Publicado en Página/12 - Las/12
fecha: viernes 09 febrero 2007
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/24-2007-02-09.html
Difundido por RIMA - Red Informativa de Mujeres de Argentina
Por Soledad Vallejos
Ya se ha dicho infinidad de veces en las páginas de este mismo suplemento:
al verano no hay con qué darle. Como si el calor se volviera sinónimo de
adolescencia indiscriminada, de repente no hay preocupaciones, no hay
noticias, no hay nada. Que la loca parranda de los corsos por aquí (qué
alegría, qué alegría... vivir a media cuadra del escenario), que las ondas
del verano en las playas, que qué genial que en Gran Hermano digan que Marx
era malo porque “era un materialista”, y así las cosas se nos van pasando
las semanas y cuando queremos acordar ya estamos en marzo. Ahí quería
llegar: a que dentro de poco empieza, en nuestras cabezas y el calendario
más o menos formal, el año (electoral, dicho sea de paso). Y a que una cree
que no, pero hay quienes ya se dieron cuenta y se vienen preparando hace
rato. La lista comienza por gente de bien preocupada por la salud mental y
moral de nuestras blancas palomitas.
Por si alguien no lo recuerda, en el capítulo anterior a este ciclo lectivo
que comenzará en breve cambió la Ley de Educación Nacional, y también se
aprobó la inclusión de educación sexual en los contenidos destinados a
educandas y educandos. Una, que a esta altura de la soirée hizo un poco de
archivo para recuperar esto porque el verano le hizo mella, trae el asunto a
cuento porque de buenas a primeras aparecieron opiniones notables en un par
de diarios. Que “nueva queja de la Iglesia por el aborto”, que “la Iglesia
criticó algunos puntos de la nueva Ley de Educación Nacional” y así. El
reflejo lleva a chusmear de dónde sale la cuestión, y resulta que el dedito
aleccionador viene –¡otra vez, chicos, basta, es verano!– de la Comisión
Episcopal de Educación Católica de la Conferencia Episcopal Argentina. Las
repercusiones hicieron hincapié en que el berrinche venía por el lado de la
inclusión del Protocolo de la Cedaw (por las dudas: la Convención que
acuerda eliminar todas las formas de discriminación hacia la mujer) como
parte de la ley. El argumento es conocido: que la Cedaw “insiste en la
instrumentalización de programas de planificación familiar que podrían
facilitar prácticas como la anticoncepción, la esterilización y el aborto”.
Pensaba unas barbaridades muy poco elegantes retóricamente hablando. Y es
que si es por la anticoncepción, ya podrían ir abandonando la trinchera
porque eso es la base de toda una ley (de otra, quiero decir) bastante
relacionada con los derechos humanos, y ya tienen la batalla perdida porque
actualmente se aplica (claro que todavía de manera desigual, claro que
gracias a intervenciones facciosas). Si es por la esterilización, bueno,
dicho así, con ese ánimo veterinario, suena feo, pero de todas maneras la
vasectomía y la ligadura de trompas también están amparadas por una ley (y
nacional), mal que les pese. Por el aborto, en fin, ya sabemos, hoy
dejémoslo ahí.
Pero es que hubo una cosilla de esa declaración, en realidad, que pasó un
poco sin pena ni gloria, y sin embargo sería pura pena. O pura gloria, según
con qué ánimo se vea (en especial si hay aburrimiento). Transcribo. “A ello
(N. de R.: al peligro de que niñitas y niñitos sepan que existe el cuidado
anticonceptivo) se suma la inclusión en los contenidos curriculares de la no
discriminación por género (‘ideología del género’), principio opuesto a la
realidad de la naturaleza humana ya que el hombre desde su concepción
biológica es sexuado, varón o mujer; y por ende esta inclusión posibilita
una distorsión en la educación sexual.” Todavía intento descifrar qué será
un “hombre varón” y qué un “hombre mujer”. Una amiga interpretó algo sobre
indumentarias y funciones eclesiásticas, pero no me convenció. Tampoco una
variante improbable que refería la naturaleza intrínsecamente trans de la
condición humana (por demasiado moderna). En todo caso, me hace recordar con
felicidad algo que hace unos días me dijo una científica que participó de un
debate previo a la sanción de la ley: en un principio, el texto tomaba al
“hombre” como su modelo universal. Se hablaba de “el estudiante”, “el
docente”, y así. Luego del debate, más que afortunadamente, eso fue revisado
y reformulado.
Volviendo al texto de nuestros amigos de la Conferencia Episcopal, el punto
que le seguía rezaba (mea culpa, chiste fácil): “Todo esto nos preocupa
enormemente, en razón de que los padres que no deseen que sus hijos sean
enseñados y educados en temas contrarios a los principios de la ley natural
y a sus convicciones podrían hacer valer sus derechos”. ¿Quizás haciendo
prevalecer sus derechos por sobre los de niñas y niños a ser educados en lo
complejo, la conflictivo, la diversidad de miras, deseos, inquietudes y
demases? Probablemente. Donde ley natural manda, cultura non presta.
Y el último –prometo– que anoto completo, y que venía a continuación: “Por
el contrario, nosotros, en su momento y basados en la Constitución, hemos
propuesto positivamente que en dichos contenidos curriculares obligatorios
se incluyera la defensa de la vida humana y su dignidad como única manera de
garantizar los derechos humanos contra toda forma de discriminación y
atropello.” (A diferencia de lo que creen, impecables lectorandas y
lectorandos de nuestro verano, todo indica que no se estaban contradiciendo
con lo anterior, sino reclamando más presupuesto para los colegios católicos
y “la defensa de la vida desde la concepción”). Y está bien: cada quien cree
lo que quiere y sostiene lo que puede, pero en definitiva, ¿no es todo este
berrinche un canto a la visión discriminatoria atropelladora? Alguien tiene
todo el derecho del mundo a replicar: como siempre, qué más esperar de un
documento del estilo. Y sí, puede ser que como siempre, pero a veces dan
ganas de creer eso de que perro que ladra no muerde, y hasta ser optimista y
fantasear con que si hay tanto berrinche es porque cierta mirada
disciplinadora y mutiladora del mundo va perdiendo terreno. Y que en 2007
ante expresiones como “la realidad de la naturaleza humana” o “los
principios de la ley natural”, dan ganas de creer que la de una no es la
única sonrisa, que una no es la única que siente algo casi parecido a la
ternura. Dicho esto con todo respeto, por supuesto. A fin de cuentas,
estamos en verano, che.
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Por favor, si utiliza la información que se brinda en esta lista, cite la/s fuente/s. Gracias.
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