Sociedad|Lunes, 12 de Febrero de 2007
Impulsan en España indemnizar a los gays torturados en la dictadura
Cuatro mil personas fueron a la cárcel durante el franquismo por ser
homosexuales. Amplio acuerdo para una ley de indemnización.
El franquismo detuvo cuatro mil personas por ser homosexuales.
Por Natalia Junquera *
Desde Madrid
La primera vez que Rampova fue a la cárcel, en 1970, tenía 14 años. Ingresó
en prisión “por maricón”, según les oyó decir a los policías que lo
detuvieron en Valencia al sorprenderlo en las rocas de la playa con un
hombre casado. La segunda vez tenía 15 y estaba en Barcelona. Lo detuvo un
policía “de la secreta” que lo había esperado a la salida del cine, después
de haberle pedido dentro mantener relaciones. La tercera fue con 17 años.
Nunca tuvo un juicio.
Es uno de los cerca de 100 homosexuales reprimidos por el franquismo que
podrían acogerse a la indemnización que reclaman al gobierno. Rampova forma
parte de la Asociación Ex Presos Sociales, que lleva 10 años luchando por el
reconocimiento social y económico de los gays que fueron torturados durante
la dictadura. Antonio Ruiz, su presidente, asegura que cuenta con el apoyo
de todos los grupos políticos, excepto del PP, y confía en que las
indemnizaciones lleguen pronto. “Estamos muy satisfechos por el apoyo de los
partidos, pero, al mismo tiempo, nos pesa que haya muchos compañeros que
también sufrieron mucho y ya han muerto y no van a poder disfrutarlo”.
Rampova representa a la segunda generación de presos homosexuales de la
dictadura franquista, la que había que “rehabilitar”. En 1970, la Ley de
Vagos y Maleantes, que declaraba “en estado peligroso” al homosexual, cambió
su nombre por el de Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Seguían
siendo “peligrosos”, pero el régimen planteó la cárcel como una
rehabilitación. Había que “curar” a los gays en la cárcel.
“En la prisión de Barcelona me enviaron a un pabellón de invertidos para
menores. Los presos pagaban a los vigilantes para colarse y violarnos. Luego
nos pegaban palizas para demostrar que ellos no eran gays. Venían cinco,
seis veces al día. A veces hasta ocho”. Rampova hace recuento, a punto de
cumplir 50 años: “He tenido más violaciones que relaciones consentidas”,
afirma. “Cuando le confesé al cura de la cárcel lo que nos hacían allí, le
avisó al jefe de la prisión y me castigaron toda la noche contando los
adoquines del patio. Me tuvieron así hasta que se hizo de día”, recuerda.
Según los cálculos de la Asociación de Ex Presos Sociales, cerca de 4000
personas fueron a la cárcel durante el franquismo por ser homosexuales. La
cifra es sólo una aproximación, porque los historiales están repartidos por
instituciones penitenciarias y policiales y, en muchos casos, la condena
alegaba delitos de prostitución en lugar de homosexualidad.
A Antonio Ruiz lo denunció una vecina monja en 1976. Franco ya había muerto
y él tenía 17 años. A las seis de la mañana fueron a buscarlo a su casa
cuatro hombres de la policía secreta. Pasó tres meses en el penal de
Badajoz, una de las cárceles que el régimen había preparado para “curar” a
los gays. A Badajoz iban los llamados “pasivos” y al penal de Huelva, los
“activos”. Las lesbianas eran enviadas al manicomio. “Era la época del
electroshock y las terapias aversivas, que consistían en secuenciar imágenes
con hombres y mujeres, propinando descargas eléctricas al homosexual cuando
aparecían hombres”, relata Ruiz.
“Cuando salí de la cárcel la última vez –relata Rampova–, me resultaba
imposible relacionarme con hombres porque me recordaban las violaciones.
Tuve varias novias y una hija, que ahora cumplirá 30 años”.
Después de la cárcel, llegaba el destierro. De uno a dos años. Los presos no
podían volver a sus antiguos domicilios y nadie quería darles trabajo.
Rampova comenzó en los años ochenta a trabajar en el mundo del espectáculo,
haciendo cabaret-teatro y en grupos como Ploma-2 hasta que tuvo un infarto y
lo tuvo que dejar. “El pánico escénico y el infarto no eran compatibles”,
afirma. Hoy vive de una pensión de incapacidad.
“No me interesa mucho la indemnización. Se habla de 12.000 euros. ¿A cuánto
toca eso por violación? Si al final nos lo dan, creo que lo donaré a alguna
organización de defensa de los derechos de los homosexuales. No cometimos
ningún delito. Lo que me gustaría de verdad es que los que nos hicieron esto
pidieran perdón”, asegura Rampova.
“Estoy muy contento porque España va a ser el primer país que indemnice a
los homosexuales de la dictadura. Va a ser un momento histórico. En las
conversaciones con los grupos políticos barajamos unas indemnizaciones de
12.000 euros y pensiones vitalicias de unos 750 euros. Después, seguiremos
trabajando para defender los derechos humanos de los homosexuales en otras
partes del mundo”, afirma Ruiz.
* De El País, de Madrid. Especial para Página/12.
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