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Lilian Carol Rivas
ALAI AMLATINA, 30/03/2007, Ceiba.- La ola de conversiones de hábitats
de los pueblos indígenas y negros en áreas protegidas que se suscitó en
la década de los años 90, se ve en la actualidad sometida a los
designios "desarrollistas" de los organismos internacionales y las
elites feudales, los que después de haber denegado los derechos
territoriales de nuestros pueblos pasan ahora al simple negocio,
fomentando megaproyectos distantes de la esencia de la conservación que
predicaron en el pasado.
La implementación de las obras de infraestructura incluidas en el Plan
Puebla Panamá vienen a destruir un sinnúmero de áreas protegidas,
dejando al descubierto como el llamado Corredor Biológico Mesoamericano
no fue más que un sistema de apropiación de enormes extensiones de
territorios que pasan a incluirse en las esferas de influencia de las
obras de infraestructura.
Represas como la del Patuca (Honduras), Tigre (Honduras-Salvador),
Boruca (Costa Rica) y Teribe (Panamá) señalan cambios drásticos para los
ecosistemas afectando de forma directa a los pueblos Tawahka, Miskito,
Lenca, Bri Bri y Teribes, los cuales nunca han sido consultados y muchos
de ellos se han manifestado con vehemencia en contra de los proyectos
sin que se hayan tomado en cuenta las objeciones presentadas.
Por otro lado, la exploración y explotación de hidrocarburos se cierne
por toda la costa caribe del istmo, lo que dará lugar a una red de
gasoductos y oleoductos a lo largo de los humedales caribeños, la
megarefinería planeada por el Plan Puebla Panamá (PPP) se construirá
posiblemente en Panamá, al mismo tiempo que el ducto Cartagena-Panamá
servirá como vehículo de exportación de los hidrocarburos venezolanos.
El Plan Puebla Panamá está enmarcado en el modelo de globalización
económica de corte neoliberal, el que ve a la naturaleza como una simple
mercancía a la disposición del mejor postor. Esta visión contrasta con
la retórica que predicó el Corredor Biológico Mesoamericano, el cual
avizoraba un proceso de conservación fundamentalista, el que poco
respetó los derechos de las poblaciones locales denegando su
participación en los procesos de diseños y ejecuciones de planes de
manejo que en muchas ocasiones refrenó nuestro derecho a la alimentación.
Al inicio de la década de los años 90 se inició el proceso de entrega
de las recién designadas áreas protegidas a fundaciones privadas,
aduciendo la incapacidad de los estados-nación de poder garantizar un
manejo efectivo de las mismas. En el caso de Honduras, el empresario
Stephan Schmidheiny adquirió parte del archipiélago Cayos Cochinos, el
que posteriormente a la inversión del ciudadano suizo pasó a ser un área
protegida, la cual se le entregó al Instituto Smithsoniano para su
manejo, institución que pretendió crear un parque de exclusión al estilo
de la Isla Barra de Colorado (Panamá), lugar que ha sido administrado
por el Smithsoniano durante casi un siglo.
La política de expulsión de las comunidades Garífunas ubicadas dentro
de la archipiélago de Cayos Cochinos, marcó innumerables fricciones
entre la población local y el Instituto Smithsoniano, vulnerando los
derechos humanos de los Garífunas.
De forma sorprendente en 1996 el Instituto Smithsoniano introdujo en la
zona el buceo industrial, técnica ajena al sistema de buceo artesanal,
situación que degeneró en un saqueo sistemático de los crustáceos y un
deplorable ecocidio desconocido para los Garífunas hasta aquel
entonces. Para el año 2000, cuando entra a administrar el archipiélago
el Fondo Mundial para la Conservación (WWF) prohíbe el buceo artesanal,
dando lugar a violaciones de los derechos humanos de los Garífunas.
La WWF con el acompañamiento de AVINA diseñó un nuevo plan de manejo
para el Archipiélago de Cayos Cochinos, el que plantea una zonificación
de pesca artesanal, situación que se presume conllevará a más
violaciones de los derechos humanos.
Existen precedentes de atentados contra pescadores y buzos perpetrados
por miembros de las Fuerzas Armadas, los que nunca fueron investigados
de forma fehaciente, sembrando la desconfianza entre los Garífunas
radicados en los Cayos Cochinos, hasta el punto que el año pasado en el
mes de septiembre la comunidad exigió la desmilitarización del Cayo
Chachaute, donde existió una presencia de un destacamento de soldados
durante todo el transcurso del 2006, hasta que finalmente el Estado de
Honduras retiró las tropas dada presión ejercida para evitar que se
diera algún derramamiento de sangre.
La mayor incongruencia que se ha dado en el manejo del denominado
Monumento Marino Cayos Cochinos, fue la presencia a partir del 13 de
septiembre del año pasado de un grupo de italianos que participaron en
un reality show, efectuado en el Cayo Paloma, lugar de exclusión total,
donde hasta esa fecha se evitó todo tipo de intervenciones
antropogénicas, ya que el lugar es considerado un santuario para el
desove de tortugas.
Las tres semanas que duró la grabación del reality show, era casualmente
el período del desove de los quelonios, teniendo resultados
catastróficos en el ciclo de reproducción de las tortugas. Durante una
década el Cayo Paloma fue protegido hasta el punto que a la población
Garífuna no se le permite desembarcar en el lugar, aduciendo medidas de
protección requeridas para la conservación del cayo.
Lo acontecido en los Cayos Cochinos suele suceder en la mayoría de las
áreas protegidas de mesoamérica, en las que en muchas de ellas ha
existido una política de reprimir a las poblaciones locales para lograr
aplicar los planes de manejo. Ahora parecer que con la implementación
del Plan Puebla Panamá se diluyen las pretensiones de conservación, y se
afinan las estrategias de saqueos de los territorios de los pueblos
indígenas y negros quienes durante siglos hemos preservado nuestros
hábitats.
Mientras tanto prosiguen los realities shows en los Cayos Cochinos con
la venia de la WWF, AVINA y la Fundación Cayos Cochinos donde grupos de
italianos, colombianos y ahora de otras nacionalidades, vienen a jugar a
la sobrevivencia. Al mismo tiempo los Garífunas de las comunidades del
archipiélago, sin cámara de televisión alguna que registren sus
actividades, luchan por su sobreviviencia económica y cultural,
maniatados por planes de manejo inconsultos y bajo la mira de los rifles
de los soldados de una de las Fuerzas Armadas, héroes de la guerra fría
y maestros en el encubrimiento y expertos en el incumplimiento de las
leyes que se supone que protegen.
Dado en la Ciudad de la Ceiba a los treinta días del mes de marzo del
dos mil siete.
- Lilian Carol Rivas es integrante de la Organización Fraternal Negra
Hondureña (OFRANEH)
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