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| 12.7.2007
Por A.W.- La socióloga Judith Astelarra asegura la unión entre activismo y reflexión teórica les permitió a las mujeres jóvenes actuar para modificar las cosas y teorizar sobre el origen estructural de la discriminación. En su libro '¿Libres e iguales? Sociedad y política desde el feminismo' la destacada feminista presenta las investigaciones realizadas durante más de dos décadas sobre tres generaciones de mujeres españolas: las prefranquistas, las que vivieron los inicios de la democracia y las que hoy son jóvenes.
El libro ¿Libres e iguales? Sociedad y política desde el feminismo, Judith Astelarra recopila más de dos décadas de ponencias sobre feminismo, artículos e investigaciones. “Es una combinación de militancia feminista, reflexión teórica y trabajo académico”, asegura la autora de estos textos, que forman parte de su trayectoria personal y además muestran “el trabajo colectivo realizado por las feministas durante todos esos años”.
La unión entre activismo y reflexión teórica, sintetiza la académica de la Universidad Autónoma de Barcelona, les permitió actuar para modificar las cosas y teorizar sobre el origen estructural de la discriminación de las mujeres. Asimismo, contribuyó al desarrollo de nuevas propuestas políticas en contra de la desigualdad social.
Haciendo historia sobre los feminismos, Astelarra asegura que la tradición cultural en las regiones de España y América Latina logra emparentarlos, sin embargo la inserción de las españolas en Europa y el acercamiento de las latinoamericanas a Estados Unidos los distancia.
Señala igualmente que desde hace más de un siglo los movimientos feministas tienen una vocación internacional que facilitó el intercambio de experiencias –aquí fueron claves la Unión Europea y Naciones Unidas–, de hecho existe una importante vinculación entre el país ibérico y el Cono Sur americano tanto en la actuación pública como en de las organizaciones sociales.
“Los modelos de políticas de igualdad de oportunidades, especialmente los planes de igualdad, implementados en España como en América Latina, son un buen ejemplo de esta colaboración”, afirma la socióloga.
En sus inicios, recuerda Astelarra, los colectivos feministas debieron lograr legitimidad y espacios políticos propios para avanzar en las reivindicaciones; incluso se vieron obligados a polemizar con la izquierda, que era considerada una fuerza política afín porque propugnaba cambios sociales.
El movimiento español consigue legitimidad en la década de los ochenta, incluso la derecha termina aceptando su autonomía y sus demandas. En cambio en América Latina ese proceso es más lento y difícil. Por un lado, no se pudieron desarrollar corrientes ideológicas clásicas y contemporáneas, a saber, el feminismo radical, el socialista y el liberal; por el otro, el debate con los partidos de izquierda fue más duro porque éstos lo consideraban un fenómeno imperialista y burgués.
Concretamente, no se desarrolló un abanico ideológico amplio y fue muy difícil la vinculación con diferentes sectores sociales. “La amplitud del apoyo de las mujeres a los movimientos feministas es uno de los factores que explican los mayores avances respecto de reducir la discriminación hacia la población femenina”, ilustra la escritora.
No obstante, el feminismo latinoamericano logra legitimarse y sus reivindicaciones comienzan a integrar la agenda política y social.
Entonces, la defensa de la equidad entre los sexos y la necesidad de corregir la desigualdad desde las instituciones públicas comienza a impactar a las sociedades: tanto en España como en América Latina se desarrollan procesos políticos, sociales y culturales que las transforman.
“En los últimos veinte años se han producido cambios importantes en la situación social de las mujeres y en la relación entre ellas y los varones, es decir, en el sistema social de género”, define Astelarra, cuyos artículos dan cuenta de esas transformaciones. “Ahora las mujeres son profesionales y salen a trabajar en los mismos espacios que los varones”, añade y advierte que no pueden existir instancias solamente de mujeres, por ejemplo para planificar una ciudad hay que tener en cuenta las distintas producciones de bienes y servicios y las necesidades específicas de mujeres y varones.
La autora sostiene que se logra incorporando la perspectiva de género a las instituciones, como un instrumento para analizar las diferencias sociales entre ambos a partir de los roles que culturalmente les fueron asignados. Y plantea también “la necesidad de imponer políticas de conciliación para que, además de compartir el espacio público, varones y mujeres se repartan las cargas domésticas y el cuidado de niños y ancianos, es decir que compartan el espacio de lo privado”.
¿Quién es Judith?
Judith Astelarra es coordinadora del Seminario de Estudios de la Mujer del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Nació en Argentina, pero se radicó en España.
Estudió la licenciatura de Sociología en la Universidad Católica de Chile entre 1961 y 1967 y en ese periodo comenzó a participar en política. “Siempre tuve sensibilidad política y en ese sentido fui muy activa. Hacer política en gran parte es proponerse metas y formas de alcanzarla. Lo contrario de lo que era la socialización de las mujeres destinadas a ser sólo las acompañantes de lo que hacían los hombres”, explica la autora a un matutino.
En 1969, mientras hacía un doctorado en la Universidad de Cornell, Nueva York, participa en la movilización feminista norteamericana. “Eso me permitió asumir al mismo tiempo el feminismo como actividad política y como actividad académica. En Cornell formé parte de los estudiantes que pidieron asignaturas sobre la situación de las mujeres. Lo mismo sucedía en muchas universidades norteamericanas y europeas y esto fue el origen de la incorporación de estos temas en las Ciencias Sociales”.
En 1975 viajó a España donde se radicó. Integró el Consejo Rector del Instituto Nacional de la Mujer durante 10 años. Participó en la formulación y evaluación de los planes de igualdad de oportunidades en el Instituto de la Mujer de España, en el Instituto Vasco de la Mujer y el Instituto Andaluz de la Mujer. También colaboró como investigadora del Instituto Catalán de la Mujer.
Luego fue investigadora de la red sobre el impacto de las políticas públicas en la conciliación de la vida laboral y familiar, coordinada por la Universidad Tilburg de Holanda, y estuvo a cargo de la investigación de proyectos afines coordinados por la Diputación de Barcelona, entre otras actividades.
Enlace:
http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=61&idnota=4576
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