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Eduardo Tamayo G.
ALAI AMLATINA, 12/04/2007,Quito.- El próximo domingo 15 de abril los
ecuatorianos/as nuevamente concurrirán a las urnas para pronunciarse
sobre una Asamblea Constituyente que reforme la estructura del Estado y
elabore una nueva Constitución, la vigésima que tendría el país.
La convocatoria a una Asamblea Constituyente fue una promesa de campaña
del Presidente Rafael Correa que recogió esta demanda que los
movimientos sociales y ciudadanos han venido formulando para superar la
crisis. Ahora, esta promesa se cumple, pese a los obstáculos y las
trabas que han puesto la derecha y los poderosos grupos económicos. Sin
embargo, el camino para la Asamblea todavía no está asegurado pues para
que gane el SI, éste deberá obtener la mayoría absoluta de todos los
votantes.
Si en este plebiscito se mantiene el tradicional porcentaje de
ausentismo que bordea el 30 por ciento, quienes votarían efectivamente
serían 6’432.151 ciudadanos/as, de un total de 9 ´188. 787 electores
inscritos en el padrón electoral. En estas condiciones, para que la
tesis de la Asamblea Constituyente triunfe, debería obtener al menos 3
21676 votos, cifra que debería superar a la suma de los votos por el NO,
los votos nulos y en blanco, para alcanzar la mayoría absoluta.
Las encuestas –que ya no pueden publicarse- dan una amplia mayoría al
SI. El Presidente Correa, que ha cumplido hasta ahora algunas de sus
promesas como la duplicación de los bonos para los pobres y para la
construcción de vivienda popular y la rebaja del precio de la úrea
(fertilizante) para los agricultores, tenía, a comienzos de abril, una
aceptación del 80 por ciento según la encuestadora Perfiles de Opinión.
En este contexto el gobierno se mantuvo confiado en el triunfo del SI
pero tuvo que reaccionar en la última semana ante el surgimiento de una
campaña agresiva por el NO. Rafael Correa intensificó sus recorridos por
las provincias y su presencia en los medios de información. El
mandatario parece jugarse el todo por el todo en la próxima consulta
pues ha indicado que si triunfa el voto negativo, no descarta la
posibilidad de irse a su casa.
“¿Aprueba usted, que se convoque e instale una Asamblea Constituyente
con plenos poderes de conformidad con el estatuto electoral que se
adjunta, para que se transforme el marco institucional del Estado y
elabore una nueva Constitución?", es la pregunta sobre la que deberán
pronunciarse los ecuatorianos en esta consulta.
Si gana el SI en la consulta, para fines de octubre o comienzos de
noviembre, se deberá elegir a 130 asambleístas: 100 por circunscripción
provincial, 24 por circunscripción nacional y 6 por los emigrantes
residentes en Europa, América del Norte y otros países.
La propuesta de elaborar una nueva Constitución surge ante la
incapacidad del Congreso para hacer las reformas constitucionales
profundas que el país demanda. Varios proyectos de reforma que han sido
presentados no han pasado de las primeras discusiones. Los partidos
políticos de derecha o populistas, controlados por jefes y caciques
ligados a las elites, han estado más interesados en defender sus propios
intereses, convirtiendo al Estado en una torta a repartirse, antes que
en velar por el bien común.
La nueva Constitución que elaboraría la Asamblea Constituyente
reemplazaría a la de 1997/1998 que si bien reconoció algunos derechos de
grupos sociales, introdujo normas para aplicar el modelo neoliberal y la
privatización de áreas estratégicas y bienes esenciales, estableciendo,
además, el marco legal para la entrega de los recursos naturales a las
transnacionales y el reparto de las instituciones del Estado como botín
político.
Aún antes de que gane el SI, un conjunto de voluntades se han movilizado
para adelantar propuestas que sirvan de insumos para la nueva
Constituyente. Varios procesos de jóvenes, mujeres, ecologistas,
indígenas, campesinos, etc. se han reunido en foros y talleres en los
que abordan temas como derechos juveniles, defensa de la soberanía
nacional y de los recursos naturales, descentralización, redistribución
de la tierra y la riqueza. El propósito general es mantener y
profundizar las conquistas sociales logradas en la Constitución de
1997/98, proponer reformas en el campo económico “para dejar atrás la
larga noche neoliberal” y plantear reformas políticas que permitan
despartidizar y democratizar los organismos del Estado.
En contraste, los grupos económicos más poderosos del país y sectores
políticos de derecha que quieren mantener el statu quo (vale decir el
desempleo, la pobreza, la inequidad, el sometimiento a Estados Unidos) y
seguir gozando de sus privilegios (evasión de impuestos, impunidad,
corrupción) se han pronunciado por el NO. Entre ellos, el magnate
bananero Alvaro Noboa Pontón, secundados por la Unión Demócrata
Cristiana, que desempolvó al ex Presidente Osvaldo Hurtado, que ya
estaba retirado de la política. Han aparecido en escena también grupos
minúsculos como el Movimiento Libertario, con escaso poder de
convocatoria pero dotados de una gran chequera como parar contratar
costosas cuñas en radio y televisión, medios, que, por lo demás, les han
dado una gran cobertura. El mensaje de todos los que promueven el NO es
el mismo: dicen que la “Asamblea de plenos poderes es un cheque en
blanco” que permitirá la concentración de poderes en el Ejecutivo,
agitan el fantasma y el peligro del comunismo, acusan a Correa de
dictador y de obedecer órdenes de Hugo Chávez y Fidel Castro, etc.
El movimiento Alianza País cerró la campaña por el SI con
concentraciones y manifestaciones en las principales ciudades de Quito y
Guayaquil. Afirmando esta misma posición, el movimiento indígena,
agrupado en la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador
(CONAIE), efectuó masivas manifestaciones en cuatro ciudades de la
Sierra. Anteriormente se han movilizado la Federación Nacional de
Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras, el Movimiento Blanco, el
Seguro Campesino, los choferes, los microempresarios, los estudiantes,
los maestros, grupos barriales, etc.
El dirigente indígena Humberto Cholango señaló que en la consulta
“triunfaremos los millones de conciencias pobres que necesitamos el
cambio y no los millones de dólares pro-imperialistas”. “Cómo es posible
–interrogó- que solo 173 personas, sean dueñas de 3 millones de
hectáreas de tierra en este país y tengan concentrado la mayor parte del
agua de nuestros páramos. Es hora de levantarnos para que esta
injusticia termine. El petróleo y el agua deben ser para todos”.
El próximo 15 de abril es un día clave para conocer qué rumbo tomará el
Ecuador.
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