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Categoría: SEXUALIDADES

Carta enviada al diario La Gaceta de Tucuman, de Feministas Inconvenientes

bettina 21/10/2009 @ 22:51
Fuente: Rima

Octubre del 2009

A los señores editores de La Gaceta de Tucumán

Son muchos los agravios que desde sus páginas se realizaron a las mujeres,
desde antes, durante, e incluso después de concluido el Encuentro Nacional
de Mujeres.
No vamos a referirnos a todos los artículos misóginos, lesbofóbicos, o a las
falsificaciones realizadas sobre los objetivos y el desarrollo del
encuentro, ni siquiera a la complicidad abierta desde este y otros medios de
comunicación local con la jerarquía de la Iglesia, en la prédica
fundamentalista contra los derechos de las mujeres, y de las diversidades
sexuales.
En este caso queremos aclarar puntualmente un tema, en el que se resume no
sólo la ignorancia y los prejuicios de quienes escriben estas notas y
quienes las publican, sino en el que se realiza una acción fuertemente
discriminatoria hacia una comunidad que ha sido históricamente vulnerada en
sus derechos, y estigmatizada socialmente como es la comunidad travesti.
Se señala en uno de sus artículos el día 12 de octubre, que en la marcha
realizada durante el Encuentro Nacional de Mujeres, se "infiltró un
travesti".
La terminología de "infiltración" recuerda a las crónicas policiales
dictatoriales. No nos llama la atención que en una provincia en la que la
impunidad ha permitido la continuidad de las políticas represivas, e incluso
la protección a las fuerzas policiales ligadas a la trata de mujeres, y a
los secuestros de las redes de prostitución, se siga utilizando un lenguaje
afin a esas crónicas.
Lo que queremos señalar, para información de quienes puedan leer ese
artículo, es que las compañeras travestis, como colectivo de resistencia a
la cultura patriarcal, solidario en las batallas de las mujeres por nuestros
derechos, hace muchos años que participan de nuestros encuentros por derecho
propio, y no como "infiltradas".
En esta oportunidad, en nuestra delegación de Feministas Inconvenientes,
participaron varias compañeras travestis, con quienes venimos compartiendo
la creación de un espacio de lucha anticapitalista y antipatriarcal, y
realizando esfuerzos comunes de denuncia de las diferentes opresiones,
incluida esta: la estigmatización y discriminación de un colectivo social y
cultural vulnerabilizado por las políticas hegemónicas.
Es por esto, que pidiendo que publique esta carta como aclaración para los
lectores y lectoras de su diario, nos reservamos de todas maneras el derecho
a iniciar acciones contra la fuerte carga discriminatoria que implica
pretender atribuir los enfrentamientos provocados durante la marcha por los
hombres armados por el fundamentalismo católico y evangélico, a la presencia
travesti en nuestra movilización.

Feministas Inconvenientes

--
¡¡CON LA RESISTENCIA HONDUREÑA!!

Hasta que caiga la dictadura...

www.panuelosenrebeldia.org

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Aplicación de la ley vigente sobre casos de abortos no punibles

bettina 03/10/2009 @ 14:39

 Reclaman la inmediata aplicación de la ley vigente sobre casos de abortos no punibles

jueves 1 de octubre de 2009

http://www.argenpress.info/2009/10/argentina-un-conservadurismo-que-mata.html

Esteban Stanich (PRIMERA FUENTE)

A pesar de que Código Penal de la Nación contempla la realización de abortos en situaciones determinadas, en la mayoría de los casos nunca terminan concretándose tiempo y forma. Incluso, terminan en procesos judiciales agravando aún más la situación traumática que viven estas mujeres. Ante esto, se acude a intervenciones clandestinas que pueden ser mortales. Advierten que la causal del aborto es el principal motivo de mortalidad femenina.

Pese a que en el Código Penal de la Nación está claramente establecida la no punibilidad de la práctica del aborto en diversos casos, la realidad de muchas mujeres que intentar ejercer este derecho es muy diferente.

En el marco del programa “Consenso de Estado contra la discriminación por género: Hacia la igualdad real entre mujeres y varones”, organizado por el INADI Delegación Tucumán, se realizó ayer un encuentro en el que se analizaron varios casos que ejemplifican la problemática existente a la hora de realizar un aborto legal.

En el debate se denunció la poca predisposición de médicos a ejecutar abortos legalmente permitidos en tiempo y forma. Incluso, se destacó que en la mayoría de los casos se obliga a solicitar autorización al Poder Judicial, lo que complica aún más el proceso.

Según la abogada santafecina Paula Condrac (Multisectorial de Mujeres), “no existe norma alguna en todo nuestro ordenamiento jurídico que indique que deba pedirse autorización judicial para realizar un aborto no punible contemplado dentro del artículo 86 del Código Penal”.

Por su parte, Miriam Maller (participa de la Campaña por un aborto legal y gratuito en Santiago del Estero), explicó que los casos judiciales se desarrollan con frecuencia en torno a planteos de “actores conservadores que incluyen a jueces que restringen o deniegan el acceso al aborto con argumentos fundamentados en la protección de la vida embrionaria o intrauterina.”

“A esa vida suele reconocérsele el estatus de titularidad de un derecho absoluto que se prioriza y lleva a denegar cualquier justificación para los permisos del Código Penal. Se trasladan valores que son absolutos, a derechos que no son absolutos”, agregó Maller.

Por su parte, la delegada del INADI Delegación Entre Ríos, Cristina Ponce, remarcó que la judicialización de estos casos posterga el aborto hasta un estado más avanzado del embarazo y a veces lo hace impracticable, “poniendo en mayor riesgo la vida y la salud integral de las mujeres que recurren, en la mayoría de los casos, al aborto clandestino”.

Cabe aclarar que el Código Penal de la Nación, desde 1921, contempla en su artículo 86 la no punibilidad de la práctica del aborto en casos de peligro para la vida o la salud de la mujer y cuando el embarazo sea producto de una violación o “atentado al pudor sobre mujer idiota o demente”.

En tanto, en el debate –realizado en la subsede del Colegio de Abogados de la capital- se analizaron las consecuencias que sufren las mujeres que, al no acceder a un aborto asistido por profesionales en forma legal, terminan sufriendo serias lesiones o perdiendo su vida.

En diálogo con primerafuente, Ponce reclamó la inmediata aplicación de un Protocolo de Atención Postaborto, que configura la forma en la que se deben atender a las mujeres que llegan a los hospitales con complicaciones producto de abortos realizados en forma inadecuada.

“Esta problemática no se presenta con el mismo nivel de complejidad para todas las mujeres. Las mujeres de nivel socioeconómico medio y alto acceden, en forma privada y sin mayores problemas, a la atención sanitaria adecuada en los casos en que requieren la realización de un aborto legal y –en general- no sufren complicaciones postaborto; mientras que aquellas mujeres de más bajos recursos ponen en riesgo su vida y su salud al verse obligadas a practicarse dichas intervenciones en la clandestinidad y en condiciones sanitarias deplorables”, expresó a primera fuente Graciela Cárdenas, titular de la Delegación local del INADI.

Datos alarmantes sobre esta realidad

Según los últimos datos oficiales disponibles del Ministerio de Salud de la Nación, las cifras en todo el país revelan una tasa de mortalidad femenina del 3,9 cada 10.000 nacidos vivos y un total de 79 muertes de mujeres por embarazos terminados en aborto sólo durante el año 2005. Este número revela que –aún con el alto grado de subregistro que caracteriza a la problemática analizada y a pesar de haber descendido en estos últimos años- la causal del aborto sigue siendo el principal motivo de mortalidad femenina.

Promueve la UNESCO lineamientos para la educación sexual de l*s jóvenes

bettina 11/09/2009 @ 01:30

México
http://www.clam.org.br/publique/cgi/cgilua.exe/sys/start.htm?UserActiveTemplate=%5FBR%2C%5FES&infoid=5835&sid=23

04/09/2009 – La jornada – México, DF

Por primera vez la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) se pronunció sobre educación en sexualidad y aseguró que son pocos los jóvenes que reciben una adecuada preparación en esta materia, a pesar de que se trata de un aspecto inherente a la vida humana, la cual, además, no se puede entender sin hacer referencia al género y la diversidad.

Texto completo

El ser mujer

bettina 02/04/2009 @ 02:39
Destacados del CLAM

http://www.clam.org.br/publique/cgi/cgilua.exe/sys/start.htm?infoid=5222&sid=21&UserActiveTemplate=_ES


Al finalizar su presentación durante un Seminario en la Universidad Federal de Santa Catarina (NIGS/UFSC) en 2007, la transexual Bárbara Graner cuestionó: “No entiendo porqué solo una cirugía genital permite que una mujer sea llamada mujer. ¿Sólo la vagina es atestado de que una es mujer? ¿La cuestión de la femineidad y del nombre tienen que estar ligados al órgano sexual?” Dicho eso, se levantó de su lugar y golpeando repetidamente en la mesa, dijo alto y fuerte: “!Soy mujer, me siento mujer, entonces soy una mujer!”

Si bien el 8 de marzo –oficializado en 1975 por la ONU como el Día Internacional de la Mujer– en un comienzo se refería solamente a las mujeres asignadas biológicamente como tales que sufren en una sociedad sexista, cabe aquí, frente a la afirmación de Graner, reflexionar sobre “qué es ser mujer” en tanto que la dicotomía entre sexo y género y la idea de que el género sea un efecto del sexo biológico, es objeto de continua discusión en los estudios de género y feministas.

"Ser mujer es una construcción social y cultural”, explica la socióloga chilena Teresa Valdez del Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer, CEDEM. “Históricamente –continua–, las culturas han construido su idea de ser mujer sobre el cuerpo sexuado; es decir, a un sexo se ha asignado un género. Ser mujer no es sólo la construcción social y cultural sino de un modo contundente, una construcción subjetiva. Ser reconocida mujer es también una necesidad y es ahí donde se produce la tensión con la propia subjetividad, en que puedo sentirme mujer pero que no me reconozcan como tal. En este contexto hay que entender la rebeldía y el enojo de Bárbara Graner: cuánto pesa el cómo ella se siente y cuánto pesa lo que el entorno social considera atributos necesarios para reconocer a una mujer.”

En este punto la opinión de Valdez converge con la de la activista travesti colombiana Diana Navarro Sanjuán, directora de la Corporación Opción, para quien la pertenencia al género femenino está “más allá de tener órganos genitales y sexuales femeninos, ya que el género no tiene que ver con nuestra fisiología. Independientemente de un carácter fisiológico genital, las personas de sexo masculino que tenemos una construcción identitaria femenina somos mujeres”.

A partir de que Simone de Beauvoir declarara que no se nace mujer, el papel del sustrato biológico y social en la constitución de las nociones de hombre y mujer ha marcado las discusiones teóricas y políticas en relación a lo que significa ser hombre y ser mujer. “Desde el punto de vista biológico la mujer es un ser humano con cromosomas XX; pero, desde el punto de vista cultural, no hay una sola forma de ser mujer” comenta la antropóloga Marta Lamas, directora de la revista mexicana Debate Feminista. “No es lo mismo ser una mujer en un país musulmán, que en un nórdico, que en México. No existe La Mujer, sino muchas formas de ser mujer que están cruzadas por cuestiones generacionales, de clase social, de ubicación geográfica, de creencias religiosas o ideológicas”, puntualiza.

En la misma dirección caminan la antropóloga brasileña Anna Paula Vencato –quien no cree que sea posible dar una definición objetiva de lo que es ser mujer  al no existir “una especie de esencia compartida” por todas las mujeres que defina una "mujeridad" – y la activista argentina Alejandra Sardá, integrante del Espacio Latinoamericano de Sexualidades y Derechos Mulabi , quien considera que ser mujer es una categoría identitaria y una convención social, que “ofrece la posibilidad de cambiarle su significado a medida que las circunstancias sociales lo exijan”.

Profesora de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), actualmente Vencato realiza la investigación "Existimos pelo prazer de ser mulher: corpo, gênero e sexualidade em homens que praticam crossdressing”, para su tesis de doctorado (PPGAS/IFCS/UFRJ). La investigación, de base etnográfica, fue realizada básicamente en eventos del Brazilian Crossdresser Club (BCC) y a través de internet. “Crossdressers no son mujeres y no se ven como tal. A grosso modo se podría decir que son hombres que ‘se visten de mujer’ o que efectivan el ‘deseo de vestirse con ropas y accesorios femeninos’, por mas que el crossdressing sea algo un poco más complejo que esto. Asimismo, la noción de femenino que usan para montarse es bastante peculiar. Es un ‘montaje transitorio’, realizado en algunos momentos específicos, que envuelve grados variados de intervención corporal, dependiendo de lo que se pretende en términos de resultado final de aquella producción. De modo general, las crossdressers se inspiran y buscan realizar en sus montajes cosas que observan en las mujeres y que admiran y les parece bonito o interesante”, explica la investigadora.

Desde estas perspectivas, en vez de referir a una esencia común, pensar en la noción de mujer supone acuñar una categoría permeable a múltiples sentidos que, en palabras de la antropóloga brasileña Regina Facchini (PAGU/UNICAMP), esté “siempre abierta a incluir todas aquellas diferencias que demanden el reconocimiento de las personas en cuanto mujeres”. Facchini es autora de la tesis de doctorado “Entre umas e outras: mulheres, homossexualidades e diferenças na cidade de São Paulo”, defendida en la Unicamp en 2008, para la cual trabajó con mujeres que tienen relaciones afectivo-sexuales con otras mujeres, con edades entre 18 y 65 años y diferentes inserciones étnico-raciales y de clase. Además de los bares y discotecas lésbicos, realizó observación etnográfica en una red situada en la periferia de São Paulo, otra formada por frecuentadoras de un clube sadomasoquista y una red de jóvenes feministas autodenominadas “riot girrrrls” o “minas do rock”. “El trabajo de campo me forzó a relativizar el uso de la categoría ‘mujer’. Encontré personas nacidas con sexo biológico femenino y que se consideraban ‘hombre trans’ o ‘entendidas’, buscando una expresión de género mas ‘masculina’. La ‘masculinidad’ estuvo más presente especialmente entre mujeres de estratos sociales más bajos, sufriendo modulaciones de acuerdo con la generación y componiendo masculinidades más rígidas entre las más viejas (que valorizan el ‘respeto’) y masculinidades más próximas al mundo del hip-hop o de los estilos juveniles predominantes en las periferias, entre las mas jóvenes. La propia categoría mujer no consigue abarcar algunas expresiones de género, composiciones y recomposiciones de piezas del rompecabezas de los procesos por los cuales esas “mujeres” diferentes, se tornan sujetos corporeizados, gente de carne y hueso”, explica.

Significar lo femenino

Del mismo modo en que hablar de “mujer” supone pensar en plural, referirse a lo femenino trae a la luz los diferentes formas en que esa idea se materializa, y en qué cuerpos lo hace, es decir, diferentes femeninos. “La manera en que las mujeres u otras personas incorporan aspectos de las feminidades existentes está informada por ciertas convenciones sociales que varían, considerando elementos diversos del contexto específico en el cual determinada persona está inserta”, argumenta Anna Paula Vencato. Para la investigadora, hablar de las convenciones sociales que atraviesan la construcción de los diferentes femeninos implica “entender que estas construcciones ocurren de forma bastante compleja, a través de la incorporación de y la negociación con diversos factores, tales como los marcadores sociales de la diferencia o los grados de identificación y distanciamiento de una determinada persona en relación con un conjunto de costumbres o valores sociales específicos”.

El antropólogo brasileño Jorge Leite, profesor en el Departamento de Sociología de la Universidad Federal de San Carlos (UFSCar), nos recuerda que nunca ha habido consenso sobre qué significa ser mujer o ser hombre, sino “apenas momentos en que determinada visión se torna hegemónica” y se naturaliza. Lo mismo sucede con la noción de femenino: “en nuestros días, que una mujer sea hincha entusiasta de un equipo de fútbol no es considerado como algo contrario a la femineidad. Sin embargo, décadas antes aquí en Brasil, para los valores culturales este hecho era un señal clara de falta de femineidad, una ‘masculinización’ de la mujer. Hoy en día son las mujeres físicoculturistas quienes sufren este tipo de prejuicio”.

Jorge Leite es autor de la tesis “Nossos corpos também mudam: sexo, gênero e a invenção das categorias ‘travesti’ e ‘transexual’ no discurso científico”, defendida en noviembre de 2008, en la Pontifícia Universidade Católica de São Paulo (PUC/SP). Su trabajo de campo fue sobre las travestis y transexuales que trabajan y viven en la región central de São Paulo.

A grandes rasgos puedo decir que la construcción de lo femenino entre las travestis se da a través de la toma de hormonas, implante/aplicación de silicona y, principalmente, un intenso y constante proceso de ‘encarnación’ de las normas de género (en este caso, el femenino) vigentes en el período, sin dejar de lado determinados elementos asociados a la noción de virilidad masculina, en especial en lo relacionado a las prácticas sexuales. De cualquier manera, siempre es importante recordar que, la gran mayoría de las personas que se autoidentifican como travestis aquí en Brasil, no se reconocen como mujeres”, dice Leite.

Sin embargo estas deconstrucciones conviven con modelos hegemónicos marcados por un orden de género que construye lo femenino sobre el hecho reproductivo, es decir, sobre la maternidad y la conyugalidad heterosexual. Para Diana Navarro Sanjuán, los paradigmas sociales del deber ser femenino ponen tanto a las mujeres así designadas al nacer como a las transgénero en el lugar de tener que validar y reproducir estereotipos. “Muchas de nosotras copiamos aún modelos de lo que nos han impuesto como femenino: tetas grandes, cuerpos ampulosos, cintura pequeña, caderas amplias, muslos gruesos, brazos delgados, poca musculatura, vientres planos, ausencia de vellosidad, uñas y cabelleras, el uso de maquillajes, vestuario y accesorios que permitan identificarnos como parte de las múltiples formas de ser mujer”.

Según la activista, comportamientos sumisos y casi monacales que replican los estereotipos negativos del deber ser de la mujer condicionan el tipo de mujer que las mujeres trans quieren ser. A su vez, las investigadoras consultadas coinciden sobre el lugar privilegiado de la maternidad en las convenciones de lo femenino. “Hay un mito respecto a que el destino de una mujer es ser madre y que lo que va a confirmar su feminidad es ese hecho biológico; por el otro lado, cómo está construida esa feminidad, con los valores de la maternidad, es un acto de abnegación en aras de ocuparse de los hijos”. Pero el tema de la maternidad no es un tema de biología. Hay muchas mujeres, sean transexuales o no, que han adoptado hijos y que son muy buenas madres”, argumenta Marta Lamas.

En la misma línea, para Alejandra Sardá la veneración femenina de la maternidad, que se complementa con la de la paternidad masculina “es uno de los tabúes más resistentes, que daña seriamente la posibilidad de pensar e implementar políticas serias de salud y derechos reproductivos; pero también la de encontrar nuevas formas de feminidad. Desde hace bastante tiempo hay, a nivel mundial, movimientos críticos que justamente están reformulando la condición humana, a partir de un reconocimiento de la diversidad sexual, de género, de opciones en muchos sentidos. Valorar la diversidad rompe con esos esquemas monolíticos de ser hombre o mujer”.

En palabras de Regina Facchini, “pensar cómo reconocer la diversidad de quien se reivindica mujer talvez sea la política de solidaridad más importante” para lograr que cada 8 de marzo sea un espacio para conmemorar todas las posibilidades que supone la palabra mujer.

Arranca campaña contra la homofobia

bettina 30/03/2009 @ 18:08
Ver como pdf 29-03-2009


Rebelión


Ips
El silencio y las miradas de duda que siguieron a la invitación del moderador a participar en el debate fueron quedando atrás poco a poco luego de que una estudiante de derecho pidió, entre otras propuestas, que la educación sea en ambos sentidos para que las personas homosexuales "nos ayuden a aceptarlas".

Quizás sin quererlo, la estudiante Bárbara García rompió de verdad el hielo. Los testimonios de hombres y mujeres que defienden su orientación sexual a contrapelo de prejuicios e incomprensiones mostraron a los presentes una realidad que probablemente muchos y muchas desconocían, la consideraban ajena o la conocían de manera distorsionada.

"Hay personas que se suicidan por su orientación sexual (…). No vamos a hablar de las lesbianas, que son reprimidas por mujeres y lesbianas", dijo Alberto Roque, quien se presentó como gay, médico especialista y miembro del Partido Comunista de Cuba.

Poco después, Ema confesó que fue creyente de una religión protestante e intentó quitarse la vida cuando descubrió que era lesbiana, lo que luego asumió y ya no esconde. "Creo que tiene que abrirse un sentido de respeto. No hablo de tolerancia, ni de aceptación, sino de respeto hacia lo diverso", reclamó Roque.

Fue el comienzo de la Campaña por el respeto a la libre orientación sexual de 2009 que bajo el slogan "la diversidad es natural", intentará contribuir a "la educación de toda la sociedad, con énfasis en la juventud universitaria, en el respeto a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género como ejercicio de equidad y justicia social".

El Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) no puede hacer sólo este trabajo, por eso hemos convocado a la juventud, de aquí saldrán los futuros profesionales y dirigentes de la sociedad cubana, dijo Mariela Castro, directora de esa institución que desde 2004 desarrolla un amplio programa a favor de la diversidad sexual en Cuba.

El programa comenzó este jueves con un foro-debate realizado a salón repleto en la Casa de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), de la Universidad de La Habana, con participación de alumnos, algunos profesores, personal de Cenesex y representantes de la comunidad gay.

Para la profesora de la Facultad de Biología María Fuentes, el espacio creado es excelente, porque los jóvenes son agentes de cambio. "Es una estrategia de futuro", recalcó, la académica, quien sólo lamentó que entre los asistentes no figuraban alumnos de su cátedra.

Según la convocatoria lanzada por el Proyecto de Diversidad Sexual del Cenesex, la campaña incluye acciones educativas del Programa Nacional de Educación Sexual, actividades grupales de reflexión, talleres, video-debates", charlas e intercambios "que estimulen y promuevan la reflexión y el debate entre los jóvenes universitarios".

"Queremos este año centrarnos en poblaciones que multipliquen y puedan hacer más, como es el caso de la universitaria", dijo Castro. Con ese objetivo, el Cenesex comenzó a preparar a integrantes de la Unión de Jóvenes Comunistas y la FEU en la Habana, algo que posteriormente se extenderá a las provincias.

En declaraciones a IPS, la directora de Cenesex dijo que este año la celebración en La Habana del Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia se llevará a cabo el sábado 16 de mayo y estará dedicado a los jóvenes, pero también a la familia, para que "padres y madres" puedan "comprender mejor" a sus hijos homosexuales o transexuales.

Añadió que aún se desconoce la fecha en que la Asamblea Nacional del Poder Popular incluirá en su agenda de trabajo un proyecto de reforma al Código de Familia, vigente en Cuba desde 1975, que contiene propuestas sobre identidad de género y derechos de las llamadas "minorías sexuales".

"Este trabajo que estamos haciendo nos ayudará a ir moviendo los prejuicios que hay detrás de estos procesos", dijo.

Castro indicó también que la Iglesia Católica elevó sus criterios adversos ante las autoridades. "Han estado dialogando (...) estaban preocupados por los matrimonios de homosexuales y se les aclaró que no es eso lo que se estaba haciendo", como tampoco se está proponiendo la adopción de niños por parte de parejas homosexuales, afirmó.

La propuesta contempla el reconocimiento legal de la unión entre pajeras del mismo sexo, con los mismos derechos de los que gozan las parejas heterosexuales unidas consensualmente.

En cuanto a las operaciones de cambio de sexo en personas transexuales, aprobadas en junio del pasado año mediante una resolución del Ministerio de Salud Pública, otra de las preocupaciones de la Iglesia Católica y de otras denominaciones religiosas, Castro señaló que esa decisión permanece vigente.

La resolución número 126 suscrita por el ministro de Salud Pública, José Ramón Balaguer, establece la creación de un centro de atención a la salud integral de las personas transexuales, como la única institución en el país autorizada para realizar tratamientos médicos totales o parciales de cambio de sexo.

Balances Regionales

bettina 21/03/2009 @ 21:44
CIUDADANIASX
 
Balance Regional 2008: VIH/SIDA PDF Imprimir Enviar

“En SIDA, la agenda continúa siendo: El respeto a los derechos humanos de las minorías sexuales; el acceso a servicios de atención y prevención, sin discriminación; la participación en las políticas y planes públicos”.

Con la participación de Lídice López, Coordinadora Regional CSAT - LAC, Coordinadora del Observatorio Latino y Coordinadora del Departamento de Advocacy de AID FOR AIDS Perú; Carlos Cáceres, Profesor Principal de Salud Pública de la Universidad Peruana Cayetano Heredia y Director del Instituto de Estudios en Salud, Sexualidad y Desarrollo Humano; y Alejandro Brito, Director General de Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana, AC.

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Balance Regional 2008: Derechos Sexuales PDF Imprimir Enviar

“Lo importante es el desafío, que se le ha planteado al sistema de salud sobre la incorporación de los asuntos y los derechos de las personas LGBTI”

Participan: Tim Frasca de la Comisión Latina del Sida, EEUU; Alejandra Sardá, integrante del Espacio Latinoamericano de Sexualidad y Derechos – MULABI; y Marcela Sánchez Buitrago, Directora de Colombia Diversa.

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Balance Regional 2008: Salud Reproductiva PDF Imprimir Enviar

“Sólo una historia no patriarcal podrá registrar los daños ocasionados por la política de la mordaza, son incontables, genocidas medidas contra las mujeres y contra el mundo”.

Responden: Cristina Grela, Directora del Programa Nacional Prioritario Salud de la Mujer y Género de la Dirección Nacional de Salud del Ministerio de Salud Pública de Uruguay; y Susana Chávez, Directora de la ONG Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos - Promsex.

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De los peligros del amor romántico y las políticas de género

bettina 06/03/2009 @ 05:00
MujeresNet
http://www.mujeresnet.info/2009/03/de-los-peligros-del-amor-romantico-y.html


Por Enrique Jimeno Fernández Cardedue
Profesor, con interés en el estudio de la evolución de las identidades masculina. Barcelona, España.

En un reciente artículo de Marta Selva, presidenta de l'Institut Català de les Dones, titulado Desaprender la violencia[1], la autora daba cuenta del esfuerzo institucional que se está realizando por “desarticular los mecanismos implicados en el concepto del amor romántico”, al parecer una creación cultural extraordinariamente peligrosa, porque favorece las relaciones abusivas y la violencia de los hombres sobre las mujeres con sus mensajes de entrega total por un lado (la mujer) y de dominio por el otro (el hombre).

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LOS CORSES DEL GENERO

bettina 01/03/2009 @ 15:00

http://mujerymas.wordpress.com/2009/02/13/los-corses-del-genero/

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Al ceñir el discurso feminista la diferenciación de género exclusivamente a la diferenciación sexual el discurso adoptado por los movimientos homosexuales basado en el anterior concepto que el feminismo usa para la diferenciación, enmarca a estos movimientos de una forma involutiva en lo que se denomina “el inconsciente político”, quedando su discurso enmarcado en el mismo heteroconceptualismo o lo que es lo mismo una imagen espejo del heteropatriarcado que a partir de ahora denominaré neohomopatriarcado, no consiguiendo de esta manera desligarse de los discursos culturales dominantes que se dan en nuestra época actual.

 

La conceptualidad de relacionar diferenciación de género  a la diferenciación sexual está basada en una oposición histórica y universalizada de los sexos biológicos, empobreciendo así la propia diferenciación entre mujeres y mujeres, puesto que existen tantos género mujer como identidades femeninas no sujetas al concepto biológico exclusivo y excluyente de mujer, sino haciéndolo ampliable a cualquier sujeto sea cual sea su primigenia sexualidad genital.

 

El autentico problema, real y tangible, que escapa por su propio peso especifico a cualquier disertación filosófica o de pensamiento constructivista, es la ubicación sociocultural y por ende laboral de las identidades de género migrantes, es decir que transitan desde un concepto clásico de género masculino a otro femenino y viceversa, aquí está la principal cuestión, ¿por qué de un concepto clásico a otro?, ¿por qué no hacerlo cuando desterremos los conceptos clásicos y aún así actuales de género?. Mientras tanto los sujetos que transitamos deberemos divagar por el camino, repensando en nuestra identidad y como deseamos reconstruirla, hasta que llegue el momento que entre todas las corrientes del pensamiento unifiquemos valores y bases de trabajo para dejar a un lado el género como sexo biológico.

 

Haizea Caballero Ruiz.

Sobre la hoja en blanco del deseo

bettina 26/01/2009 @ 17:29

SOY 

Viernes, 23 de Enero de 2009

Contra lo que suele suponerse, identidad de género y orientación sexual no se inscriben ordenadamente sobre los cuerpos. Al contrario, el guión del deseo y la experiencia vital se escribe a diario cruzando todas las barreras del sentido común: genitales masculinos, identidad femenina, deseo lésbico, por ejemplo, pueden convivir en la misma y personal historia; y ésa es sólo una de muchas posibilidades.

Por Alejandro Modarelli

Su fisonomía y el nombre que ha elegido no se llevan bien. Al verla, nadie diría: “He ahí a Agostina”. Los ojos de quienes la miran son siempre insuficientes para detectar su hondura femenina bajo la superficie machorra, y no pueden ver más allá de una figura de cuarentón medio compadrito. Así como no hay documento de identidad que registre su secreto nacimiento como mujer dentro del cuerpo biológico de un varón, tampoco hay espejo todavía que refleje el mínimo indicio de esa epopeya privada. Agostina parece, les aseguro, un tipo canyengue de camisa y pantalón, en el que el gesto amanerado, si lo hay, remitiría más bien a la cintura quebrada del bailarín de tango, el comercio cariñoso entre los dedos y el pelo, un poco demasiado negro, engominado y prolijamente atado en la nuca.

En su niñez, no obstante, descansaba ya de toda esa mampostería masculina en unas ropas sinceras e íntimas que usurpaba a la madre, en la soledad de su dormitorio. Más allá de su voz y los modales, o sus trajes clásicos de ejecutivo, Agostina fue creciendo en forma dolorosa en una cuna bajo la conciencia, sin ser al principio reconocida más que por un psicólogo, que un día en el consultorio le dijo: “Martín, habría que ir pensando si esta experiencia íntima que contás, que tanto te hace sufrir, no se trata, como creíamos, de travestismo ocasional sino más bien de otra cosa más profunda del orden de tu identidad, que habría que enfrentar y aceptar”.

Para el terapeuta, había un nombre para esa certeza que tiene Agostina de que sus genitales, con los que fue arrojada al mundo, contradicen la propia percepción de pertenecer a un género donde cree que llevarlos se convierte en una catástrofe anatómica. Se trataría, dijo, de la vía alterna del transexualismo, un término en apogeo entre los psiquiatras ya en los años ‘50, para distinguirlo de lo que se llamaba desde mucho antes “travestismo”. Aquella conciencia de desgarro, se supone, es diferente a la experiencia de género de las travestis, donde se convive y hasta se goza con la propia genitalidad, o las prácticas cosméticas y acotadas de las crossdressers, muchas de ellas montadas en la imaginería femenina apenas los fines de semana, unas veces como parte de una performance iridiscente; otras (soy testigo) sólo con el objetivo nocturno de cazar chongos difíciles.

Agostina aparece de noche en la cubierta del barco en el que hizo su hogar, y desde el que ahora saluda a sus invitados. El camino al Club Náutico de San Fernando, que nos condujo hasta ahí, se volvió breve mientras oíamos su historia de boca de Alicia, una amiga suya que reasignó su sexo en el año 2006, y la ayuda ahora en ese complejo recorrido, donde la estación final, de haberla o de desearla al cabo, es la vagina: “Agostina recién se está hormonando, y todavía no hay en ella ningún signo de feminidad. Es muy masculina, en eso llama la atención. Es que carga con la sobreadaptación. Es decir, peleó tanto contra el sentimiento de ser mujer, y se avergonzó tanto, que terminó adoptando los modales de un chongo. Actúa así, por hábito”.

Alicia, que fue Alejandro, se reconoce en esa sobreadaptación de Agostina a las formas masculinas. Hasta pasados los cuarenta años vivió en matrimonio, con una hija y un puesto gerencial en una multinacional, a la que se vio obligada a renunciar. Había jugado al rugby, manejado lanchas, vestido por un tiempo el uniforme militar. El matrimonio no la hacía infeliz, pero el fingimiento de una esencia viril, sí. Había amado a su mujer, aunque tuvo que ocultarle hasta donde pudo la valija con ropa femenina que escondía en el baúl del auto, y las aventuras en público cuando iba vestida de acuerdo con su verdadero género, midiendo la reacción de las miradas: “Cuando se lo conté a mi esposa hubo un período de separación, pero volvimos a convivir con la promesa de que yo iba a renegar de mi verdadera identidad. Se terminó pronto el intento, y además perdí el trabajo cuando anuncié que me operaba. ¿Si sigo considerando deseables a las mujeres? La verdad es que puedo enamorarme de una mujer o de un varón, y tener buen sexo. Yo soy medio lesbiana, digo siempre. Y por más rechazo que sentía por mis viejos genitales, disfrutaba con mi esposa. Hubiera seguido casada, ya operada, si hubiese podido. Mi disforia no pasaba por la orientación sexual o la atracción circunstancial”.

Así parece ser. Eros es poeta barroco, como el universo en acción, y casi siempre deja de explicarse en un lenguaje diáfano, porque lo cree insuficiente. La atracción o el deseo son siempre desbordantes, incluso en su porción de pena, y la identidad de género no es pareja obligada de la orientación sexual. Agostina no ha tenido más sexo que con mujeres y ni piensa en varones más que para la amistad. De pie junto a ella, en la proa del barco, una chica de veintitantos actúa como su primera dama. Esa belleza del Paraguay que se llama Valeria y estudia medicina, incluso si fue amante suya alguna vez, pronto será reconocida por la Justicia como su hija adoptiva y no como esposa. La historia de ese ya lejano encuentro entre una mujer biológica como Valeria y una mujer secreta como Agostina no pertenece a la tradición poética del amor loco, o de la prostituta rescatada por un hombre de bien, sino a las historias de orfandades solidarias. El escenario de esa confluencia fue, sí, un prostíbulo del conurbano en el que la paraguaya había sido encerrada desde la adolescencia y adonde llegaron “de putas” Agostina con unos amigos. La primera visita fue la de obvio reforzamiento de vínculos masculinos, juegos bobalicones de sobreadaptación. Las tres visitas posteriores fueron ya solitarias, y tuvieron como destino que Valeria pasara a compartir la casa de Agostina. Y hoy espera convertirse en su hija. Fue precisamente ella quien, a través de Internet, se ocupó de vincular a su futura madre de adopción con una organización que pudiera orientarla. Fue ella, también, quien la rebautizó con el nombre de Agostina; no pregunté la causa. Ya se sabe: los disidentes sexuales atraviesan en su destierro sucesivos nacimientos, muchas veces por fuera de los vientres y cuando las familias biológicas, como la de Agostina, renuncian al amor o el reconocimiento. Aparecen entonces hadas queer, o hijas espontáneas como Valeria, que al revelar el error como un hermoso campo de trascendencia individual, diluyen aquellos lazos de sangre que atan y hieren o los registros civiles que buscan siempre fijar aquello que se resiste o dejó de existir.

No hay sexualidad que no nos haga, por un momento, extranjeros para nosotros mismos, como el título de Julia Kristeva. Donde, de pronto perdidos, debamos adoptar otra lengua. Las novias de Agostina, cuando vieron que ella vestía su intimidad con tangas y bragas, habrán sentido que apoyaban su propio placer en una geografía nueva. “Me parece que muchas aceptaron seguir adelante por interés. Pensá que este barco impresiona, soñarán con una vida de rica junto a un empresario que verán como un loco. Valeria las huele rápido y trata de frenar el asunto.” Alicia calla enseguida cuando ve a su amiga acercarse. Agostina se presenta como Martín. Recién cuando se hacen las tres de la madrugada y decae el karaoke, que arranca a los tímidos un mundanismo fugaz, se refiere a sí misma como Agostina. Entre los invitados hay conocidos suyos de siempre que la llaman sólo con su nombre de nacimiento. Uno de ellos dice al oído de otro que “para mí es un gay que no se asume”. Quizás esa constatación, tan diáfana, lo tranquilice, porque siente que Martín es Martín. Aquellos otros que somos contemporáneos de su renacimiento sabemos desde el vamos que su cuerpo visible, vestido como está, es un trompe l’oeil, un falso indicio que nada dice todavía de su verdadera identidad de género. A quien saludamos, entonces, es a Agostina y no a Martín. No importa si ella en su exilio nos habla todavía de sí con el género masculino, es decir en la lengua de sus padres. Ese encierro gramatical es apenas consecuencia del temor a desterrarse para siempre. Tampoco sabemos si guardará entre sus planes la reasignación quirúrgica, o aceptará en cambio, siendo transexual, convivir con el irritante huésped entre sus piernas como lo hará con otra mujer cuando se enamore y la correspondan. Dentro de poco, el trabajo partero de las hormonas femeninas hará perceptible la transformación de su cuerpo: “Siento los cambios en la piel, un ardor en las tetillas. Pero todavía no me animo a presentarme en sociedad vestido como Agostina. Lo único que puedo confesarte es que llevo bombacha debajo del pantalón. Con Alicia me estoy sintiendo cómodo para usar ropa femenina. El otro día le pregunté si no le molestaba que me pusiera la ropa delante de ella, que eso me relajaba, me hacía sentir bien después de todo un día de estrés. Me quedé así en el dormitorio, charlando. A mis amigos, varones y mujeres, les debo todo ahora, y no te digo cuánto a Valeria. Pensá que mis padres no me quieren ni ver. Si me llegara a operar, cosa que sueño, ojalá pueda encontrar una compañera...

Cosa que sueño”, dice Agostina. En el mudable universo, la operación es, apenas por ahora, un destino posible. “¿Pero entonces, si no se opera, será apenas un travesti?”, pregunta el amigo de siempre al cirujano plástico detrás de la mesa de los sándwiches. El cirujano, que la estudia, no sabe bien qué responder. Para esos dos varones straight existe una dicotomía travesti/transexual que necesariamente fuerza una solución final para sostenerse. El quirófano celestial querrá hacer de Agostina una mujer inteligible, aunque en su caso lesbiana.

Ann Bolin, a través de sus estudios en la Sociedad Berdache, llega a la conclusión de que el paradigma de género de Occidente, que no da respuesta a la multiplicidad de posibilidades identitarias, oculta que la feminidad y la masculinidad no son estereotipos fijos sino que se expresan en un continumm sobre el que, por ejemplo, se desplazan de una manera más evidente (y ejemplificadora) travestis y transexuales. Que, para las travestis consultadas, por ejemplo, su diferencia con las transexuales es sólo una cuestión de grado. Por eso, Bolin reúne a unxs y otrxs bajo el término transgéneros de varón a mujer o a la inversa. La transgeneridad, en su deslizamiento entre puentes, impugnaría definitivamente el imperio de los órganos sexuales sobre el género de crianza, porque no hay ahí una relación inmediata entre ellos, y un varón transexual puede conservar su útero o, una mujer transexual si se opera, ser lesbiana. Contradiría así el guión de comportamientos sociales que les ha escrito la cultura tradicional a las mujeres y a los varones. Un guión en el que tiene su privilegio –que a veces es también su tortura– la voz del varón. De niña, mi hermana prefería el fútbol a las muñecas y nadie se opuso porque era una usurpación de roles muy simpática. Mi hermano, en cambio, acarició un día las muñecas y se las arrancaron con violencia, como si pudiera contraer por eso algo así como mujerismo mórbido. Yo, por suerte, o por astucia, cuando se trataba de asuntos serios, jugaba siempre a escondidas de mis padres.

La estridencia de un cuerpo pesado chocando contra el agua corta de golpe las charlas sinuosas en el living del barco. A pesar del frío de septiembre, Agostina hace de forma sorpresiva una performance de nadadora o, mejor, de clavadista. No se anda con gestos fifí a la hora de sorprendernos, y no tiene miedo a una pulmonía. Cuando sube las escaleras, empapada, sin haberse quitado antes el pantalón negro y la camisa blanca, me imagino que llegará el día en que, en otra pruebita como ésa, su ropa mojada dejará traslucir unos senos muy firmes. Y otros invitados varones la mirarán perturbados mientras ella reaparece después del chapuzón. Pero ojo: quien le vaya a echar la toalla a los hombros, y la bese con amor, no tendrá pito ni por asomo. Al menos por ahora ésa es la imagen que me hago de Agostina, operada o no, lesbiana parece que seguro, en un barco que esa noche flota en aguas raras, fuera de toda jurisdicción.

UN CLITORIS QUE OFENDE, UN PENE QUE PREVALECE

Al reclamar a los médicos que aparten la vista de los genitales de las personas intersexuales, la bióloga feminista Anne Fausto-Sterling cita en Cuerpos sexuados a la especialista en género Suzanne Kessler, para quien reivindicar a ultranza una identidad sexual separada con estereotipos fijos de varón o de mujer es un despropósito: “Debería admitirse una mayor variedad de varones o mujeres. Lo que tiene primacía en la vida diaria es el género, con independencia de la configuración de la carne bajo el vestido”, protesta Kessler.

Cuando los médicos posan su mirada en los cuerpos de los intersexuales, creen estar en presencia de una agresión contra el cosmos, una herejía anatómica. Esos órganos sexuales confusos, mixtos, incompletos, ponen en cuestión sus convicciones sobre las diferencias sexuales, tal como ellos las patrocinaron y se empecinan en transmitir. ¿Adónde dirigir entonces el bisturí? Un clítoris demasiado grande ofende a la feminidad que debe ser receptiva y púdica; un pene minúsculo no es una verga orgullosa ni un falo que prevalece, y por tanto esa nadita deshonra la masculinidad. Pero una vez tomada la decisión de favorecer a unos genitales o a otros, ¿concordará esa preferencia del médico con las preferencias sexuales del paciente? Es decir, ¿se afiliará éste al correcto orden heterosexual? ¿A cada pija mimada corresponderá un machito con todas las letras; a cada concha por la que se optó, eso sí con un poco de pena, le será destinada una hembra casadera?

Tanto los intersexuales como los transgénero interpelan desde su diferencia el sistema unívoco en que reposan el género y el sexo en Occidente. Por eso, apoyados en diagnósticos psicológicos, hay jueces que al favorecer la reasignación de sexo y el consecuente cambio del documento de identidad prefieren utilizar en lugar del nombre de persona transgénero, siempre lábil, el de paciente con trastorno de la sexualidad y la identidad. O con disforia de género, quizá por parecer revestidas todas esas categorías de una mayor legitimidad clínica y lingüística a la hora de los permisos judiciales.

Porque mientras que a lo trans –y a lo inter– equivalen como imagen inmediata, se me ocurre, fronteras porosas en las que el cuerpo y las identidades hacen y deshacen un poco por las propias, expanden o contraen sus elementos femeninos o masculinos, el peso médico-jurídico de la voz trastorno, síndrome o disforia pareciera buscar un anclaje definitivo y prolijo en uno de los polos admisibles tanto del sexo como del género. O se es varón o se es mujer, con la mayoría de los signos exteriores que hagan posible su identificación. Al malestar, o a la incertidumbre, ante el género de crianza le corresponderá, entonces, una salida custodiada hacia otra patria segura para que, con sus fugas o rebeliones, ni intersexuales ni personas transgénero develen la falsa consistencia del cuerpo sexuado de la sociedad. La patria heterosexual, por ejemplo, obliga a quien reasigna su sexo al divorcio previo, si estuviera casado, para que no se produzcan matrimonios homo-errantes.

Mediante profusas tutelas, médico y juez buscan evitar que, quienes ellos clasifican desde el trono como los trastornados, se independicen de sus manuales sobre desórdenes mentales donde se los confinó, como el DSM4, y salgan a la calle vestidos como se les canta, reclamando ante las instituciones por sus derechos civiles igualitarios y confundiendo a los vecinos bien nacidos y crecidos.

Tanto es así que sólo una vez que el diagnóstico de trastorno de la sexualidad y el debido divorcio hayan sido confirmados, y la Justicia dé vía libre a la intervención quirúrgica, se autorizará un nuevo documento de identidad, que no borra sin embargo el de nacimiento. Hasta hoy, este pasaje por la medicina y sus nomencladores funcionó como estrategia necesaria para que muchas personas transgénero pudieran conseguir que los jueces fallaran a su favor. Pero hay que recordar el reciente caso de Tania, una chica trans de Mar del Plata, a quien el juez le autorizó un nuevo DNI con nombre de mujer, sin que tuviera ella en mente la intervención quirúrgica. Como su representación de calidad mujeril no pasa por tener vagina o no, se le permitió el cambio documentario por el solo respeto a su identidad de género, es decir a su forma individual de sentirlo. Toda una asonada, esa sentencia, contra el sistema canónico que busca hacer del género de crianza una consecuencia directa y universal de la anatomía.

El sexo biológico de Tania no sería, por tanto, un supuesto error de la naturaleza que habría que subsanar mediante un bisturí. Ni, a diferencia de otras transexuales, la solitaria vía anal resultará para ella inadecuada, humillante o mezquina para sus goces de alcoba. Queda por saber si la Justicia admitirá que una mujer social que conserva su pene pueda contraer legítimo matrimonio con un varón que sí lo tuviera, o que no, en un país donde estos cruces heteróclitos tienen como escenario de discusión dilecto los sets de los peores programas periodísticos.

Por lo que veo, Tania está muy lejos de aparecer en el horizonte de la mirada social y jurídica como aparecía Agostina en la proa de su barco aquella noche en San Fernando. Nada hace intuir en ella una “configuración de la carne bajo el vestido” distinta de lo que marca la mirada. Lo mismo con Hernán, transgénero pero de mujer a varón, que no modificó todavía sus genitales, y con el que compartimos ahora una mesa y la charla.

Hernán es estudiante avanzado de medicina, y había ya obtenido las mejores calificaciones para acceder a sus prácticas en una clínica de prestigio. Pero desde que se hizo evidente el proceso de masculinización, las facilidades pedagógicas se interrumpieron. No le renovaron el permiso. Su lomo macizo, su barba corta pero indiscutida, y su abrazo de oso lo hacen atractivo para muchas mujeres y, quien dice, incluso para más de un manflor. Pero si hay algo del orden del deseo que enloquece a Hernán, por más que su ideal discursivo de pareja lleve vagina, son las travestis. La vagina es preferible al pene, dice, para una buena gimnasia amatoria, porque él es muy diestro internándose en grutas y a las propias les ha puesto por ahora una barrera que no levanta, ni nadie se lo ha pedido, para ser sincero. A Victoria, travesti que conoció en una campaña anti–sida en los bosques de Palermo, que por ahora no quiere ser otra cosa que una amiga, le cuesta hacerle entender a Hernán que no tiene intención de pasar por el quirófano para transformar en tangible una fantasía que en definitiva no es del todo la suya.

Y CON VICTORIA LOS CAMINOS SE REVELAN INFINITOS

“Al principio fui muy heteronormativa. Una travesti tenía que ser para mí bien femenina, y el plan perfecto no podía ser otro que un chongo en la casa, y con el tiempo operarme. Pero claro, ya te deben haber dicho que si una trabaja en la calle, reasignarte el sexo te complica los ingresos. Muchos clientes firmes, los que en definitiva te sostienen, buscan la fantasía de una mujer con pija, o a veces un varón con tetas. Tengo uno en Barrio Norte que está casado y cuando la mujer se va de viaje me invita, pero no para coger... ¡al viejo sólo le gusta vestirse de mujer y conversar conmigo como dos amigas, para que le dé consejos! Y eso él no lo haría por ahí si no me considerara algo muy específico, una travesti elegante. El quiere ver cómo evolucionó una en el estilo, cómo seguís en vigencia, conservando tu genitalidad. Por ahora el viejo se piensa como crossdresser, bien heterosexual, pero yo creo que por más chongo que parezca sueña muy adentro suyo con un buen par de lolas.” Victoria habla de sus clientes con extrañeza; todavía se sorprende de la variedad del deseo y sus expresiones pero, cuando se refiere a sí misma, se describe como algo no demasiado extraordinario.

“Con los años dejé de ser tan estructurada. Me hice muy amiga de otra travesti, con la que teníamos la parada juntas. Era bastante común que nos levantaran a las dos, y nos pidieran esas escenitas de trans-lesbianismo que a los tipos los hace sentir dueños de la hacienda. La simulación del placer dejó de ser simulación, y un día pasamos a ser pareja. Fue una experiencia fantástica, el vínculo que se origina es de protección mutua, te conocés como nadie va a conocerte, te sentís en paz con todo tu cuerpo. ¿Por qué las mujeres pueden ser lesbianas y las travestis no? No caigamos en un encierro.”

Si Eros es un poeta barroco, sus excesos formales no querrán prescindir del humor para develar la complejidad del deseo, ni las posibilidades de mutación y adaptación de los cuerpos sexuados. “Cada uno debe encontrar el punto de su goce”, decía Perlongher. Más allá de las identidades, útiles como estrategia de defensa política, pero demasiado insuficientes para agotar el universo expansivo de las sexualidades: lesbianas o trans de mujer a varón que se enamoran de travestis que tienen de pareja a otra travesti; trans de varón a mujer que se operan para amar a otra mujer. O una travesti entetada que, como aquella que reflejaba un espejo en el baño del antiguo Morocco, no buscaba más amante que su esposa de siempre, y sus hijos la llamaban no obstante papá, sin que eso signifique otra cosa que un destello humorístico del lenguaje, cuando se apagan ya los efectos de sus verdades.

DERECHO

bettina 04/10/2008 @ 22:25

En Página 12

PIRULO DE TAPA

“Siempre defendí el derecho a la unión civil. Creo que tenemos que

parar con la hipocresía en este país, porque sabemos que existe.

Hay hombres viviendo con hombres, mujeres con mujeres, y muchas

veces construyen una vida extraordinaria juntos, y por eso soy favorable.

Cada ser humano vive su vida como bien entiende, siempre que no

moleste la de lxs otrxs. Lo que tenemos que hacer es aprobarlo.”

(Del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, al declararse

a favor de la legalización de las uniones entre personas homosexuales.)


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      Tomo mis deseos por realidades, porque creo en la realidad de mis deseos (Francia, mayo de 1968)

      "...mientras ustedes harán uso de los medios suministrados por su posición –coaliciones, simposios, campañas, grandes nombres y todas aquellas medidas públicas que su riqueza y política influencia ponen al alcance de sus manos- nosotras, que seguiremos siendo extrañas, haremos experimentos” Virginia Woolf
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