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Raúl Zibechi
ALAI AMLATINA, 07/09/2007, Montevideo.- En todos los tiempos, los
precursores la pasan mal. Como portadores de lo que puede venir, suelen
ser enjuiciados por extemporáneos. En el mejor de los casos,
inoportunos, anticipados, improcedentes. En el peor, delirantes, locos,
peligrosos, desestabilizadores. De alguna manera, al mostrarnos lo que
los demás no queremos ver, los precursores –seres individuales o
colectivos sociales- molestan y, por eso mismo, son apartados,
estigmatizados, maldecidos. La soledad, es su condena.
Han pasado apenas tres décadas desde que las Madres de Plaza de Mayo
fueron maldecidas como “locas”. Sobre ellas cayó, como cólera divina, la
indiferencia de una sociedad que no quería ver. Hasta que la obstinación
de su presencia las convirtió en uno de los colectivos más apreciados y
referencia ineludible. Han pasado menos de treinta años y ya nos
olvidamos de los insultos, los escupitajos, lanzados por los
indiferentes que no querían ver trastornada su siesta de la plata dulce.
Hace poco más de una década, la irrupción de los primeros piquetes en
Argentina fue saludada con la misma indiferencia sórdida, obscena;
arriba, pero también abajo. Hasta que se convirtieron en el más
importante movimiento social a fines de los 90, y hasta ellos acudieron
medios y académicos, cuando ya nadie podía acallar la protesta. Con el
tiempo, fueron recibidos en estudios televisivos y despachos
ministeriales, donde algunos aún permanecen.
La vida social está saturada de ejemplos en que los malditos de ayer se
vuelven respetables por obra de esa milagrosa condición humana, que un
día encumbra lo que hasta el día anterior despreciaba. La protesta
social de Gualeguaychú no podía ser menos. Desde ambas orillas, se los
acusa de lo mismo que hace tres décadas se acusaba a las Madres y hace
diez años se reprochaba a los piqueteros. Incluso el presidente
progresista uruguayo los acusó de terroristas.
El movimiento que tiene su epicentro en Gualeguaychú, es el primer gran
movimiento social que nace bajo las nuevas gobernabilidades
progresistas, esas que llegaron para reinstalar la paz social, tejida de
continuidades macroeconómicas, miserables planes sociales que mantienen
a sus beneficiarios en el límite de la sobrevivencia y una buena dosis
de cooptación. Esta fracasó en la ciudad entrerriana, poniendo al
descubierto los límites de los gobiernos progresistas. Pero también sus
miserias. Ahora los asambleístas enfrentan su soledad, acosados por los
gobiernos argentino y uruguayo, las multinacionales, la mayor parte de
los grandes medios y la natural indiferencia –o la hostilidad abierta-
de poblaciones que sólo piensan en la estabilidad y las vacaciones.
La lucha de Gualeguaychú no va triunfar, si por triunfo entendemos que
consigan el traslado de Botnia o impedir su puesta en funcionamiento.
Pero habrá marcado a fuego las luchas futuras, las que vendrán, que
podrán mirarse en el espejo de la resistencia de la asamblea ambientalista.
Aunque son pocos los que aceptan reconocerlo, todos los movimientos
nacen por fuera y a contrapelo de las instituciones. Y las hacen
temblar. De este lado del Río de la Plata, la desconfianza hacia los
movimientos sociales no institucionalizados siempre fue moneda
corriente. Pero esta semana, un grupo de ONGs ambientalistas emitieron
un comunicado que muestra el grado de penetración de las ideas
contrarias a la acción directa. Con motivo de la realización de Primer
Foro Nacional de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sustentable de
Uruguay, en Colonia los días 8 y 9 de septiembre, las ONGs REDES,
Guayubira, RAPPAL y UNAMU emitieron un comunicado en el que afirman que
“se trata de un encuentro dirigido a uruguayos, en el que no
participarán activistas argentinos”.
El comunicado pretende salir al paso de una información emitida por un
canal de televisión uruguayo. ¿Qué necesidad había de hacerlo? ¿Los
ambientalistas uruguayos, que cuestionan la forestación y las papeleras,
no saben que en este país cuando se dice “activistas argentinos” se hace
referencia siempre a la asamblea ambiental de Gualeguaychú? Llama la
atención que, días antes, el intendente (alcalde) de Colonia, donde se
realiza el encuentro, dijo que había que tirar al agua a los
ambientalistas argentinos que vinieran al Uruguay. ¿No están haciendo
algo similar con su comunicado, sobre todo en un momento en que se está
trabajando en ambos países por la creación de un Congreso Regional
Contra la Contaminación Ambiental? En la tradición socialista en la que
me he formado, aprendí dos cosas básicas: que las fronteras nacionales
son un modo de dividir a los pueblos, y que las diferencias entre los de
abajo que luchan se dirimen entre los de abajo, nunca se ventilan ante
los de arriba.
Un reciente artículo del activista canadiense Yves Engler, “Las ONG y el
imperialismo” (www.rebelion.org) se pregunta: “¿Porqué se denomina ONG a
una organización que obtiene la mayor parte de su financiación de los
gobiernos? ¿Son realmente algunas ONG occidentales sólo un brazo del
imperialismo?”. Cita un texto de William Robinson en el que analiza la
política imperial de “promoción de la democracia”, en la que el analista
estadounidense afirma que “Estados Unidos y las elites locales se
infiltran en la sociedad civil y desde allí, se aseguran el control de
las movilizaciones populares y de los movimientos de masas”. Por eso
promueven “ese tipo” de democracia, en la que las que la cooperación
para el desarrollo que encaran las ONG consigue domesticar a los
movimientos.
A la década neoliberal privatizadora de los 90, quebrada por los
levantamientos populares, le sigue ahora el tiempo de las minas a cielo
abierto, los cultivos transgénicos, el etanol y la celulosa, protegidos
y estimulados por gobiernos progresistas y de izquierda. Esta es la
principal novedad que caracteriza al nuevo ciclo de acumulación, que
durante un tiempo conseguirá distraer la atención del mismo modo que la
plata dulce anestesió el aterrizaje de las primeras etapas del modelo
neoliberal. ¿Cuál será en esta nueva etapa del modelo la forma de
contener y domesticar a los disidentes? ¿Aparecerá disfrazada, como la
nueva publicidad multinacional, con los ropajes del ambientalismo?
- Raúl Zibechi es miembro del Consejo de Redacción del semanario Brecha
de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la
Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios grupos
sociales.
Más información: http://alainet.org
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email: info@alainet.org
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Excelente punto de vista. Coincido por completo. Estoy buscando, si es que existe, la participación de grupos feministas en la asamblea de gualeguaychú, además de toda la información de análisis sobre el tema en general, dado que estoy preparando un trabajo. Si podé orientarme estaría muy agradecida. Saludos. Susana.