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Por Sonia Santoro | 8.1.2007
Cuando estás embarazada todo el mundo se siente con derecho a opinar de tu cuerpo. Dejemos de lado la predisposición personal a escuchar en menor o mayor medida lo que el otro dice e incluso el hecho de incentivar de alguna forma inconsciente este tipo de comentarios. El hecho es que se han sentido y concedido con derecho a opinar despectiva, injuriosa y groseramente sobre mi cuerpo.
En los cinco meses de embarazo, desde la ignota empleada de un negocio del barrio al que nunca voy -y ahora menos- hasta una destacada ejecutiva dedicada a asuntos vinculados con los derechos humanos y de las mujeres, con todos los matices imaginables en el medio, se han sentido con ese derecho sobre mí.
No hablo ya de los sabidos y reiterados comentarios acerca de la panza redonda o puntuda según el sexo, la cara linda o fea atribuida -¡qué raro!-, a una futura beba o bebe respectivamente y afines, sino del peso y el tamaño de mi cuerpo.
Hay que decir que este es un tema que a mi particularmente me preocupa, como a tantas otras mujeres, por no decir todas, que haciendo dietas o no, expresando u ocultando sus temores frente a la balanza, viven el aumento de peso con cuasi pavor. Y sobre todo me preocupa en estos días que mi habitual relativo control sobre el asunto se fue por el barranco del olvido. Pareciera que mi cuerpo ya no es mío, y tiende a la desmesura, hay que decirlo. La psicoterapeuta familiar Laura Gutman dice que cuando las mujeres estamos embarazadas y cuando parimos aparece nuestra sombra, esto es lo que habitualmente no vemos de nosotras mismas, lo más oscuro, ancestral, inconsciente que en nuestra vida ordinaria no aparece y que en estos tiempos se manifiesta a fuerza de emociones virulentas, llantos, torpezas, desmezuras varias y poca racionalidad. Empiezo a creer que esto que me persigue es mi sombra, pero no dejo de ver que la sociedad, digamoslo, ayuda bastante.
En fin, el punto, como decía, es que cuando una esta embarazada el cuerpo ya no es el mismo, pareciera que dejamos de ser mujeres para ser solo, apenas, o sobre todo, madres. Y por qué no, un poco infantiles, por lo menos eso es lo que nos hacen sentir desde los médicos hasta las profesoras de gimnasia que olvidan sistemáticamente nuestros nombres para llamarnos mami, mamita o, como no, gordi y derivados.
La imagen que tengo sobre las mujeres embarazadas de cuando era niña, me muestra mujeres grandotas con acordes vestidos que caían con amplitud desde el pecho hasta abajo de las rodillas. Las mujeres embarazadas podían ser mujeres grandes, o mejor, debían.
Hace un tiempo creo que las cosas están cambiando bastante en este punto. Los obstetras cada vez exigen que las embarazadas aumenten menos. He llegado a escuchar que 7 kilos sería lo más razonable. Claro, razonable para ellos que no sienten como su estómago languidece, su sueño sufre interrupciones de lo más arbitrarias, sus tetas se convierten en globos y demás cambios, por hablar solo de los concretos. Es decir, de razonable, lo del embarazo para quien lo porta no tiene nada. Y ellos, con sus tablitas, siguen exigiendo raciocinio en la medida de las porciones, las emociones y afines.
Lo cierto es que en las calles de la ciudad de Buenos Aires abundan embarazadas con cuerpos gráciles y esbeltos. Mujeres con pantalones y remeras al cuerpo. Agiles, elegantes, delgadas, sobre todo delgadas. A ellas preferentemente se las ve lindas. “¡Qué bien que estás! – dicen-, no parece que estás embarazada”, como si la belleza estuviera justamente en no parecer de cinco, siete u ocho meses. ¿Será que no se acepta el desborde del cuerpo ni siquiera durante el embarazo? ¿O que esas mujeres son simplemente mujeres que siguen con sus vidas como si tal cosa, sin que la alimentación varíe sus vidas, la piel estirada sus formas y el cansancio sus rutinas?.
Por supuesto que siempre hubo, hay y habrá mujeres delgadas. Pero me llama la atención que cada vez sea menos frecuente ver a las otras. ¿Dónde estarán? ¿Escondidas detrás de joggins inmensos, ocultas de una sociedad que las mira controlando lo que comen?.
Hace un tiempo, la madre de un compañerito del jardin de mi hijo, le decía a otra que estaba embarazada y vomitando a raudales en los primeros meses: '¡Qué bueno, asi no engordas!'. Del otro lado no hubo comentarios, solo una sonrisa cómplice.
Tengo cinco meses de embarazo y hoy me dijeron si estaba por parir. Ante mi negativa, la vendedora dijo: 'cuidate, mira que después para bajarlos cómo hacés'. 'Se bajan rápido', dije yo, por propia experiencia previa pero para contrarrestar con algo tanta intromisión.
Hace un par de días, una alta ejecutiva me había dicho, como corolario de una reunión en la que ella tuvo el control absoluto todo el tiempo: “¿cuánto te falta? estas gorda, eh.” “Gorda no se le dice a ninguna mujer”, me gustaria haberle dicho, pero se me ocurrió más tarde, después de digerir el maltrato de aquellas palabras.
Creo que a ninguna mujer en estado “normal” se atreverían a decirle algo así perfectas desconocidas. Ni hablar de que alguien haga comentario semejante frente a un hombre con panza, de esos que muchas veces parecen estar en estado.
¿Qué pasa con las embarazadas, entonces? ¿Y qué pasa que los comentarios más entrometidos vienen de otras mujeres? ¿Por qué las mismas embarazadas habilitamos este tipo de comentarios? ¿Y por qué para las mujeres estar en peso es tan importante como tener un hijo?
Me escudaré en mi excesiva sensibilidad para justificar mi subjetivísimo punto de vista sobre este asunto. Sin embargo, tengo la sensación de que unas cuantas mujeres, embarazadas, puérperas o ex de estos estados, se sentirán identificadas con lo que digo y estarían dispuestas a votar un manifiesto en este sentido. ¡Que así sea!










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HOLA SOY JULIA....ESTOY DE ACUERDO CON TODO LO QUE DECIS....ME ENFERMA LA GENTE QUE HABLA DE UNO...Y MAS AUN CUANDO ESTAS EMBARAZADA...EL CUAL ES UN ESTADO HERMOSO, PERO CON MUCHOS CAMBIOS PARA LA MUJERRR...Y CREO QUE TODO DUELE Y MOLESTA EL DOBLE!!!
hola mi nombre es natalia yo tambien estoy totalmente de acuerdo con lo que decis...la gente no sabe lo que es por eso lo dice pero cuando pasan por eso ahi ven lo feo que es que opinen sin saber lo que se siente y son cosas que duelen mucho!y mas en ese estado!