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Categoría: MASCULINIDADES

Posmachismo

bettina 18/05/2009 @ 14:51

E.mujeres.net



José Antonio Burriel
18/05/2009
José Antonio Burriel

“El posmachismo comenzaba a organizarse alrededor de las nuevas circunstancias, no como una critica a las posiciones  tradicionales del patriarcado y de su manifestación en lo que popularmente ha sido considerado como machismo, sino como un cuestionamiento de las criticas a esas posiciones. Es decir, se adoptaba una cierta distancia respecto a las posiciones históricas de la propia cultura, se asumía alguna de las propuestas contraria a los postulados androcéntricos para cuestionarlos por su incapacidad para conseguir objetivos o por su inutilidad para llevar a cabo las transformaciones planteadas. Desde le punto de vista practico, esta actitud se traducía en una continuidad de lo previamente establecido, que no es otra cosa que el orden patriarcal (Miguel Lorente, “Los nuevos hombres nuevos”, pg. 44 y ss).

Con otras palabras –y el libro e Miguel Lorente es significativo, fundado y lucido, la ideología patriarcal-machista respondía al embate de la igualdad con un  estudiado método para seguir en el poder social y en el poder sobre las mujeres. Y los ejemplos están a la vista, empleo del falso síndrome de alineación parental, en muchos casos la defensa de la custodia compartida, y casi siempre la critica frontal a los avances de la mujer en pro de la igualdad, y los ataques a la Ley de Medidas de Protección Integral –denuncias falsas, las mujeres buscan beneficio, se contradice la presunción de inocencia, etc.-

No debemos engañarnos, quien ha ostentado el poder social, el hombre, no va a cruzase de brazos, va s internar seguir manteniendo el poder en la sociedad y sobre la mujer. Evidentemente, o va a hacerlo oponiéndose frontalmente a la igualdad, algo tan claro y rotundo que no puede contradecirse. Va a buscar vericuetos, trampas y falacias para conseguir su objetivo: seguir siendo el elemento dominante.

Recomendar el libro de Miguel Lorente va a ser tarea inútil para aquellos que están empeñados en oponerse al cambio social –un cambio que instala la justicia por medio de la igualdad y la libertad-.A pesar de ello lo recomiendo, porque es posible que su lectura y posterior reflexión ayude a cambiar actitudes y planteamiento.

Opiniones para analizar

bettina 08/04/2009 @ 17:36

http://cultural.argenpress.info/2009/03/elogio-de-la-mujer-brava.html 

Bueno, al final y ... más allá del discurso...

Elogio de la mujer brava

Héctor Abad (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!!!!!!!!!

El posmachismo ya está aquí

bettina 01/03/2009 @ 14:59

Miguel Lorente Acosta 

Escrito por ÁLVARO COLOMER/Elmundo.es/30/1/2009

El ‘hombre de confianza’ de Bibiana Aído escribió el libro antes de ser nombrado Delegado del Gobierno para la Violencia de Género. 

Los hombres de hoy en día no son tan distintos a los de antaño. Quizá parezca que defienden la igualdad de géneros, pero en lo más profundo de sus mentes continúan elaborando estrategias que les permitan perpetuar la dominación sobre las mujeres. Así pues, consciente de que los tiempos modernos requieren técnicas igualmente modernas, el género masculino, acaso de un modo inconsciente, ha urdido nuevas tramas para defender su posición de poder, la mayoría de los cuales se basan en los supuestos problemas que el acceso de la mujer a todas las categorías sociales ha traído al seno familiar. El médico forense Miguel Lorente Acosta analiza en ‘Los nuevos hombres nuevos. Los miedos de siempre en tiempos de igualdad’ (Destino) -un libro escrito antes de que fuera nombrado Delegado del Gobierno para la Violencia de Género- las renovadas estrategias de opresión masculina en la, así llamada, ‘era posmachista’.

* ¿Podría explicarnos qué es el posmachismo?

El posmachismo es la estrategia o actitud adoptada por los hombres actuales para perpetuar una trayectoria histórica común a todos ellos: cambiar para seguir igual. Los hombres se han adaptado a la parte más superficial del discurso feminista, pero a su vez lo han reelaborado para mantener intacta su posición social. Ellos han cambiado, pero todo continúa igual. El posmachista adopta una imagen sintómica con la igualdad, marcando incluso distancias respecto al modelo de convivencia patriarcal, pero denuncia hechos puntuales que les permiten lanzar una crítica que asegure su posición de dominancia. En otras palabras: el posmachismo no parte de una teoría alternativa para la nueva situación de igualdad, sino que simplemente cuestiona todo lo que ataca la posición tradicional del hombre. Y el desgaste que esta estrategia genera es suficiente como para perpetuar la situación de control sobre las mujeres. El hombre de hoy usa los elementos de lo posmoderno, como pueda ser la fragmentación del discurso, para mantenerse en el poder. Ejemplos: critica que algunas mujeres ponen denuncias falsas contra sus parejas, critica que las madres estén generando en algunos casos un Síndrome de Alienación Parental en los hijos, critica que haya que luchar excesivamente para conseguir la custodia compartida, critica que las mujeres ya han alcanzado la igualdad y que ahora sólo quieren obtener beneficios extras… Por tanto, el posmachismo no critica el discurso de la igualdad en sí, sino que cuestiona un montón de asuntos puntuales para deteriorar poco a poco ese mismo discurso.

* Su libro es una denuncia respecto a la estrategia de muchos hombres que fingen adaptarse a los tiempos modernos para asegurar el continuismo histórico. ¿Es usted pesimista respecto al avance de los hombres en la comprensión de los beneficios de la igualdad?

Yo soy optimista por naturaleza y el libro trata de explicar esta situación desde una posición esperanzadora. Sin embargo, cuando me di cuenta de que muchos padres usaban el Síndrome de Alienación Parental como argumento base de sus acusaciones y cuando también reparé en que se gritaba a los cuatro vientos que las mujeres ponían denuncias falsas, comprendí que ahí había algo más, que esos argumentos puntuales estaban dentro de una estrategia mayor. De alguna forma, mi libro trata de explicar que hay que detectar el problema del posmachismo antes de que sea tarde y se convierta en una posición sólida.

* Además, usted denuncia la paradoja del hombre que trata de adaptarse a los tiempos modernos defendiendo la nueva situación de la mujer y que, sin embargo, la culpa de los problemas que la igualdad de género conlleva. Pero, ¿no cree que muchos hombres viven esta contradicción entre el modo en que querrían pensar y el modo en que realmente piensan como un problema interno que incluso les puede doler?

Este punto es muy importante, porque le ocurre a muchos hombres. Pero no se puede olvidar que toda contradicción siempre hace que triunfe la parte más tradicional del pensamiento. En pocas palabras: ante un dilema, siempre gana la postura más continuista, la menos arriesgada. Por eso podemos afirmar que el posmachismo no es una ideología, sino una contracción que vive en el corazón de todos los hombres y que le obliga a lanzar una mirada fragmentaria sobre la realidad. Y debemos decirles que no deben mirar las cosas de un modo fragmentario, porque la vida siempre es un todo. Los hombres deben plantearse dos preguntas básicas: una, ¿por qué me da miedo la igualdad?, y dos, ¿por qué no hago una crítica a la desigualdad que ha habido desde la noche de los tiempos? El triunfo está en responder honestamente a ambas preguntas.

* En su libro usted habla de las nuevas ‘estrategias de ataque’ del hombre contemporáneo. ¿Podría resumirnos las principales?

La principal estrategia está en usar argumentos científicos para defender los errores de la sociedad igualitaria. El Síndrome de Alienación Parental es un claro ejemplo, porque se trata de algo real, objetivo, científico. No es algo etéreo, sino clínico. Así que los hombres lo usan para atacar a las mujeres. Pero también está la estrategia de la ‘neutralidad’, según la cual ellos dicen que no reclaman ciertas cosas por el hecho de ser hombres, sino por el hecho de ser padres, cuando en verdad la mayoría de estas críticas esconden un elemento machista evidente. La última estrategia es la del ‘bien común’, según la cual ellos no reclaman cosas para ellos mismos, sino para beneficio de la sociedad o los hijxs.

* El Observatorio de la Violencia ha manifestado en varias ocasiones que los adolescentes españoles son muy machistas, tanto ellas como ellos. ¿No está calando el mensaje de la igualdad?

Los niños de hoy en día son magníficos en asuntos de ecología, reciclaje, etcétera. Pero el tema de la cultura patriarcal no ha cambiado demasiado. Por eso el machismo es tan fuerte. Se creía que la sociedad superaría la mentalidad falocéntrica con el paso del tiempo, pero se ha comprobado que no es cierto. El machismo se perpetúa con una facilidad brutal. En nuestra cultura el universo de lo doméstico continúa regido por patrones tradicionales. La mujer ha salido a la calle y ha triunfado en el trabajo, pero en el hogar continúa asumiendo un rol tradicional, mientras que el hombre sigue mostrándose en casa como un ser distante, frío y autoritario. Y los hijos repiten el patrón porque ven que la actitud del padre provoca más beneficios que la de la madre. Por ejemplo: una importante revista científica publicó un estudio donde se demostraba sin ningún género de dudas que los hombres que asumían comportamientos machistas tenían más éxito social y laboral que los que se adaptaban a los nuevos tiempos. Los chavales perciben eso y, claro, quieren tener ese tipo de éxito. Un tipo de éxito que, por cierto, implica tener una mujer a tu lado que te ayude en todo y que te acompañe a los actos sociales, pero que no intervenga demasiado en la vida laboral. Tenemos mucho trabajo en este terreno.

* El posmachismo nació al amparo de la posmodernidad, pero, si ésta buscaba criticar el pasado, aquel pretende hacer lo propio con el futuro, es decir, que trata de alertar sobre los supuestos problemas que conllevará la emancipación absoluta de la mujer. ¿Cómo cree que el español medio ve el futuro?

Hoy todo el mundo acepta que la igualdad es positivamente irremediable. La diferencia está en que unos creen que todavía hay mucho trabajo que hacer y otros que el tren ya está encarrilado y que sólo hay que esperar un poco para que todo sea absolutamente igualitario. Pero en ambos casos domina la idea de que la igualdad total llegará.

* A lo largo de la historia pueden detectarse momentos en los que ha habido un avance en la lucha por la igualdad, pero a última hora siempre se ha producido un retroceso. Da la sensación de que todo es un proceso cíclico y de que mañana podríamos volver a la época del machismo más duro. ¿Qué hace pensar que el intento contemporáneo por conseguir la igualdad puede ser definitivo?

El proceso cíclico del que hablas se da porque los hombres dominan la historia. Por eso se perpetúa un modelo falocéntrico, porque la referencia cultural siempre es machista. Históricamente se detectan épocas en las que las mujeres eran más libres y básicamente se debía a que el hombre las tenía tan atadas que podía permitirse el lujo de aflojar un poco el nudo. Pero, cuando la cosa se desmadraba demasiado, volvían a apretarlo. Eso ha pasado cíclicamente durante toda la Historia de la Humanidad. Pero la época que estamos viviendo parece distinta por un único motivo: la crítica a la identidad. Antes los hombres hacían concesiones a las mujeres, pero ahora se está haciendo una crítica profunda al modelo de referencia sobre el que queremos construir la historia futura. Esa es la diferencia. Y eso es también lo que hace que pensemos que esta vez la cosa va en serio.

http://mujerymas.wordpress.com/2009/02/12/el-posmachismo-ya-esta-aqui/

Los hombres: ¿dispuestos a cambiar?

bettina 28/02/2009 @ 23:05

¿no tienen más remedio? ¿podrán frenar el cambio?

Publicado por Foro Permanente de Estudios sobre Masculinidades

Enrique Gomáriz Moraga

El hecho de que la perspectiva género-inclusiva esté abriéndose camino progresivamente guarda relación, entre otras cosas, con la existencia de sectores sociales que ya están dispuestos a apoyarla; entre los cuales cabe destacar: a) el sector de hombres que está preparado para corresponsabilizars e con el avance hacia la equidad de género, b) los círculos que trabajan por este propósito desde el Estado, la sociedad civil y la cooperación internacional, sin pertenecer directamente al movimiento organizado de mujeres, c) el sector del movimiento feminista que está convencido de que el cambio social no se plantea sólo para la mitad de población (las mujeres) y que hay que empezar a pensar en cómo implementarlo para el conjunto de la sociedad.

La discusión sobre el desarrollo de la Democracia de Género siempre llega a un nudo  cuando se plantea el tema del cambio en los hombres. Existen al respecto distintas tesis, que encuentran diferente grado de sintonía con los sectores antes señalados, aunque también hay argumentos planteados por quienes no se sitúan desde esta perspectiva inclusiva. Veamos la relación más frecuente de dichas tesis.

Los hombres dispuestos al cambio

Por comenzar con la más optimista, una proposición parte de la idea de que los hombres ya están cambiando y van a continuar haciéndolo porque valóricamente o por interés propio se dan cuenta progresivamente que el cambio hacia la equidad de género es necesario. El propio interés reside en todo lo que tienen que ganar con un mayor balance en las relaciones de género: mayor posibilidad de expresar sentimientos, mejor relación con los hijos, más esperanza de vida, etc. Estas ventajas son indiscutibles, pero el problema aparece cuando se consideran aisladamente, sin tomar en consideración las desventajas, las cuales están referidas de una forma u otra a un factor crucial: el poder. En general, los hombres hemos sido socializados para ser respecto de los otros (mujeres, menores, ancianos, etc.) los "capitanes del barco"; sin que ello esté subordinado siquiera al tamaño del barco. En efecto, si un hombre no consigue ser el jefe de una gran

institución, pero sigue siendo "cabeza de familia", continúa cumpliendo con esa parte de su mandato genérico.

Así, un hombre puede llegar a ver las ventajas de la equidad de género, pero decidir al final del día que no gozar de esas ventajas es el costo justo de quien es responsable de detentar el poder. Ciertamente, eso no quiere decir que no hay grupos de hombres incómodos con los mandatos masculinos y dispuestos al cambio. Pero tanto cuantitativa como cualitativamente, es difícil imaginar un movimiento de hombres con una dimensión o una dinámica semejante al que produjo el movimiento de mujeres. En términos de proceso social, no hay muchos ejemplos en la historia de la humanidad de amplios sectores que organicen un movimiento para abandonar el poder.

Es cierto que también hay sectores de hombres que integran la equidad de género como una parte de su cuadro valórico a favor de la justicia social. Sobre todo en instituciones que de una u otra forma trabajan con ese referente de justicia, esos hombres están ahí dispuestos a la interlocución. Por eso es tan crucial que, sobre todo en esas organizaciones, la temática de género no sea presentada como un asunto sólo de mujeres.

Simplemente, si se presenta así, se pierde la oportunidad de que sea la institución (y no sólo las mujeres de esa institución) la que adquiera el compromiso por la equidad de género.

Ahora bien, no parece conveniente hacer cálculos demasiado optimistas sobre la dimensión de ese sector de hombres que, por interés o por valores, está dispuesto al cambio. En Alemania se habló de que podría haber cerca de un tercio de hombres adultos en esa disposición. Sin embargo, las encuestas que se conocen en materia de género, especialmente las que (como se hizo en Costa Rica) relacionan declaraciones valóricas con prácticas en el hogar, arrojan cifras bastante más reducidas, que se sitúan en torno a un 12% de los hombres adultos (CMF, 1998). Desde luego, esa cifra sería considerable si se tratara de hombres relacionados entre sí, pero esa no es la situación. Por eso es tan importante la dimensión pública de la Democracia de Género: porque permite un clima de opinión pública donde los hombres se puedan manifestar abiertamente y tomen relación.

Pero quizás la confusión más grave es pensar que esa minoría de hombres dispuestos al cambio, se encuentra en medio de una enorme masa amorfa de población masculina sin orientación ni disposición en cualquier otro sentido. Desafortunadamente, tampoco eso es así. En primer lugar, la gran cantidad de hombres que reproducen el sistema de género pueden continuar haciéndolo, sin tener que imaginar necesariamente ninguna otra orientación alternativa. Pero también hay que tomar en consideración la posibilidad de que haya sectores de hombres dispuestos a organizarse para restañar las grietas del sistema patriarcal (el movimiento Promise Keeper en Estados Unidos es una buena muestra de ello).

No habrá más remedio que cambiar

Otras tesis sobre el cambio de los hombres no parten de esta visión optimista de que están dispuestos a hacerlo. En sectores del movimiento feminista y de hombres profeministas es frecuente encontrar la tesis de que, por diversas razones, los hombres no van a tener más remedio que cambiar. Entre estas razones, es posible destacar tres: a) los hombres cambiarán por efecto reflejo; b) van a cambiar a través del conflicto de géneros; c) no les va a quedar otra alternativa, por cuanto la normativa, el consenso social y la situación económica les va a obligar a ello.

La primera razón está conectada con aquellos sectores del feminismo que no tienen ninguna preocupación por el cambio de los hombres, o que, en todo caso, consideran que eso es un asunto de los propios hombres. "Las mujeres no vamos a llevar a los hombres de la mano; ya tenemos bastante con nuestro propio cambio", es el juicio más frecuente al respecto. Ciertamente, esta perspectiva o bien ha abandonado la propuesta originaria feminista de que el cambio es para el conjunto de la sociedad, o bien se inscribe en una posición cómoda e irreal acerca de cómo implementar ese cambio. La idea de que el cambio en las mujeres va a provocar -por efectos relacionales o reflejos- cambios semejantes en los hombres es algo que no ha sucedido hasta ahora y no tiene que suceder necesariamente en el futuro. Eso no significa pensar que el cambio en las mujeres no ha tenido efecto alguno en los hombres o en el conjunto de la sociedad, pero no hay duda alguna de que, durante décadas, tuvo efectos autónomos en la población femenina y mucho menores en la masculina; así como que, más recientemente, cuando esos cambios han comenzado a tener un impacto más amplio en el conjunto social, la respuesta de la sociedad no ha sido precisamente la de integrar el cambio. De hecho, ahí están los fenómenos del postfeminismo o del desencuentro entre los géneros, que significan un estancamiento en el avance hacia la equidad de género, como fue examinado en ocasiones anteriores (Gomáriz, 2000). La idea de que los cambios en las mujeres van a producir "por goteo" cambios semejantes en los hombres, no es más realista que la tesis neoliberal de que así se reduciría la pobreza, a partir del aumento de las ganancias del gran capital.

Ahora bien, cuando no se produce la integración positiva, algunos sectores piensan que ello no es trascendental, por cuanto el conflicto social también puede ser un vehículo de cambio. Ciertamente, la historia muestra que el conflicto ha tenido en ocasiones ese efecto positivo. No obstante, también indica que el conflicto ha tenido algunas veces el efecto de la restauración conservadora, o, simplemente, que el conflicto se ha enquistado o se ha transformado en una espiral sin fin (alguna lección deberíamos aprender del conflicto de Oriente Medio). En realidad, el conflicto como vía para el cambio positivo ha sido más frecuente cuando el sector opresor era una minoría social que oprimía a una gran mayoría. Pero ese no es precisamente el escenario que refiere a la temática de género, donde mujeres y hombres son por lo regular mitad y mitad.

En todo caso, se supone que el diseño de políticas para el cambio del conjunto social se hace para facilitarlo, para evitar que tenga que pasar por una guerra de sexos, que traiga más infelicidad a mujeres y hombres. Cualquier alternativa que busque la continuación del avance hacia la equidad de género, evitando el escalamiento del conflicto, debería llamar la atención de toda persona interesada en dicho cambio.

Una visión que no se basa necesariamente en el incremento del conflicto, pero sí en la dimensión coercitiva del cambio, es la planteada por feministas y hombres profeministas.

En el debate sobre Democracia de Género, Judith Astelarra representa bastante bien esta posición. En el ámbito del trabajo con hombres, Michael Kimmel ha enfatizado en una reciente entrevista sobre el tema (que se reproduce aquí como apéndice).

La idea consiste en que el establecimiento del consenso social en torno a la equidad de género y su efecto en el cuadro normativo, va a ir obligando a los hombres a cambiar progresivamente sin más remedio. Y como afirma Kimmel, cualquier hombre consciente preferirá el cambio progresivo a que le empujen hacia el cambio por la fuerza.

El problema que presenta esta tesis es doble. Por un lado, resuelve a priori el problema que se plantea: da por sentado que la sociedad en general y los hombres en particular, cuando los cambios en materia de género les afectan en serio, sólo pueden actuar aceptando esa dinámica. Pero eso es precisamente lo que no está claro. En breve, los avances en materia normativa no son ni tan extensos ni tan rotundos, como para que ya esté resuelto el problema de lograr un amplio y verdadero consenso del conjunto de la sociedad sobre la necesidad de cambiar la práctica social hacia la equidad de género.

Hay más alternativas

Por otro lado, esta tesis se basa en la creencia –un tanto inocente- de que efectivamente los hombres no tienen otra alternativa en la práctica que aceptar el cambio.

Desafortunadamente, la realidad actual muestra que tienen otras opciones. Una de ellas consiste en actuar en sentido contrario. Ya se ha evidenciado cómo los hombres son capaces de organizarse, en movimiento numerosos (como los sucedidos en Estados Unidos), o en pequeños grupos, para actuar contra el cambio en materia de género. Pero también hay otros tipos de resistencia menos confrontacional y no menos efectiva, como se refleja en los ámbitos religiosos, políticos y de los medios de comunicación, especialmente en los países donde el clima postfeminista es más notable.

Otra alternativa al cambio que tienen los hombres es mucho más elemental: simplemente caer en el comportamiento disfuncional. Como ha señalado Susan Faludi, en un contexto social de pérdida de sentido, donde las mujeres se tornan complicadas o incluso acusadoras, la respuesta de muchos hombres consiste en reunirse en grupos masculinos autoreferentes y/o con mucha frecuencia violentos (Faludi, 2000). O bien optan por una solución individual, que puede conducir al francotirador o al suicida. El film "El Club de la Pelea" muestra dramáticamente esta tendencia.

Es importante prestar atención al hecho de que esta alternativa aparece con mucha frecuencia entre las generaciones jóvenes. La idea de que los jóvenes vienen con actitudes más proclives a la equidad de género no es más sólida que la que sostiene que llegan con una cultura de justicia social o de espíritu comunitario. Ciertamente, han tenido una socialización diferente, estando más acostumbrados a encontrar mujeres en los espacios sociales, pero su actitud (y sobre todo sus emociones) son al respecto ambivalentes y complejas. La toma de distancia respecto de las mujeres y la confusión acerca de su nueva posición de género suelen ser las respuestas más comunes. Y, en ese contexto, la conducta de riesgo puede asociarse sin dificultad.

En suma, si se quiere facilitar el cambio en los hombres no parece aconsejable dejarlos a su suerte, o esperar que no tengan mas remedio, a través de una guerra de sexos, o bien forzados por la normativa y la presión social. Todo indica que la actitud más razonable es la planteada por la carta de los representantes alemanes a la Ministra Federal encargada de las políticas de género: se necesita una nueva política que no se dirija sólo a las mujeres sino al conjunto de la sociedad (Carta abierta, 2000).

Ahora bien, cabe regresar al punto de partida, para preguntarse –como lo hace buena parte del feminismo- cual es la razón que hace tan importante esa preocupación por el cambio de los hombres. La respuesta está dada por los argumentos que plantean los tres sectores mencionados al principio, incluyendo el feminismo que mantiene la propuesta feminista original de que el cambio en materia de género es para toda la sociedad. Por decirlo en términos de Judith Astelarra: el sistema patriarcal ya se ha agrietado, pero para que se produzca su derrumbe es necesario el cambio de los hombres (Astelarra, 2000). En efecto, el cambio en las mujeres ha tenido un desarrollo propio durante al menos cuatro décadas, pero ya se ha llegado a un punto en que ese cambio afecta directamente al conjunto social y ello plantea necesariamente una encrucijada: ir hacia dos mundos separados o bien integrar a todos en el cambio social. Y hemos visto que eso último no se resuelve por si mismo, sino que es una cuestión política: ¿queremos o no una acción política, una nueva estrategia, que favorezca la integración de todos en el avance hacia la equidad de género? Esa es la pregunta y parece insoslayable, para todos los que realmente se interesen en ese avance (y no solamente en lo que les suceda a las mujeres).

Ciertamente, eso supone nuevos retos, sobre todo para el movimiento feminista, pero también para los que trabajan con hombres. Para el movimiento feminista supone el reto de confrontarse con su propuesta original y, así, saber si esta dispuesto para un cambio estratégico que les hace abandonar el cuarto propio (acción de mujeres, para mujeres) y empujar el cambio global. Ello significa algo por lo que ya han pasado muchos movimientos de liberación: pasar del papel de motor del cambio entre sus homólogos, para convencer del cambio a los otros. Obviamente, eso ha significado con frecuencia una división de tareas, que muchas veces se expresa en división de corrientes, o bien que el movimiento de liberación sea capaz de dotarse de una perspectiva multidimensional, sabiendo que el cambio de estrategia significa seguir potenciando el cambio entre sus homólogos, al mismo tiempo que el convencimiento de los otros. Claro está, siempre cabe la posibilidad de resistirse a los nuevos retos, seguir con la misma estrategia y así hasta el infinito (o mucho antes hacia la implosión del movimiento).

Para los que trabajan con hombres también significa un nuevo desafío. En la anterior estrategia, la acción operaba en mundos separados: las organizaciones de mujeres actuaban con las mujeres, y los grupos de hombres convocaban a los hombres incómodos con los mandatos de la masculinidad hegemónica. Desde luego, pronto se ha puesto en evidencia la paradoja: que hay una fuerte demanda de una minoría de hombres que necesitan apoyo o quieren revisar su identidad de género conjuntamente, pero que esto no conduce a un movimiento social como el feminista y de mujeres. Ante esta situación, lo que ha sucedido con frecuencia ha sido que los grupos de hombres no ven o no se interesan en la dimensión política del cambio. Por eso es natural que, como Kimmel, sigan operando con grupos de hombres, y asuman la idea de que el cambio general se va a producir porque los hombres no tendrán más remedio. También entre ellos hay resistencia a pensar en una nueva estrategia, que opere pública y políticamente con las mujeres y con los hombres, a veces en espacios propios, pero con mucha frecuencia en espacios sociales e institucionales mixtos, es decir, que operen en el ancho y complejo mundo del conjunto de la especie humana.

Referencias

Centro Mujer y Familia/ FLACSO (1997) Encuesta Nacional sobre Masculinidad y

Paternidad Responsable en Costa Rica. CMF, Informe de resultados, San José.

Faludi, Susan (1999) Stiffed. The betrayal of the American Man, William Morrow and

Company, New York.

Astelarra, Judith (2000) "Autonomía y espacios de actuación conjunta", en Gomáriz y

Meentzen Democracia de Género. Una propuesta para Mujeres y Hombres del Siglo

XXI, Fundacion Heinrich Boell/ GESO, San José.

Gomáriz, Enrique (2000) "Postfeminismo, conflicto de sexos o democracia de género: la

encrucijada del siglo XXI", en Gomáriz y Meentzen Democracia de Género. Una

propuesta para Mujeres y Hombres del Siglo XXI, Fundacion Heinrich Boell/ GESO, San

José.

Carta abierta a la Ministra: Por la Democracia de Género, anexo en Gomáriz, Enrique

(2000) "Postfeminismo, conflicto de sexos o democracia de género: la encrucijada del

siglo XXI", op.cit.

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Posmachismo: cambiar para seguir igual

bettina 24/02/2009 @ 17:28

http://www.lkstro.com/?p=324

[Fuente: AHIGE ]

Este tipo de estrategias son las que, en opinión del Delegado del Gobierno para la Violencia de Género, dan contenido a la “era del posmachismo”:

El hombre de hoy usa los elementos de lo posmoderno, como pueda ser la fragmentación del discurso, para mantenerse en el poder. Ejemplos: critica que algunas mujeres ponen denuncias falsas contra sus parejas, critica que las madres estén generando en algunos casos un Síndrome de Alienación Parental (SAP) en los hijos, critica que haya que luchar excesivamente para conseguir la custodia compartida, critica que las mujeres ya han alcanzado la igualdad y que ahora sólo quieren obtener beneficios extras… Por tanto, el posmachismo no critica el discurso de la igualdad en sí, sino que cuestiona un montón de asuntos puntuales para deteriorar poco a poco ese mismo discurso.

Algunas de estas pautas son fáciles de reconocer aunque difíciles de denunciar porque como dice Lorente, se hacen desde la aparente adopcion del discurso igualitario.

Mientras estoy escribiendo este post, recibo la noticia de que J.B.C. uno de los que más han utilizado el SAP contra las mujeres en España y defensor de la imposicion por ley de la custodia compartida, ha sido condenado por malostratos, despues de 7 años de litigio con su exmujer.
La sentencia es ya inapelable: un año de prisión que se suma a otra de prisión por falsificación de documentos que le fue impuesta en el año 2005, así como a varias faltas por agresiones, amenazas e insultos.

No puedo evitar repetir el estrebillo de esta cancioncilla, quizas alguien más la recuerde:

… los lobos se han vestido con pieles de cordero pero siguen mordiendo y se les ve el plumero… hay demasiados ciegos que no lo quieren ver, demasiados miopes porque lo quieren ser… demasiados que dicen: nada se puede hacer!, que esconden la cabeza y piensan con los pies…

Agenda de los Varones por la Equidad

bettina 22/01/2009 @ 01:41

ARTEMISA NOTICIAS

http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=14&idnota=6373


| 19.1.2009

Por iniciativa de la Fundación Agenda de las Mujeres se lanzó la primera edición de la Agenda de los Varones por la Equidad. La idea invita a los varones a romper esteotipos y compartir con las mujeres los distintos espacios tanto en la vida cotidiana como en las luchas por la equidad y contra todas las formas de discriminación y sexismo. La propuesta se desarrolla en el marco de un Programa de masculinidades coordinado por Jorge Casin, quien nos cuenta brevemente los objetivos del proyecto.

Diálogos Intergenéricos ...

bettina 10/01/2009 @ 15:56

http://foro-masculinidades.blogspot.com/

Diálogos Intergenéricos

para Avanzar en la Equidad de Género en El Salvador - IMU /CBC

Con mucho entusiasmo reproducimos la propuesta de "Diálogos Intergenéricos para Avanzar en la Equidad de Género en El Salvador" formulada y presentada por las compañeras del Instituto de la Mujer "Norma Virginia Guirola" y las compañeras y compañeros del Centro Bartolomé Las Casas.
“Diálogos Inter-Genéricos para Avanzar en la equidad de género en El Salvador”.
Instituto de la Mujer –IMU-

Centro Bartolomé de las Casas –CBC-

PREMISAS: de la necesidad al interés


Somos mujeres y hombres conscientes de la necesidad de transformar las relaciones desiguales de poder existentes entre los géneros, con desventaja para las mujeres.
Tenemos interés en hacer avanzar la equidad de género en nuestra sociedad como estrategia para esta transformación.Necesitamos un espacio de discusión y debate que permita identificar estas estrategias.
Hay interés en aportar a que este espacio exista, se fortalezca y se mantenga.

PREMISAS: de la necesidad al interés


Reconocemos que el movimiento de mujeres ha avanzado con mucha dificultad en sus objetivos de liberación e igualdad en una sociedad tan autoritaria, injusta, anti-democrática y machista como la nuestra
Reconocemos que, sin embargo, ya hay muchos hombres sensibles, conscientes y claros de la necesidad de luchar por la equidad y la justicia social.
Se presume, por lo tanto, que habrá interés en las mujeres luchadoras por sus derechos y los hombres conscientes de esta lucha, de intentar un acercamiento claramente político a favor de una sociedad más democrática, más justa y más equitativa.

¿POR QUÉ UN DIALOGO INTER GENÉRICO?


Un diálogo supone una conversación entre personas que, en igualdad de condiciones, se escuchan y se respetan la palabra
Inter genérico porque quienes interlocutan, hombres y mujeres, se reconocen como géneros construidos socialmente.
Hay condiciones, dada esta identidad y conciencia de género, de hacer del diálogo una estrategia en sí misma de transformación de estas relaciones desiguales de poder


¿POR QUÉ LA EQUIDAD DE GÉNERO COMO ESTRATEGIA?

La equidad de género entendida como la distribución equitativa de las oportunidades, de los recursos y de las recompensas, a partir de iguales opciones y posibilidades de vida.Crea condiciones favorables para disminuir la brecha entre hombres y mujeres y lograr la igualdad real como meta.


Como estrategia, la equidad de género se define como:

Un proceso de evaluación de las consecuencias para las mujeres y los hombres de cualquier actividad planificada, sean éstas leyes, políticas o programas en todos los sectores y niveles.Permite que las preocupaciones y experiencias de mujeres y hombres se integren en la elaboración, aplicación y evaluación de las actividades en todas las esferas de la vida, a fin de que se beneficien por igual y se impida que se perpetúe la desigualdad.
PROPOSITOS
Reflexionar colectivamente sobre las causas y consecuencias de la discriminación, subordinación y opresión de las mujeres y las implicaciones para los hombres.

Debatir sobre el empoderamiento de las mujeres como condición para la equidad en las relaciones de género.
Identificar estrategias comunes para avanzar en la deconstrucción de las relaciones desiguales de poder entre mujeres y hombres. ASUMIENDO LOS DESAFIOS


Mostrar en la práctica que un dialogo inter genérico es posible porque es necesario.
Lograr un entendimiento humano y solidario para contribuir a la deconstrucción patriarcal de los géneros.
Encontrar canales de comunicación para el análisis y el debate respetuoso y fraterno.
Soslayar la tentadora coyuntura electoral que siempre se impone a otros procesos sociales también estratégicos para la vida de las personas.
Contar con una metodología apropiada que responda a las expectativas de las personas participantes.
Y, el principal desafío: que el diálogo transcienda a la negociación, la negociación a la alianza y la alianza a la lucha común por una vida mejor, donde mujeres y hombres nos sintamos constructores de una nueva sociedad.

“Marcar diferencias con el machismo reinante en todo momento: no ejercer de machos, no aceptar la violencia social de los papeles activo-pasivo que habita en los chistes, la moda, ni las guerras como solución de conflictos, no querer tener razón siempre, por que sí “porque lo digo yo”, “porque soy el padre”, no tragarse las órdenes porque vienen de arriba, sin discutir que implican los escalones de la desigualdad del poder: los que mandan y controlan la sociedad con sus tecnologías, empresas y partidos y quienes deben someterse, ser imprevisibles y dominables por las buenas o las malas, en casa y en el mundo. Ser feminista es levantar los límites del mundo, los tabúes y determinismos ancestrales inventados por los mitos patriarcales, las prohibiciones sociales para ambos sexos: ser madre y padre, ser ingeniero y poeta, entender las relaciones sociales y sus luchas como construcción de Humanidad”.

Juan Luis Jaén. Stop Machismo, 2006.

“Las feministas podemos crear un estado de opinión para que a las mujeres afganas les sea permitido quitarse la burka o volver a la escuela, pero somos impotentes ante una declaración de guerra. Podemos lanzar una campaña eficaz contra la ablación del clítoris en ciertas regiones, pero nada podemos hacer para modificar las exigencias de los críticos estructurales que hunden en la miseria a esos mismos países. ¿Esto indica que el feminismo se ha centrado demasiado en “cuestiones femeninas” dejando el resto de los asuntos en manos de la incompetente competencia masculina?. ¿Significa esto que el feminismo per se sólo puede aspirar a ser un movimiento reformista cuyos límites acaban donde comienzan las grandes cuestiones de Estado y los destinos del mundo? ¿Tendremos que refugiarnos en el intimismo de lo personal como reducto al margen del sistema? ¿O bien una crítica radical a ese sistema patriarcal nos legitima para crear una política propia como alternativa global?”.

Victoria Sendón de León, “La Quiebra del Feminismo”, 2002.

Inician los desafíos…

FUENTE: http://www.escuelaequinoccio.org  

"Los hombres jamás nos cuestionamos la prostitución"

bettina 21/10/2008 @ 22:55

"Si alguno de nosotros se atreve a preguntarse algo hay todo un andamiaje cultural que nos da todas las respuestas: las mujeres que están en prostitución están porque les gusta...

ANred Sur/ Insurrectasypunto | Para Kaos en la Red | 20-10-2008 | 364 lecturas | 3 comentarios
www.kaosenlared. net/noticia/ hombres-jamas- nos-cuestionamos -prostitucion

Hombres Igualitarios (AHIGE)

bettina 18/10/2008 @ 00:29

También este año 2008 en Málaga haremos una RUEDA DE HOMBRES contra la violencia machista, por la paz y la igualdad, el próximo martes

día 21 de octubre, a las 20:00 horas en la Plaza de la Constitución.

Consistirá como el año pas ado "en la composición de una rueda de hombres" y la lectura de un manifiesto.

La convocatoria la planteamos con dos objetivos:

- Hacer visible a la sociedad y, especialmente, al colectivo masculino, la existencia de hombres que trabajan activamente por la igualdad y contra la violencia machista.

- Invitar a los hombres a que participen en la próxima manifestación contra la violencia de género del 25 de Noviembre.

Esperamos contribuir a un cambio social. Queremos un mundo en que los hombres contemplemos el problema de la violencia ejercida sobre las mujeres, como un asunto propio en el que hemos de implicarnos sin reservas. Todos y todas hemos de posicionarnos claramente contra la violencia de género. Todos y todas ganamos con la igualdad.

Os adjuntamos el cartel que hemos diseñado e impreso para hacer la difusión y promocionar este importante acto.

http://www.ahige.org/pdf/cartel_rueda.pdf

Un fuerte abrazo desde AHIGE

Hombres de negro: hipótesis de juegos

bettina 16/10/2008 @ 01:39

 ARTEMISA NOTICIAS

Por Sandra Chaher | 14.10.2008

La foto que ilustró las tapas de los diarios del martes a la mañana era agresiva. Hombres felices porque su dinero estaba a salvo festejaban en las bolsas del mundo: los presidentes unidos habían salido en su rescate.

Me recordó otra foto ofensiva: los hombres del campo rodeando a la presidenta de Argentina después de uno de los tantos discursos que hubo en la Casa Rosada durante el conflicto campo-gobierno. Ellos no eran felices porque su dinero estuviera resguardado, no todavía. Estaban al acecho, expectantes, como fieras agazapadas que observan los movimientos de la presa antes de arrojársele. Pero en los dos casos los protagonistas eran varones orgullosos, dueños,  poderosos. Son fotos de una época de valoración del dinero y el poder, de predominio de la cultura patriarcal. Décadas en crisis.¿Podrían haber estado esas fotos protagonizadas por mujeres? ¿Habríamos intentado voltear a un presidente y torcerle el brazo a otros dueños de los votos del mundo? Creo que no. Creo que las mujeres no podríamos hegemonizar una cultura que privilegiara la rapacidad y competencia por sobre otros valores. Muchas mujeres participamos del juego del poder. Pero ¿estamos cómodas en él? ¿Es nuestra arena? Una cosa es jugarlo porque sino quedaríamos fuera de la fiesta, y otra distinta es gozarlo.Creo que si nos dieran la posibilidad de diseñar el aquelarre dominante, las mujeres inventaríamos otros juegos para transitar el tiempo entre la vida y la muerte. No sé si serían juegos mejores, porque mujeres y varones fuimos creados imperfectos. Pero aventuro que serían diferentes.

http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=51&idnota=6207


    • Desde este blog me interesa difundir información vinculada a estudios de mujeres, feministas y de género; como así también retransmitir noticias de interés social, que promuevan la reflexión y el compromiso, publicadas en y por distintos medios de comunicación y con mención de las fuentes
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