reducir la criminalidad y en otros menos”. Y tras poner este ejemplo añade que la ley integral es “un buen instrumento” para abordar este problema, porque a diferencia de lo que ocurría con anterioridad, lo hace en sus distintos ámbitos: cultural, sanitario, institucional, medios de comunicación.
“No se puede vincular con el número de muertes, que por supuesto tienen que preocupar, pero en el sentido de que es necesario reforzar el cumplimiento de las medidas de alejamiento. Eso sí que hay que fortalecerlo. Pero la ley también ha ayudado a que más mujeres denuncien, más obtengan protección y con esto han evitado daños mayores”, argumenta sin esconder una preocupación: que una mujer que tiene en su poder una orden judicial que obliga al marido a no cercarse, finalmente, muera. “Eso es lo que tiene que preocupar a los poderes públicos”, porque revela un problema de funcionamiento de la protección. “Se está trabajando ya, pero hay que insistir en ello”, reflexiona la magistrada.
Sobre la eficacia de la ley también opina Encarna Franco, experta en Género y secretaria de Igualdad del PSOE de Granada. “No podemos pensar que una norma va a eliminar las muertes”, afirma en los mismos términos que Montalbán, y subraya que es un proyecto ambicioso, pionero en Europa, “pero complejo”, que necesita años para desarrollarse y para cambiar la carga histórica que la rodea. No podemos olvidar –recuerda– que hasta 1975 el Código Civil establecía la tutela para la mujer ejercida por el padre, el marido, un hermano o incluso un tío.
Y en la reflexión en torno a la violencia de género no se puede dejar a un lado el tratamiento en los medios de comunicación, en pleno debate tras el programa de televisión que puso a la víctima ante su verdugo. Los tres expertos coinciden en que hay que diferenciar y poner la atención no exclusivamente en ese caso, sino en el tratamiento del día a día en los medios de comunicación. Como lamenta Encarna Franco, es el único delito en el que al delincuente se le trata en cierto modo de “justificar” y al día siguiente se dice era celoso, o que tomaba antidepresivos. Y los tres expertos también coinciden al apuntar que la violencia de género tiene unas características específicas que hay que conocer para explicarlas.
Superada una primera fase en la que los medios fueron claves para sacar este problema al ámbito público, se abre otra más exigente respecto al tratamiento informativo, que debe alejarse de cualquier justificación, para no frivolizar, y que el agresor “no salga de rositas”. Y,_sobre todo, para evitar que la víctima lo sea doblemente y pueda, con ayuda, dejar atrás el terror. Porque como una de las víctimas ha dicho esta misma semana –en unas palabras que recuerda Lorente– “Hace falta más valor para dormir y vivir con tu agresor que para dejarlo”.
Miguel Lorente
"Cuando el agresor percibe críticas hacia las medidas contra la violencia se siente respaldado”
Inmaculada Montalbán
"Lo que debe preocupar es que haya mujeres con órdenes de alejamiento que mueran”
Encarna Franco
"La ley es un proyecto ambicioso, pionero en Europa, pero complejo, que necesita tiempo”
peligro
El 30 por ciento de los asesinatos se han producido tras una cita a propuesta del agresor









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He escrito algunas cosas sobre este asunto y siempre insisto en lo mismo: es necesario educar para modificar costumbres y roles porque no se nace violento, se aprende a serlo. Saludos.
Debemos eliminar la violencia, desde los padres y las madres que castigan físicamente a sus hijos, desde las imágenes de la tele y de los videojuegos, de los partidos de fútbol, de la violencia machista... la lista es interminable.