LABORAL
CIMAC
* Mujeres trabajadoras no logran superar la pobreza: OIT
-- Ni se reduce la brecha salarial entre géneros
México DF, 17 mayo 07 (CIMAC/Artemisa).- Muchas mujeres que trabajan o
buscan empleo no logran superar la pobreza en la que viven junto a sus
familias, particularmente en América Latina y el Caribe, África del Norte y
Subsahariana, Asia Meridional y Medio Oriente.
En la edición de 2006 del informe anual Tendencias Mundiales del Empleo de
las Mujeres se conoció que al menos 60 por ciento de la totalidad de
trabajadoras y trabajadores pobres eran mujeres.
"No hay razones para creer que esta situación haya experimentado
variaciones importantes", advierte la Organización Internacional del
Trabajo (OIT) en un resumen de las tendencias mundiales de 2007, cuyo texto
final se publicó hace días.
Se denuncia inclusive que existe un proceso de feminización de la pobreza
que puede ser heredado por la siguiente generación. "La evidencia
estadística y anecdótica demuestra que las mujeres representan una
proporción cada vez más grande tanto de los pobres del mundo como de los
trabajadores pobres".
La nueva actualización y análisis de los indicadores laborales por parte
del organismo internacional muestra igualmente que más mujeres que nunca
antes participan en los mercados de trabajo del mundo.
Según números absolutos, en 2006 esa concurrencia fue de 40 por ciento,
frente a 39.7 por ciento diez años atrás. Además, la intervención femenina
en trabajos remunerados y asalariados aumentó de 42.9 por ciento en 1996 a
47.9 por ciento el año pasado.
De todas maneras se aclara que si bien "las políticas diseñadas para
mejorar las oportunidades de participación de las mujeres comenzaron a dar
resultados, la mejoría es lenta".
Concretamente, priorizar el empleo en las políticas económicas y sociales
no significó un mayor acceso de las mujeres al sector moderno, con trabajo
asalariado, permanente y a tiempo completo, tal como se creía que ocurriría.
ECONÓMICAMENTE ACTIVAS
La síntesis de las tendencias laborales de 2007 señala que nunca antes hubo
tantas mujeres económicamente activas. La fuerza de trabajo femenina
-comprende a empleadas y desempleadas- subió de 1.1 miles de millones en
1996 a 1.2 miles de millones en 2006.
Este incremento fue particularmente elevado en América Latina, Medio
Oriente, África del Norte, Unión Europea y en las Economías Desarrolladas,
es decir que en estas regiones se redujo la brecha de participación en la
fuerza de trabajo entre varones y mujeres.
En cambio, en África Subsahariana y Asia Oriental se acrecentó: en la
primera región, en 2006 fue 0.3 puntos porcentuales más amplia que hace 10
años, y en la segunda, subió casi 1 punto porcentual.
En las Economías Desarrolladas, Unión Europea, Europa Central y Oriental,
CEI (Bulgaria y Rumania) y Asia Oriental, 80 mujeres por cada 100 varones
son económicamente activas.
En África Subsahariana la relación es de 75 por cada 100. En Asia
Sudoriental y el Pacífico de 73 por cada 100 y en América Latina y el
Caribe de 69 por cada 100. Las mayores diferencias se encuentran en Asia
Meridional con 42 por cada 100, y Medio Oriente y África del Norte, con 37
por cada 100.
El registro de variaciones a nivel regional sobre la situación del empleo
para hombres y mujeres constituye una novedad, y las Tendencias Mundiales
del Empleo de las Mujeres de este año contienen más de un ejemplo. Ante
todo hay un guarismo, una cifra, relacionado al desarrollo socioeconómico
capaz de demostrar el retardo en el proceso de incorporación de las mujeres
a los mercados laborales. "Hace 10 años había 66 mujeres activas por cada
100 varones y en 2006 ese número estuvo casi al mismo nivel con 67 por cada
100", se establece en el resumen.
Este ligero incremento no implica que el mundo del trabajo esté
evolucionando en forma positiva para las mujeres. En ese sentido falta
información sobre si están efectivamente empleadas y sobre la calidad de
los empleos.
No obstante, la OIT estimó la situación del trabajo a partir de tres clases
de empleo: la y los trabajadores remunerados y asalariados o empleados, las
y los trabajadores por cuenta propia o autónomos y las y los trabajadores
familiares auxiliares conocidos también como familiares económicamente
activos.
Por ejemplo, el año pasado 47.9 por ciento de las trabajadoras tenía empleo
remunerado y asalariado, por encima del 42.9 por ciento de 1996. Asimismo
la proporción de autónomas subió en 10 años de 22.4 por ciento a 25.7 por
ciento, mientras que la de familiares económicamente activos bajó de 33.2 a
25.1 por ciento en el mismo período.
Se explica entonces que las trabajadoras familiares auxiliares o por cuenta
propia tienen menos probabilidades de lograr condiciones dignas, lo que
pudo establecerse al comparar las cifras de trabajadoras y trabajadores
pobres y la situación en el empleo, ya que se observó que existe una
estrecha relación entre el número de familiares económicamente activos y
autónomos, y el número de trabajadores y trabajadoras por debajo de la
línea de 2 dólares diarios. Mientras más pobre es la región, más fuerte es
esa relación.
En este sentido, el número de trabajadoras familiares auxiliares excede a
la de los hombres en todas partes del mundo, particularmente en los países
más pobres, donde tienen menores oportunidades de convertirse en empleadas.
Con respecto al trabajo autónomo, es relevante porque aporta una
flexibilidad que permite combinarlo con responsabilidades familiares, pero
también en todas las regiones la proporción de mujeres que pueden trabajar
por cuenta propia como parte del total del empleo femenino es menor a la
que alcanzan los hombres.
SITUACIÓN DEL EMPLEO
En su informe, también la OIT alude a las economías en las cuales la
agricultura es importante, porque las mujeres trabajan en este sector más
frecuentemente que los hombres. Aun siendo responsables de la mitad de la
producción mundial de alimentos, constituyen un grupo marginado. Carecen de
educación, de poder decisorio y derechos en el trabajo; tienen mayores
dificultades para conseguir buenas tierras, créditos y acceso a los
mercados, y a la maquinaria necesaria para producir alimentos en gran escala.
En 2005, la agricultura fue desplazada por primera vez como la primera
fuente de empleo para las mujeres y el año pasado esta tendencia se
acentuó. Ahora la mayoría de los trabajos es generada por el sector de los
servicios, especialmente en las Economías Desarrolladas, Unión Europea,
Europa Central y Oriental, América Latina, Medio Oriente y África del
Norte, donde las mujeres se concentran en áreas con las cuales fueron
tradicionalmente vinculadas, es decir servicios comunitarios, sociales y
personales. Los varones predominan en los servicios financieros y
empresariales, y en los inmobiliarios.
"La situación de segregación de las ocupaciones por sexo está cambiando,
pero el progreso es lento. Puede que esta situación sea perpetuada hasta la
próxima generación si las oportunidades laborales de las mujeres continúan
siendo limitadas, con menores inversiones en su educación, capacitación y
experiencia".
En esta síntesis de las Tendencias Mundiales del Empleo de las Mujeres,
finalmente se afirma que las desigualdades entre mujeres y varones respecto
del empleo siguen siendo significativas. En el caso de ingresos y salarios,
"no hay indicios claros de que se esté reduciendo la diferencia entre lo
que gana una mujer respecto del hombre por el mismo tipo de trabajo", se
revela.
A saber, en la mayoría de las economías las mujeres siguen ganando 90 por
ciento o menos de lo que reciben sus colegas masculinos. Incluso en
ocupaciones tradicionalmente consideradas femeninas como enfermería y
docencia. La Comisión Europea divulgó hace poco que en los últimos años la
brecha salarial entre géneros ha permanecido casi inalterada en 15 por
ciento para todos los sectores.
Asimismo, en muchas naciones de Europa las mujeres están
desproporcionadamente empleadas en sectores donde los ingresos son más
bajos y tienden a disminuir. Por ejemplo, en el Reino Unido, 60 por ciento
de las trabajadoras están concentradas en las ocupaciones de cuidadoras,
cajeras, servicios de comida, limpieza y oficinistas. Muchos de estos
empleos son proporcionados por pequeñas empresas donde no existen los
sindicatos y donde las mujeres tienen menor poder de negociación y menores
posibilidades de mejorar su situación económica, en comparación con sus
contrapartes hombres.
Por otra parte, la existencia de un desempleo significativo indica que
muchas mujeres quieren trabajar pero no consiguen hacerlo. La falta de
trabajo afecta más a las mujeres que a los hombres en todas las regiones.
En 2006 el desempleo femenino fue de 6.6 por ciento, mientras que la tasa
de los varones estuvo en 6.1 por ciento, en consecuencia el año pasado
había 81.8 millones de mujeres sin empleo.
En ese orden, se aclara que la dificultad para encontrar empleo es mayor en
el caso las jóvenes de 15 y 24 años: en 2006 un total de 35.6 millones de
mujeres jóvenes buscaban una oportunidad laboral.
Frente a esa realidad, son más propensas que los varones a sentirse
desalentadas y a perder las esperanzas de convertirse en personas
económicamente activas. Se trata de las trabajadoras desalentadas.
También quieren un empleo, pero ya no lo buscan porque consideran que no
hay ninguno disponible. En países como Alemania, Australia, Austria,
Bélgica, Grecia, Holanda, Noruega y Portugal, unas dos terceras partes del
total de las personas con edad para trabajar son mujeres desalentadas. Esa
proporción sube hasta casi 90 por ciento en Italia y Suiza.
Todas estas características ponen en evidencia una mayor vulnerabilidad de
las mujeres en el mundo del trabajo. Aún siguen enfrentando dificultades
para participar en el mercado laboral y particularmente para encontrar
empleos decentes y productivos.
07/CV/GG
Resumen de Cimacdiario, Vol 47, Envío 33
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