CIMAC
Resumen de Cimacdiario, Vol 46, Envío 5
-- Informe de la Comisión Andina de Juristas
Por Zoraida Portillo
Primera de dos partes
Lima, Perú, 3 abril 07 (CIMAC/SEMlac).- Las mujeres en la región andina han
mejorado su acceso al mercado laboral, pero continúa la desigualdad en los
ingresos; tienen mayor participación política y pública, pero a nivel
familiar y social la violencia se intensifica y las víctimas no cuentan con
mecanismos efectivos de respaldo que les aseguren justicia ni vigencia de
sus derechos sexuales y reproductivos.
Esas son, grosso modo, algunas de las principales constataciones de la
Comisión Andina de Juristas (CAJ) en torno a la situación de la mujer en
los países andinos, contenidas en su informe anual 2006, dado a conocer
recientemente.
Según esta prestigiosa ONG internacional, el adelanto logrado por ellas en
la región andina "aún es desigual y volátil" y está caracterizado por
avances y retrocesos en los seis países analizados: Bolivia, Chile,
Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.
Esas naciones están lejos de presentar una participación generalizada de
las mujeres en las instancias de poder, señala el informe. Y prosigue:
"Esta situación resulta aún más dramática cuando se toma en cuenta la
debilidad de las organizaciones sociales y ciudadanas en las que las
mujeres tienen una alta participación".
La conclusión es tajante: los usos y costumbres presentes en estas
sociedades les impiden ejercer debidamente sus derechos, sean éstos
civiles, políticos, económicos, sociales e incluso culturales. El problema
se agrava si se trata de los derechos sexuales y reproductivos, violencia
basada en el género y participación laboral.
La situación no es uniforme en todos los países. Así, en derechos
ciudadanos y participación política, Ecuador y Perú ostentan una mayor
representación política femenina en el Congreso, cercana al 30 por ciento,
mientras que Chile se ubica en el otro extremo, con sólo 18 por ciento de
legisladoras.
Sin embargo, a nivel ministerial, Chile y Perú tienen más representación
femenina: 45 y 37 por ciento, respectivamente, en tanto que Venezuela sólo
alcanza un 16 por ciento de mujeres en el gabinete.
"Algo que se debe destacar es una progresiva tendencia a colocar mujeres en
carteras ministeriales consideradas tradicionalmente "masculinas", como
Transporte, Defensa, Interior, Economía o Trabajo", comentó a SEMlac
Cecilia Anicama, coordinadora del Área de Derechos Humanos de la referida
entidad.
EMPLEO
En cuanto a participación laboral femenina, Bolivia es el peor situado en
las estadísticas. Allí, la ocupación formal femenina apenas llega al 31 por
ciento, las mujeres sólo pueden acceder a la tierra por herencia, carecen
de documentos de identidad para realizar transacciones de diversa índole y
perciben, en promedio, el 35 por ciento de las remuneraciones de un varón
por igual trabajo.
En el extremo opuesto se ubica Colombia donde, según datos oficiales, la
tasa de desempleo tanto para hombres como para mujeres descendió en el
primer trimestre de 2006.
El desempleo femenino, concretamente, había disminuido en 60 por ciento. No
obstante, el subempleo en este grupo poblacional se duplicó en ese mismo
período, lo cual, a juicio de los autores del estudio, es "un hecho
preocupante".
"Estos datos muestran que la preparación y el tiempo invertido por las
mujeres para desempeñarse en la actividad que ellas desean no les es de
mucha ayuda, ya que terminan realizando tareas para las que no fueron
debidamente preparadas, prueba de ello es el escaso margen de empleo que
tienen con relación al valor", anota el documento.
En Ecuador, la población desocupada es básicamente femenina y, las que
están empleadas se ubican por lo general en el sector informal y en el
trabajo doméstico. Este es el único sector que registra un mayor empleo de
mano de obra femenina que masculina.
Llama la atención de los investigadores que, no obstante estas desiguales
cifras, las mujeres aportan casi el doble de ingresos en relación con los
varones. Para Anicama, la explicación está en la gran cantidad de familias
donde la mujer asume la jefatura del hogar ante la ausencia de la pareja.
"Es ella la que realiza el mayor aporte económico, lo que conlleva a esta
distorsión en las cifras, que ha sido advertida también por el PNUD
(Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) en sus informes sobre la
región", subraya la especialista.
"En resumen, yo diría que si bien la participación de la mujer en
actividades económicas ha aumentado en las dos últimas décadas en la región
andina, su papel sigue siendo de segundo nivel: no sólo gana menos que los
hombres, sino que sus oportunidades de promoción son más escasas y tiene
que conciliar su papel de agente productivo con el rol tradicional de ama
de casa. Los estereotipos de género persisten fuertemente en la región",
concluye.
07/ZP/GG
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