CIMAC
Resumen de Cimacdiario, Vol 43, Envío 17
Por Sara Lovera
México, DF, 12 enero 07 (CIMAC).- Todas las muertes son un gran golpe a la
inteligencia. Se vive lo que se llama duelo. Toda clase de fantasmas se
vuelcan en las personas que amaron a quien muere. Hay procesos de gran
desasosiego. La ansiedad no tiene respuestas.
Cuando la muerte es anticipada, incongruente, desastrosa, el dolor es
mayúsculo. Cuando se trata de un crimen se levanta una gran indignación,
como en los casos de persecución o tortura, desaparición o castigo.
Pero hay muertes anticipadas inexplicables para la superficie del
pensamiento. Me preocupa que las mujeres de los políticos se mueran de
enfermedades raras, no suficientemente claras, sin transparencia. No porque
me imagine cosas horrendas, como un crimen, directo, específico,
intencional, con una mano concreta. Más bien pienso en el escenario, en la
cotidianidad, en la convulsa relación de éstas personas con el mundo que no
era el suyo.
Qué pasa con las mujeres de los políticos.
La estadística dice que las mujeres sobrevivimos a los hombres. Son las
viudas el tema y no los viudos. Pero hay viudos en plenitud, éstos, los
políticos que todo el tiempo viven obsesionados con el poder, con la
competencia, con el miedo, con el coraje, con la venganza en sus labios,
con el exceso de publicidad, de aparición pública, con la ambición
desmedida, con el odio.
La muerte de Mónica Pretelini, la esposa de Enrique Peña Nieto, por
"crisis de convulsiones" según el neurólogo, me metió en esta tribulación.
Tuve de pronto una enorme zozobra.
Y es que me acordé de Diana Laura, la compañera de vida de Luis Donaldo
Colosio, que si bien él murió asesinado y antes que ella, se sabía que
Diana estaba enferma. Su vida con el político, ungido a candidato para la
presidencia de la República le hizo estallar un cáncer.
Y me acordé de Rocío, la esposa de Andrés Manuel López Obrador, madre de 3
hijos, angustiada y enferma durante varios años. Acompañando las una y mil
acciones políticas, turbulentas experiencias y desafortunadas perspectivas,
ansiedades que no se han contado.
Y me acordé de la esposa de Manuel Camacho, integrante del pequeño grupo de
Carlos Salinas de Gortari, derrotado en su grupo al no ser candidato a la
presidencia. Extraño personaje de imagen tímida, con un enorme poder que ha
transitado por el tiempo. Viudo antes de los 50 años. Con un halo
impenetrable de carácter difícil y corajes acumulados.
Y no puedo dejar de decir que en condiciones extrañas, con dolores de
cabeza, murió la mujer de José Murat, el ex gobernador de Oaxaca, también
político de 24 horas, de carácter bravo y machín, que no tenía descanso ni
respiro y Lupita se murió un día, así, en el hospital.
¿Cuál será la experiencia de estas mujeres? ¿Cómo es su vida que no les
alcanza para enfrentar una vida con estos hombres? ¿Qué les matará el alma
y las fuerzas?
La lectura de la vida de Josefina, la amante de Napoleón; la vida de doña
Margarita Maza de Juárez, que murió también anticipadamente; la vida de
muchas otras mujeres a quienes se les agrega un plus a su condición de
mujeres oprimidas cuando, sin proponérselo, se convierten en las consortes
de hombres que se echan al mundo a pelear por el simple orgullo de saberse
poderosos, con dinero, con ejércitos que les obedecen, autoritarios,
metidos en un tobogán que los deshumaniza y los lleva a procesos
indefinidos de humanidad trasminada.
Con muchas dificultades, pienso, para comunicar, sentir, amar, responder,
acompañar, fraternizarse, compartir, discurrir, analizar, y todo lo que uno
desea de quien se pretende comparte con nosotras la vida o debiera
compartirla.
Las mujeres de los poderosos, creo, además de subsumirse como sombras tras
el poderoso, arriesgan su vida. Ahí tiene usted una pequeña muestra,
Mónica, Lupita, Rocío, Ana Laura y ¿cuántas más?
07/SL/GG/CV









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