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Identidades y teoría de género

Link: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=47500

Tomado de Rebelion.org
Publicado el Martes, 06 de Marzo de 2007
Difundido por RIMA - Red Informativa de Mujeres de
Argentina

Identidades y teoría de género
Hembra, mujer, femenina

Sandra Alvarez Ramírez

Rebelión

Introducción

Como punto de partida, la Teoría de Género reconoce
que los conceptos sexo y género no son lo mismo. Ya
bien decía una de las madres del feminismo
contemporáneo, la francesa Simone de Beauvoir, que “no
nacemos mujer, nos convertimos en ello”. De esta
manera, advertimos que sexo esta más ligado a la
esfera biológica, a aquello que traemos cuando nacemos
y que la noción de género tiene más bien un carácter
sociocultural y que es construida dentro de la
sociedad en particular en la que vivimos y que es aquí
donde se vuelve o no efectiva intentando regular el
orden de las cosas y el comportamiento de las
personas.

Por otra parte, la sociedad y quienes la habitan
solemos hacer uso de argumentos esencialistas para
describir y explicar la conducta de los seres humanos.
Explicaciones del tipo: “es normal, por naturaleza los
hombres tienen mayor necesidad de realizar el coito,
tienen mayor apetito sexual” compactan o reducen la
subjetividad individual y social, expresada en
conductas y comportamientos, a una condición biológica
que según muchos es origen y destino a la vez.

La distinción entre sexo y género, entre lo natural y
lo cultural fue, en su momento, tremendamente
liberadora para la lucha feminista y las mujeres en
particular. La manida colocación de las mujeres más
cercanas a la naturaleza, de alguna manera indicaba
que su destino era uno solo, ya pre-escrito y por
tanto ineludible, dejándole al margen de cualquier
interpretación histórica posible.

Indudablemente, la Teoría de Género se ha constituido
en una forma de interpretar la realidad de las
mujeres, que más que hacerlas victimas las ha
liberado. A partir de su existencia, hace ya más de 25
años, las mujeres nos hemos podido sacudir y
diferenciar con efectividad lo que traemos al mundo
como seres sexuados que somos y lo que se construye,
se empasta sobre nuestro cuerpo y que muchas veces se
convierte en origen-fin una especie de profecía
autocumplida que no nos dejaba escapar.

Es por ello mi interés en abordar en este trabajo, el
concepto de IDENTIDAD en primera instancia, luego el
de IDENTIDAD SEXUAL, pasando a la IDENTIDAD DE GENERO
para luego finalizar en IDENTIDAD FEMENINA.

Identidad, un concepto crucial para la Teoría de
Género

La identidad no es un concepto privativo de la
subjetividad individual. La sociedad está compuesta
por individuos e individuas que desde que nacen están
conformando grupos, algunos de pertenencia y otros de
referencia, formales e informales, pero que de alguna
manera le dicen a una quien es y de donde vino, y en
el mejor de los casos hacia donde va. Tanto los
sujetos y sujetas individuales como los grupales
portan una (o varias) identidades.

Hace poco, en un programa televisivo se debatía, por
enésima vez, el concepto de identidad, digo por
enésima porque es notorio las ansias que tenemos todas
las personas de hablar sobre este tema, quizás porque
la globalización neoliberal nos adelanta cierta
angustia, sobre aquello que nos permite ser nosotras y
no otras. Dos tipos de argumentos se vertían en este
sentido, uno la identidad vista como atributos del
vestir, del hablar, del comer, como hábitos y
costumbres que comparten sujetos y sujetas de un
determinado lugar geográfico. Y en el segundo referido
a la memoria histórica y un reconocimiento de una
misma como heredera de ese legado, como que eso me
pertenece y explica mí aquí-ahora.

Por supuesto que la remisión al libro de la Prof.
Carolina de la Torre, por enésima vez también, no me
hizo esperar. Realmente es un placer que podamos
contar en Cuba con tal volumen.

En el capítulo La Identidad para Psicología, la autora
plantea de manera muy clara:

“Cuando se habla de la identidad de un sujeto
individual o colectivo hacemos referencia a procesos
que nos permiten asumir que ese sujeto, en determinado
momento y contexto, es y tiene conciencia de ser el
mismo, y que esa conciencia de sí se expresa (con
mayor o menor elaboración o awareness) en su capacidad
para diferenciarse de otros, identificarse con
determinadas categorías, desarrollar sentimientos de
pertenencia, mirarse reflexivamente y establecer
narrativamente su continuidad a través de
transformaciones y cambios.”

Para finalmente en pocas palabras decirnos:

“…la identidad es la conciencia de mismidad, lo mismo
se trate de una persona que de un grupo. Si se habla
de la identidad personal, aunque filosóficamente se
hable de la igualdad consigo mismo, el énfasis está en
la diferencia con los demás; si se trata de una
identidad colectiva, aunque es igualmente necesaria la
diferencia con “otros” significativos, el énfasis está
en la similitud entre los que comparten el mismo
espacio sociopsicológico de pertenencia.”

A partir de tal definición y de sus precisiones
oportunas podemos vislumbrar como la categoría
identidad se torna harto pertinente para la Teoría de
Género. Fijémonos en el carácter procesal y reflexivo
de la identidad, la necesidad de la autoconciencia y
el sentimiento de pertenencia, así como la necesidad
de poseer y compartir determinado espacio subjetivo.

Asimismo, el hecho de que aquello que nos hace
individualmente diferentes de los otros y otras, en
caso de las identidades personales, nos une y compacta
para las diferenciarnos de los otros, desde el punto
de vista grupal. Para mí, este es el principal aporte
del concepto identidad a la Teoría de Género; sobre
todo para poder entender la necesaria transición de
mujer a mujeres dada en los estudios durante los años
70.

En este sentido dice Yuderkis Espinosa, afrofeminista
lesbiana dominicana: reconoce como la importancia de
la identidad para nuestros movimientos sociales:

“La identidad ha jugado un papel fundamental en la
formación de los movimientos sociales contemporáneos,
sobre todo en los movimientos feministas y en el
movimiento de lucha contra el racismo. Para poder ser,
estos movimientos al igual que otros nuevos
movimientos sociales, como el de la comunidad LGTTB
por ejemplo, han tenido que partir de una recuperación
positiva de la diferencia que a nivel social se les ha
atribuido o asignado (identidad asignada) y por la
cual han sido objeto de exclusión. Era la manera de
desconstruir las imágenes negativas con que se había
cargado su diferencia. Esta fue también la manera de
encontrarse con otros/as semejantes, construir el
nosotras/os, identificarse como perteneciente a un
grupo con el que se comparte la opresión y la
exclusión. Esto permitió tempranamente la constitución
y el desarrollo de estos movimientos: Había cosas
comunes que unía a las/os excluidas/os.”

La identidad sexual. La primera y/o primaria de las
identidades

Retomando el concepto expuesto en la sección anterior
podemos exponer que la identidad sexual hace énfasis a
los atributos biológicos que nos hacen ser hembras a
unas y machos a otros. Y llamarnos a nosotros y
nosotras mismas como tal. Es un concepto que describe
una realidad a partir de atributos físicos, pero no
cualquier tipo de atributos sino aquellos que están
relacionados con la diferenciación sexual
fundamentalmente con los genitales.

En la diferenciación sexual hay tres momentos
especialmente significativos a lo largo del ciclo
vital: el periodo prenatal (en el que tiene lugar los
grandes procesos de sexuación corporal: las gónadas,
los órganos genitales y el cerebro se diferencian en
hembras o machos), la pubertad (el cuerpo se
diferencia de forma más evidente, los órganos sexuales
maduran haciendo posible la reproducción y empieza el
funcionamiento cíclico en la hembra) y el climaterio
(con una pérdida progresiva de vigor físico y la
aparición de la menopausia en la mujer). En este
trabajo, nos detendremos por conveniencia en el
periodo prenatal, teniendo en cuenta además que los
otros dos procesos de sexuación son más conocidos.

Durante el periodo prenatal tiene lugar los procesos
fisiológicos sexuales más importantes. Al ser
fecundado el ‘ovulo por el espermatozoide, comienza un
proceso de multiplicación celular que da lugar al
embrión humano. Este embrión es originalmente igual en
el caso de que sus cromosomas sean de un macho (XY) o
de hembra (XX), por lo que todo embrión tiene
formaciones morfológicas que podrían dar lugar a la
anatomía sexual de hembra o de macho. Es la acción de
los cromosomas primero y de las gónadas después, lo
que determinará que el embrión se desarrolle en una
dirección u otra.

Este proceso es generalmente armónico, aunque
diferentes factores pueden alterarlo dando lugar a
desarmonías tales como: una persona puede ser
genéticamente hombre y poseer órganos sexuales
externos de la hembra (vulva, senos, etc), lo cual
tiene implicaciones psicosociales particulares, que
abordaremos sucintamente más adelante.

La primera célula formada por la unión del
espermatozoide con el óvulo se va dividiendo y muy
pronto se forman los órganos rudimentarios del embrión
humano. Este embrión, salvo en su programa genético
(contenido en los genes de los cromosomas), esta
indiferenciado desde el punto de vista sexual; su
morfología aún puede desarrollarse como de hembra o de
macho. Las gónadas están indiferenciadas hasta
aproximadamente la sexta semana de gestación, momento
en el que si el embrión es portador del código
genético XY, una sustancia química que regula el
cromosoma (llamada antígeno H-Y) actúa sobre las
gónadas provocando su diferenciación en testículos. Si
este antígeno no actúa, las gónadas se convierten en
ovarios en las semanas siguientes.

Es entonces necesaria una intervención especifica para
que tenga lugar la sexualización de macho de las
gónadas, mientras que la de hembra se produciría
siempre que no este presente el cromosoma Y, o también
cuando el antígeno H-Y no actué por algún motivo.

A partir del este momento cesa la función de los
cromosomas en el proceso de sexuación y este pasa a
depender del funcionamiento de las gónadas.

Los genitales internos se forman a partir de órganos
embriológicos dobles: conductos de Muller y conductos
de Wolff. A partir de la octava semana los testículos
comienzan a producir y segregar andrógenos
(testosterona y dihidrotestosterona), los cuales
actúan provocando, a partir de los conductos de Wolff,
el desarrollo de los conductos eyaculatorios,
vesículas seminales, conductos deferentes y epidídimo,
a la vez que inducen la atrofia de los conductos de
Muller. Los ovarios se forman hacia las doce semanas
siempre que no sea activo el antígeno H-Y. Pero a
diferencia de lo que ocurre con los andrógenos
testiculares, los progestágenos, hormonas segregadas
por ellos, no son necesarios para la formación de los
órganos genitales internos de la mujer. Si no actúan
los andrógenos los conductos de Muller se desarrollan
dando lugar a las Trompas de Falopio, útero y tercio
superior de la vagina, mientras los conductos de Wolf
se atrofian. Hacia las 14 semanas, la diferenciación
de los órganos sexuales internos es bastante definida.

Los genitales externos tienen el mismo origen
embriológico en el macho y en la hembra: tubérculo
genital, abertura externa única, pliegues y
protuberancias labioescrotales en torno a la abertura.
La acción de la dihidrotestosterona, segregada por los
testículos, da lugar, hacia la octava semana a que el
tubérculo se desarrolle en el glande del pene, los
pliegues en el eje cilíndrico del pene, la abertura
única en dos (ano y meato uretral) y las
protuberancias labioescrotales en el escroto. En la
hembra, sin necesidad de acción hormonal específica
también hacia la octava semana, el tubérculo se
convierte en el clítoris, los pliegues en los labios
internos y dos tercios inferiores de la vagina, la
abertura en tres (uretra, vagina y ano) y las
protuberancias labioescrotales en labios mayores.
Durante el período fetal tanto ovarios como testículos
permanecen en el abdomen; posteriormente los
testículos se desplazan hacia las bolsas escrotales.

La diferenciación sexual del cerebro y de la hipófisis
depende también de la influencia hormonal. En este
caso es también necesaria una acción específica de los
andrógenos para asegurar el proceso de sexualización
del macho, mientras que la de la hembra se producirá
siempre que no este presente un alto nivel de
andrógenos.

Esta diferenciación tiene lugar en las últimas semanas
de la gestación o en los días posteriores al parto,
determinando el funcionamiento del hipotálamo y la
hipófisis, a partir de la pubertad. Las hembras como
consecuencia de esta sexuación cerebral, producen
hormonas sexuales de forma cíclica, dando ello lugar a
oscilaciones y menstruaciones mensuales, mientras los
machos producen las hormonas sexuales con pocas
oscilaciones.

Como vemos la diferenciación sexual ocurre antes del
nacimiento, sin embargo antes de que este ocurra,
todos y todas las que viven fuera del útero materno,
incluyendo a la progenitora, estarán muy pendientes a
lo que diga la ecografía. Con el alumbramiento, se
dirán las palabras mágicas: “es una hembra” o “es un
macho”. Frecuentemente en nuestro país (y a diferencia
de otros países hispanoparlantes) no se dice “macho”
si no “varón”. Lo cual podría ser el primer indicador
del mundo inequitativo que para hembras y machos hemos
construido.

Es a partir de la identidad sexual que se construyen
los llamados roles sexuales, que son menos
vilipendiados que los de género (creo que también
menos comprendidos), por ejemplo: dentro del rol
sexual de la hembra está el parir y el amamantar,
ahora bien la interpretación que se haga de estos
hechos va a depender de contenidos precisos
relacionados con la identidad de género. Que el dar de
mamar por largo tiempo pensamos que nos recluya en la
casa, haciendo más dependiente al bebé de nosotras o
que la felicidad de cualquier mujer vaya
indisolublemente ligada al hecho de ser madre, podrían
ser ejemplos de re-elaboración que hacemos del rol
sexual de la hembra. Por otra parte, también la
tendencia a que comportamientos ligados a los roles no
sexuales los “naturalicemos”, tal es el caso de la
supuesto buen desempeño sexual de las personas negras,
pues se asume que están más ligadas a la naturaleza, o
como ya dije los hombres son infieles porque tiene
mayor necesidades sexuales, su libido es mayor.

La identidad sexual y en particular el conocimiento
del proceso de diferenciación sexual nos pone cierto
traspiés cuando nos muestra evidencias de la
existencia de personas con genitales ambiguos,
intersexuales y de otras en los cuales no existe
armonía entre el sexo genético. Dichos datos se han
convertidos en los principales argumentos de las
Teorías “Queer” y del cuestionamiento de la
pertinencia de la dualidad del concepto género, sin
embargo ya el abordaje de este tema ya sería asunto
para otro trabajo de este tipo.

Identidad de género

El anterior esbozo de algunos de los elementos de la
diferenciación sexual nos permite adentrarnos en la
identidad de género como concepto que de alguna manera
precisa de los dos anteriores, identidad como
categoría general y la identidad sexual y es así que
los retoma. Valga la pena decir que para el segundo
caso, el hecho de que seamos cuerpos sexuados de
maneras diferentes es lo que posteriormente nos hará
arribar a la identidad de género pues aparejado a esta
diferenciación sexual en hembras y machos, lo cual es
un hecho ineludible, se erigen construcciones
identitarias masculinas para algunos y femeninas para
otras.

Además, en la vida cotidiana y para las personas
comunes identidad de género e identidad sexual suelen
solaparse, confundirse, explicado quizás por la
concurrencia de las mismas. Con el simple hecho de
conocerse, después de la semana 20, el sexo del feto,
ya se comienzan a adjudicar una suerte de contenidos
culturales con relación a la persona que nacerá.

Generalmente los padres, incluso antes del nacimiento
de sus hijos, especulan sobre el futuro de sus vidas,
elaborando planes y creándose expectativas en
dependencia de la especificidad del sexo del bebé o de
la nena. Así, si piensan que será varón, es probable
que imaginen a un chico amante de los deportes,
independiente, dinámico, con confianza en sí mismo,
con cierta competitividad y “despierto” en cuestiones
amorosas. En cambio, si creen que será hembra, es muy
probable que la conciban hermosa, sensible, emocional,
cariñosa, casera, y más bien dependiente.

Este momento ocurre la asignación de género y como ya
sabemos sucede mucho antes del alumbramiento aunque
algunos lo restringen al mismo instante del nacimiento
.

Dichos contenidos asignados dependerán en gran medida
del momento histórico-social particular que viva la
persona en cuestión, es así que dicha asignación no
tiene un carácter estático, sino que es un proceso
dinámico donde unos contenidos son renovados por
otros.

De manera similar, comportamientos permitidos para
determinadas edades, no lo son para otras (lo mismo
ocurre para la raza, clase, región, etc). Se me ocurre
traer a colación como a pesar de que jugar béisbol en
nuestro país es casi exclusivamente para varones, las
niñas que lo hacen son las escolares, no así las
adolescentes, las cuales tiene que demostrar a toda
costa que están pasando exitosamente su proceso de
feminización.

De la reflexión anterior se desprende que esta
asignación se da en el marco de las relaciones
sociales de dominación entre hombres y mujeres,
(también entre blanc@s y mestiz@s-negr@s, entre pobres
y ric@s, entre occidentales y orientales) y tales
contenidos serán los que conformarán los roles de
género para cada uno de los individuos e individuas, o
sea el papel preciso que le toca jugar en dependencia
de su posición social, en consonancia con una serie de
valores y normas creadas socialmente y que de alguna
manera validan o ilegitimizan la conducta de las
personas. Imágenes estereotipadas recurrentes: madre
cariñosa, entregada y habilidosa en las actividades
domesticas, educa con delicado esmero a sus hijos e
hijas, mientras que su esposo un hombre vencedor en
los negocios, viaja con frecuencia al exterior con su
amante.

Estos roles, al decir de Marta Lamas: “Si bien las
diferencias sexuales son la base sobre la cual se
asienta una determinada distribución de papeles
sociales, esta asignación no se desprende
"naturalmente" de la biología, sino que es un hecho
social.”

No solo es una cuestión de atributos para unos y otras
sino también, y sobre todo las cosas, de jerarquía,
expresada en valores, que se otorgan-asumen por cada
una de las personas y por la sociedad en general.

El reforzamiento de los patrones para cada género
tiene lugar en el seno familiar conformándose en el/la
infante la identidad de género, lo cual sucede entre
el segundo y tercer año de vida. En un inicio el niño
o la niña puede reconocerse como tal pero sin la
observancia de las diferencias sexuales. A partir de
los tres años comienzan a rechazar o aceptar objetos,
juegos, actividades remitiéndose a su propia
identidad, es aquí que se establece para toda la vida
–y para casi todas las personas - nuestra identidad de
género.

Identidad femenina

Las mujeres nos construimos como seres identitarios
siendo confrontadas con lo que es ser hombre. Somos
mujeres (“buenas mujeres”) en tanto no somos hombres y
cada día nos alejamos más de serlo. Como
particularidad de este proceso ni siquiera tenemos la
misma partida, sino que nuestro sitio de arrancada
está un tanto atrás. Somos un polo de un concepto
hasta ahora binario (identidad de género). En un
extremo estaríamos nosotras con nuestra identidad
femenina y justo al otro lado la identidad masculina.
Esta identidad femenina está en correspondencia con la
feminidad (cuyo opuesto es la masculinidad)
designación patriarcal que se concretiza a partir de
los comportamientos, actitudes, valores, capacidades,
etc., que las mujeres debemos poseer.

Sobre la identidad femenina dice Marcela Lagarde:

“La identidad de las mujeres es el conjunto de
características sociales, corporales y subjetivas que
las caracterizan de manera real y simbólica de acuerdo
con la vida vivida. La experiencia particular está
determinada por las condiciones de vida que incluyen,
además, la perspectiva ideológica a partir de la cual
cada mujer tiene conciencia de sí y del mundo, de los
límites de su persona y de los límites de su
conocimiento, de su sabiduría, y de los confines de su
universo. Todos ellos son hechos a partir de los
cuales y en los cuales las mujeres existen, devienen.”

Como mismo para los hombres las relaciones sexuales,
los deportes, el dinero y los autos son contenidos
pertenecientes a su identidad de género; para nosotras
las mujeres el núcleo de la misma lo formaría el estar
en función de l@s otr@s, siempre alegando el amor por
ell@s; lo cual se objetiviza de diferentes formas,
como en la maternidad, en el cuidado de familiares, la
educación de las jóvenes generaciones, etc. En este
sentido dice Lagarde que: “El deseo femenino
organizador de la identidad es el deseo por los
otros”. El término madresposa, silogismo creado e
introducido en la Teoría feminista por ella, resume de
manera certera lo que planteamos con anterioridad, las
mujeres somos seres de los otr@s y para los otr@s.

Machorras, camioneras, fuertecitas, marimachas son
términos que designan diferentes maneras de ser mujer
que como incomprendidas ganan el repudio dentro de la
sociedad patriarcal puesto que no responden a esa
feminidad cuyos contenidos ahistóricos hacen imposible
cumplir. Lo mismo sucede con el lesbianismo, la
sociedad supone que las mujeres que aman a otras
mujeres quieren ser hombres en tanto no cumplen con la
heterosexualidad obligatoria que es otro de los
mandatos de la cultura patriarcal.

En este sentido, la asignación de contenidos
diferentes a la feminidad, la re-valorización de lo
femenino, la re-lectura de nuestras vivencias, la
apropiación por parte de las mujeres de su propia vida
y destino (que tuvo su comienzo en el planteamiento
mismo del concepto género) han sido los principales
aportes de la Teoría de Género. Identidad, identidad
sexual e identidad femenina son conceptos que nos
permiten, sobretodo, repensar y profundizar en cómo
llegan las mujeres a la cultura.

Bibliografía

1. Beauvoir, S. de (1949) Le deuxième sexe. Ed.
Gallimard. Francia

2. Espinosa, Y. (1999) ¿Hasta donde nos sirven las
identidades? En http://www.creatividadfeminista.org Acceso
junio 2005.

3. Fernández, J. (1988) Nuevas perspectivas en el
desarrollo del sexo y el género. Ed. Pirámide, S. A.,
España.

4. García A., M. del C. (2002) La crisis de identidad
de los géneros. En
http://www.mujeresdeempresa.com/linea_natural/sociedad/sociedad020501.shtml
Acceso junio 2005

5. Lagarde, M. Identidad femenina. Material digital
dado como bibliografía de la maestría.

6. Lamas, M. La perspectiva de género. Material
digital dado como bibliografía de la maestría.

7. Loynaz, D. M. (2000) Poema XXIX. Poemas Sin Nombre.
Ediciones Hermanos Loynaz, Cuba. p. 53.

8. Rivera G., M.M. La Teoría de los géneros. En
www.creatividadfeminista.org Acceso junio 2005

9. Torre, C. de la. (2001) Las identidades. Una mirada
desde la psicología, Centro de Investigación
Desarrollo de la Cultura Cubana “Juan Marinello”.

10. Vasallo, N.: El Género: un análisis de la
“naturalización” de las desigualdades. Material
digital dado como bibliografía de la maestría.

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Un Comentario »


  1. Carlos 29-03-2008 - 06:32:50 GMT 1

    Bueno este blog me terminó de aclarar esta teoría, ya que la escuche en un seminario de autobiografías que se dió el año pasado en Viedma (Río Negro-Argentina)en el C.U.R.Z.A dictado por Dr. José Amicola. Vimos el feminismo implicito que contenia las autobiografías de Victoria Ocampo y Eva Duharte. Desde ya muchas gracias por la información.

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