Resumen de Cimacdiario, Vol 43, Envío 46
* Irak, una guerra que invisibiliza a las mujeres
-- Mueren niñas, estadounidenses, madres…
Por Leticia Puente Beresford/corresponsal
Nueva York, EU, 29 enero 07 (CIMAC).- Mujeres y niñas mueren también en la
guerra que se libra en Irak, pero pocos hablan de ellas. Son como invisibles.
Desde la invasión a ese país, 70 mujeres estadounidenses enroladas en las
fuerzas armadas han muerto. Constituyen el 2.1 por ciento de todas las
bajas. Murieron y siguen cayendo, un número indefinido de mujeres irakíes.
Pero lo que viven las mujeres estadounidenses en Irak no es nada comparado
con lo que viven las mujeres irakíes, afirma Kelly Dougherty, veterana de
la guerra de Irak y quien hoy es directora ejecutiva de Veteranos de Irak
en Contra de la Guerra (IVAW), organización de la que es cofundadora, en
Los Ángeles.
Dougherty recuerda actividades y dice que allá, en medio de las altas
temperaturas del desierto, un convoy recorría los caminos rodeados de minas
y explosivos colocados al azar. Al frente, un camión que formaba parte de
la escolta, encargado de despejar el camino para evitar un posible ataque.
Y al volante de ese camión iba ella sentada. "Yo, una mujer".
Mucho se ha hablado de los hombres que forman parte del Ejército
estadounidense y que han arriesgado su vida en la guerra que se libra en
Irak. Hombres que han muerto, o han regresado heridos, o sufren secuelas
psicológicas como consecuencia de las experiencias en el frente de batalla.
Pero poco se sabe de las miles de mujeres que han estado junto a ellos,
frente a ellos, detrás de ellos, durante los casi cuatro años de guerra.
En las fuerzas armadas estadounidense hay una mujer por cada siete miembros
de la tropa destacada en Irak. "Oficialmente las mujeres no están en roles
de combate, pero las mujeres soldados sí se encuentran en zonas de
combate", indica Nelly Dougherty.
"En Irak hay más muerte entre los hombres, porque las mujeres no vamos en
las mismas unidades que ellos, pero igual estamos en riesgo cada día,
patrullando, operando los retenes, haciendo muchas de las mismas
actividades que la gente que está siendo herida en Irak", añade.
"Las mujeres que se encuentran en las bases militares están solas y son
atacadas sexualmente. Y una mujer manejando está en riesgo por las bombas a
las orillas del camino".
Kelly es una de esas mujeres cuya labor fue conducir un camión. Originaria
del estado de Colorado, esta joven de 28 años formó parte de la Guardia
Nacional durante ocho años.
"Creo que uno de los principales factores que me llevaron a enrolarme fue
buscar medios para ir a la universidad, y uno de ellos era ese, donde podía
obtener dinero para mis estudios y recibir entrenamiento médico", relata.
Ella ingresó a la Guardia Nacional en 1996, al tiempo que estudiaba en la
universidad. En 1999 fue asignada a un primer destacamento en Hungría y
Croacia en una unidad de patrullaje y escolta para autobuses. En enero de
2003 recibió órdenes para ir a Irak como policía militar.
Aunque ella se encontraba bajo el estatus de voluntaria en la unidad
médica, su título fue cambiado por los mandos superiores, sin consultarla.
Cuando se le cuestiona sobre la legalidad de esta decisión, responde con
tranquilidad. "Sí, es legal. Es curioso, hay muchas cosas de las Fuerzas
Armadas que la gente no sabe. Cuando te reclutan firmas, pero a veces no
sabes qué firmas. Si ellos quieren pueden cambiar ese contrato, no tienes
recurso alguno".
Kelly fue destacada en Irak a pesar de estar en contra de esa guerra. "Yo
pensaba que era un error; decía: "Soy un médico, no una policía militar" y
se los expliqué. Hablé con sargentos que respondieron que en ese punto no
importaba, que ellos necesitaban gente. La única manera de salir de eso era
escapar o embarazarse", relata.
Otra alternativa era simplemente rehusarse e ir a prisión, lo cual
implicaba perder sus prestaciones, tener una baja deshonrosa y además
asumir la deuda por el costo de sus estudios. "Sentí que no tenía
opciones", afirma. En aquel momento tenia 24 años.
Kelly fue enviada a Kuwait y entró a Irak en marzo, realizando las mismas
funciones de patrullaje. "Pero en esta ocasión era diferente. Nos
dedicábamos exclusivamente a escoltar convoys de camiones militares y
corporativos siete días a la semana. Muchas veces llevábamos docenas de
camiones vacíos. Asumíamos que tal vez iban a recoger algo, pero regresaban
vacíos también, porque las corporaciones ganan dinero por la cantidad de
camiones que tienen en el camino, como es el caso de Halliburton Armor",
señala.
"Nuestra vida corría riesgo, podíamos ser atacados en cualquier momento,
había bombas a la orilla del camino y no había una razón real para correr
ese riesgo. Me di cuenta de que ahí no había misión".
Cuando Kelly estuvo en la Guardia Nacional, cerca del 30 por ciento de los
integrantes eran mujeres. Al llegar a Irak descubrió que la cifra era mucho
menor.
"En mi unidad había 150 personas y solo el 10 por ciento éramos mujeres, es
decir 15", comenta. Y no le fue fácil.
"La gente se siente poco cómoda cuando una mujer tiene un cargo", explica.
"Yo estuve como sargento, que es el tercer cargo dentro del liderazgo, y
tuve hombres diciendo abiertamente que ellos no sentían respeto por una
mujer, que ese no es nuestro lugar.
"Es difícil reaccionar a eso cuando no hay quién te apoye, sientes que no
quieres causar problemas porque si te quejas la respuesta es: 'Why are you
such a bith?', es decir "¿Por qué no mejor te sales?".
A esto se suma la situación de las mujeres en el campo de batalla, que
tienen que encontrar a alguien que cuide a sus hijas e hijos, o que deben
suspender la lactancia.
"Es diferente para la familia cuando una mujer deja de ver a las y los
hijos durante un mes, sobre todo a los pequeños, que cuando lo hace un
hombre. Y se dan muchos matrimonios dentro de las Fuerzas Armadas, pero
cuando vuelven a casa, quien se lleva el respeto por ser un veterano es el
esposo, y la mujer vuelve a ser la esposa y la madre", afirma Kelly.
Pero en esta guerra existen también otras mujeres, las que viven en un país
que de pronto se vio ocupado por fuerzas armadas de otro país, y su
situación no es mejor que la de las soldados estadounidenses.
"Cuando patrullaba veía a las mujeres trabajando en los campos y me
preguntaba cómo serían sus vidas, especialmente desde la ocupación".
Son mujeres que se sienten invisibles, porque tienen que criar a sus hijos,
cuidar la casa y hacer eso en tiempos de guerra, sin electricidad, sin
cuidar de su salud.
En Irak, se libra una guerra de hombres peleando contra hombres. Todas las
mujeres, del bando que sean, son invisibles.
Ayer, en un ataque con morteros que se dio a las 11 de la mañana en la
Escuela Secundaria Kholoud, en el barrio de Adil, en el oeste de Bagdad,
murieron cinco niñas, dijeron la policía y funcionarios escolares.
El director, Fawzyaa Hatrosh Sawadi, dijo que las estudiantes estaban en el
patio durante un receso cuando al menos dos autobuses estallaron. Las
explosiones destrozaron las ventanas en las aulas, lanzando una lluvia de
vidrios sobre las alumnas.
Imágenes televisivas de la AP mostraron charcos de sangre en los escalones
y pasillos. Horas después del ataque, padres de las niñas lloraban al ser
colocados los cuerpos en ataúdes de madera. La policía dijo que cuatro
niñas murieron instantáneamente y otra más tarde.
Ningún grupo se hizo responsable del ataque, pero la organización suni
Conferencia General del Pueblo de Irak culpó a las milicias chiís
vinculadas con las fuerzas de seguridad del gobierno. El grupo dijo en un
comunicado que los autobuses tenían marcas de fábrica de Irán, país al que
Washington acusa de apoyar las milicias chiís.
07/LPB/GT/GG/CV









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