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Categoría: ESTUDIOS SOCIALES

Mujeres en el islam: tradición o emancipación

bettina 25/08/2009 @ 04:53

Juan José Tamayo*

Las religiones no se llevan bien con las mujeres, que viven en un estado de
permanente minoría de edad, justificado por la apelación a revelaciones
divinas, a preceptos inamovibles o a la supuesta voluntad del fundador.
Apenas hay excepciones al respecto. A ellas no se les permite el acceso al
ámbito de lo sagrado, que es una especie de *sanctasanctórum* al que sólo llegan los varones. No son consideradas sujetos morales con capacidad de actuar responsablemente. Su conciencia está sometida a las leyes religiosas.
Su libertad se ve tutelada por los varones. Su sexualidad es controlada por
una moral represiva impuesta por los clérigos y moralistas de vía estrecha.
*La discriminación no está en los textos sagrados, sino en su interpretación
patriarcal *

*Y, sin embargo, ¡qué paradoja!, las mujeres suelen ser las más
fieles seguidoras de las orientaciones religiosas, las que más participan en
los ritos sagrados, las que inculcan con más tesón los sentimientos
religiosos a sus hijos e hijas, las que de manera más eficaz ayudan a
mantener intactos los sistemas de creencias religiosas y las que más
contribuyen a reproducir la organización patriarcal de las religiones.

*El islam es una de las religiones más cuestionadas por su carácter
patriarcal y androcéntrico en sus textos sagrados, en la interpretación de
los mismos, en la legislación y en la organización interna. Y ello en todos
los ámbitos: el político, el religioso, el cultural, el familiar, el
laboral, etcétera. En muchas de las sociedades musulmanas la situación de
las mujeres no se caracteriza precisamente por su emancipación ni por la
igualdad de derechos con los varones. Las demás religiones también suelen
caracterizarse por una ideología y un funcionamiento patriarcales similares
a los del islam, pero no son tan criticadas como éste.

La pregunta que el estudioso del islam se plantea es si la discriminación de
las mujeres resulta inherente al islam. Ésa es, a decir verdad, la idea más
extendida en el imaginario de Occidente. Y del imaginario se pasa fácilmente
a convertirse en una tesis irrefutable.

Pero las cosas no son tan simples.

* En el seno del islam se están desarrollando importantes tendencias feministas* que cuestionan la interpretación patriarcal del Corán y la consideran contraria a la praxis del Profeta. Creen, más bien, que el Corán defiende la igualdad entre hombres y mujeres, y que, leído desde la perspectiva de género, es un importante instrumento a favor de la liberación de la mujer. Y no van descaminadas. Veamos por qué.

En la Arabia preislámica las mujeres carecían de reconocimiento jurídico y
eran consideradas inferiores a los varones. Era tal la ofensa que suponía el
nacimiento de una niña en aquella sociedad, que algunos padres llegaban
incluso a matarla al nacer, como constata el Corán, que condena rotundamente esa práctica (16, 58-59). En un clima así, el Corán supone un avance importante, ya que considera a las mujeres sujetos y les reconoce los mismos derechos y deberes que a los hombres, como demuestra el lenguaje inclusivo de este texto: "Dios ha preparado perdón y magnífica recompensa para los musulmanes y las musulmanas, los creyentes y las creyentes, los devotos y las devotas, los sinceros y las sinceras, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes, los que y las que dan limosna, los que y las que
ayunan, los castos y las castas, los que y las que recuerdan mucho a Dios"
(33, 35).

Hay, con todo, en el Corán restos patriarcales que defienden la superioridad
del varón, su función protectora de la mujer y que vinculan la virtud de las
mujeres con la devoción, la obediencia y la actitud sumisa hacia los
maridos. La rebeldía debe ser castigada: "Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de las preferencias que Dios ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas. Y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Dios manda que cuiden.
¡Amonestad a aquéllas que temáis que se rebelen, dejadles solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis con ellas" (4,34) (traducción de Julio Cortés).

Hay teólogas feministas musulmanas que creen que los textos que justifican el sometimiento de la mujer al varón deben entenderse en sentido metafórico y que la traducción "¡pegadles!" resulta incorrecta. En cualquier caso entienden que dichos textos discriminatorios no pueden considerarse
normativos aquí y ahora.

Al expandirse el islam fuera de la Península Arábiga, se incorporaron
costumbres discriminatorias de las mujeres contrarias al texto sagrado y se
introdujeron en la *Sharía* (Ley Islámica). Es precisamente esta ley la que
debe ser revisada -e incluso derogada-, a la luz de los derechos humanos y
desde la perspectiva de género. En esa dirección va el feminismo islámico
que lucha por recuperar la tradición igualitaria de los orígenes y por
liberar a las mujeres de las costumbres patriarcales que tienen a las
mujeres sometidas y excluidas de los espacios de responsabilidad en la
religión, la cultura, la política, el ejercicio de la ciudadanía y la vida
cotidiana. Tal sumisión poco tiene o nada tiene que ver con la religión.

*Juan José Tamayo* es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las
Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de *Islam.
Cultura, religión y política* (Trotta, Madrid)

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El virus del miedo

bettina 02/07/2009 @ 19:42

PAGINA 12

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/127561-40883-2009-07-01.html

Por Mónica Müller *

El virus A H1N1 nos ha trasladado desde el siglo XXI, con su cándida
confianza en una ciencia todopoderosa, a la Edad Media, cuando la humanidad
se sabía inerme frente al misterio de las enfermedades.

Las epidemias tienen efectos tan contagiosos y dramáticos sobre la mente
como sobre el cuerpo. El temor arcaico que producen hace reaccionar a las
personas y a las sociedades como chicos asustados. El pensamiento mágico
reemplaza a la razón y todos confiamos en el milagro que llegará por vía de
los mayores, de los médicos, de los dioses o de las autoridades, que
simbolizan lo mismo. Cuando la enfermedad se disemina y la muerte golpea,
aparece primero la incredulidad y enseguida el reclamo iracundo a los que
creíamos nuestros protectores omnipotentes.

Frente a la calamidad, simplificar y generalizar siempre es tranquilizante:
concentra lo malo en un solo objeto para que todo lo restante pase a formar
parte del universo de lo bueno. Por eso, las sociedades infantilizadas por
el miedo tienen la urgencia de señalar a un culpable. Y el culpable siempre
es el que piensa distinto, el diferente, el extranjero o el adversario.

Cuando en agosto de 1918 un nuevo virus de gripe comenzó a diseminarse por
los Estados Unidos matando en pocos días a un enorme número de jóvenes
sanos, la sociedad norteamericana señaló enseguida a los culpables. Muchas
personas dijeron haber visto una nube de humo negro y viscoso cargado de
microbios saliendo por la chimenea de un barco de bandera alemana amarrado
en el puerto de Boston. Otros vieron emerger de la torreta de un submarino
alemán varios hombres con tubos de ensayo en la mano, que amparados en la
oscuridad esparcieron el germen en lugares públicos de la ciudad. Pero los
periodistas mejor informados hacían recaer la sospecha sobre la firma
alemana Bayer. Afirmaban –y la gente lo creía– que el laboratorio había
contaminado con el germen las tabletas de aspirina para eliminar a toda la
población de los Estados Unidos. Recién en 1997 se pudo identificar al
verdadero responsable: un virus A (H1N1), de estructura molecular,
composición y comportamiento hasta ahora idéntico al de la pandemia actual.

En 1918 la manipulación genética era un tópico que no aparecía ni en la
ficción científica de Julio Verne. Aquel virus fue resultado de la
recombinación azarosa de uno aviar, uno porcino y uno humano, accidente
biológico que se repite cíclicamente a causa del método tradicional de cría
de aves y chanchos que se aplica en muchos lugares del mundo. No hay
indicios de que el origen del virus actual sea diferente.

Hipótesis conspirativas de cabotaje que abarrotaron las casillas de entrada
del correo electrónico desde el principio de esta epidemia aseguraban
primero que el tal virus no existía y que el divulgador de la alarmante
noticia era Donald Rumsfeld, accionista principal del laboratorio que
elabora el fármaco oseltamivir (Tamiflu), de relativa efectividad si se lo
toma al inicio de la infección. Durante las primeras semanas, respetados
especialistas argentinos minimizaron la gravedad potencial de la epidemia
señalando que el virus no era más mortal que el de la gripe común. Ese dato
todavía es incierto pero, en todo caso, una enfermedad capaz de contagiar a
un tercio de la humanidad puede llevar a la tumba a varios millones de
personas en pocas semanas aunque su mortalidad sea baja. En paralelo con la
curva ascendente de casos y muertes confirmados en México, la versión
conspirativa cambió por “la creación de un nuevo virus en laboratorio, como
fue la del VIH, con el objetivo de devastar a la población mundial”. Un
correo reciente da detalles más precisos sobre los diseñadores del virus y
sus designios: “Un grupo que opera en los EE.UU. bajo la dirección de los
banqueros internacionales que controlan la Reserva Federal, así como la OMS,
la ONU y la OTAN” con el objetivo de “exterminar a la población de los
Estados Unidos mediante la vacuna contra el mismo virus”. En términos
económicos parece una estrategia indigna de personajes tan inteligentes e
inclinados al mal: no hace falta ser banquero para saber que si no hay
personas se acaban los negocios.

Por cierto que la industria farmacéutica es capaz de poner en riesgo a toda
la humanidad en su carrera frenética por la competencia y los beneficios
económicos y que los gobiernos de Estados Unidos han recurrido más de una
vez a armas biológicas para dirimir cuestiones políticas, pero hasta ahora
los virus han demostrado ser más elusivos, inteligentes y malignos que la
Big Pharma, los alemanes en 1918 y hasta que los funcionarios del gobierno
de Bush.

Pese a la dinámica cíclica que desde hace por lo menos cinco años hacía
previsible la pandemia actual, los medios nacionales despliegan hipótesis
persecutorias tan disparatadas que si no fuera por el contexto en que se
publican deberían merecer la atención de especialistas en psicosis
paranoides. Hemos oído decir que el gobierno nacional debería haber hecho
algo más para evitar la rápida diseminación del virus y, al mismo tiempo,
que exagera la gravedad de la epidemia con fines políticos. Hemos leído que
por esos mismos intereses se hace todo lo contrario: que se difunden cifras
de casos y de muertes menores a las reales y que la verdadera magnitud de la
situación se oculta por alguna razón de conveniencia política. Sin embargo,
un mínimo esfuerzo por informarse con objetividad permite saber que las
autoridades sanitarias argentinas siguieron desde el principio las
directivas de la Organización Mundial de la Salud en cuanto a control,
detección de casos y mitigación de la epidemia. La única medida tomada en
contra de las indicaciones de la OMS fue la cancelación de los vuelos a
México en el intento de retrasar el inicio de la epidemia en el país, lo
cual no fue una omisión sino un exceso de cuidado. Los registros
estadísticos nacionales surgen de las normas internacionales que
contabilizan como positivos sólo los casos confirmados por laboratorio. Por
eso no sólo acá sino en todo el mundo las cifras oficiales son inferiores o
están retrasadas con respecto a las verdaderas.

Otra regla epidemiológica internacional indica que los hisopados para
detectar el virus sólo se hacen de rutina a la primera o dos primeras
centenas de enfermos. Después, se reservan para aquellos enfermos que
presentan una presunta complicación por el virus. También responde a un
consejo de la OMS la venta controlada de antivirales por parte del Estado.
Todas estas disposiciones responden a razones indiscutibles y claras de
orden médico y en la Argentina se las ha respetado hasta hoy rigurosamente.
Sin embargo, con absoluta indiferencia por la verdad, los medios han
presentado cada una de esas medidas como maniobras eleccionarias, como
hechos delictivos o como torpezas en el mejor de los casos. No es extraño
que los políticos y los periodistas, que sobre microbiología lo desconocen
todo, aventuren cualquier origen y cualquier desenlace para esta epidemia y
traten de capitalizarla para confirmar sus intereses o sus ideas. Tampoco es
raro que la gente asustada espere de las autoridades el milagro de aislar al
país de la pandemia, de detener el aumento de casos o disminuir la
mortalidad del virus. Pero los médicos, una vez aprobada la materia
Microbiología, deberíamos conocer la lógica viral, que se caracteriza por
eludir casi toda estrategia terapéutica conocida. Y en los momentos en que
la sociedad nos necesita con urgencia tenemos la responsabilidad de
desactivar nuestros propios dogmas y nuestra propia imaginación para poder
razonar con objetividad y calma.

La deuda de las autoridades en materia de salud, alimentación, educación y
vivienda, que afecta a muchos millones de argentinos, son responsabilidades
históricas bastante graves sin necesidad de sumarles cargos falsos creados
por el oportunismo o por el miedo.

Frente a esta amenaza que recién está empezando a mostrar su capacidad
destructiva, es más útil volver la mirada al microscopio que buscar un
culpable de fantasía. Los médicos tenemos derecho a tener miedo, pero
también tenemos la obligación de tratar de entender cuál es el verdadero
enemigo que tenemos enfrente.

** Médica clínica.*

Argentina: La urgencia del debate por una nueva ley de comunicación

bettina 03/06/2009 @ 02:11

 - - Servicio Informativo "Alai-amlatina" - - -

Florencia Copley

ALAI AMLATINA, 02/06/2009.-  La propuesta para reemplazar la ley de radiodifusión en Argentina propició una discusión que abre un postergado camino en la necesaria y urgente democratización de los medios de comunicación en un contexto de cambios regionales y coyuntura electoral en el país.

El gobierno nacional argentino ha hecho pública, el 18 de marzo de este año, una propuesta de Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual para cuyo debate se dispuso un plazo de 60 días antes de que sea tratado en el parlamento. Para discutir este anteproyecto se organizaron en diferentes puntos del país una serie de actividades donde surgieron posturas a favor y en contra de la propuesta pero también significativos aportes para una nueva ley que de ser aprobada trascenderá a los gobernantes de turno.

Cuando los comunicadores y militantes de organizaciones sociales recuerdan que en la Argentina existen 25 años de lucha por una nueva legislación para los sistemas de comunicación, no es una cuestión de retórica. Diferentes sectores han reclamado durante más de dos décadas que se reemplace el Decreto-Ley 22.285 sancionado durante la última dictadura militar en el año 1980 y que aún hoy continúa vigente. En la democracia de los posteriores gobiernos argentinos la ley sufrió un total de 207 modificaciones pero la introducción de dichos cambios ha colaborado con la concentración y centralización de los medios masivos de comunicación, favoreciendo la tendencia a los monopolios y oligopolios.

Ya en el año 1984, al recuperar los trabajadores de prensa sus organizaciones con la incipiente democracia, la Asociación de Periodistas de Buenos Aries -luego Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA)- participó en la elaboración de un proyecto para reemplazar la Ley de Radiodifusión, que años más tarde fue elevado al Consejo de Consolidación de la Democracia. Desde 1987 casi un centenar de proyectos fueron presentados en las Cámaras de Diputados y Senadores. Finalmente, la Coalición por una Radiodifusión Democrática, iniciativa surgida en el año 2004 de la convergencia de organizaciones, instituciones, sindicatos, organismos de Derechos Humanos y radios comunitarias, logró que los 21 puntos por el Derecho a la Comunicación acordados en ese espacio hace cuatro años fueran contemplados en el Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que presentó oficialmente el gobierno nacional argentino el 18 de marzo de 2009.

Ahí empezó la carrera: 60 días de plazo para debatir el proyecto de Ley. Pero la urgencia de un tema tantas veces postergado parece haberse desatado con la sesgada cobertura mediática del lock out agropecuario y el insistentemente difundido "conflicto del campo" que derivó en un público enfrentamiento entre el gobierno y el Grupo Clarín, que en la actualidad controla más del 40% de los contenidos que circulan a través de las distintos soportes de comunicación masiva (diarios, revistas, radio, televisión abierta y paga e Internet) y único holding que participa en toda la cadena de valor del negocio de los medios de comunicación, desde la producción hasta la emisión y distribución de contenidos.

En esta coyuntura política y en un confrontativo año electoral, el gobierno de Cristina Fernández da impulso entonces a un nuevo Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, cuya propuesta comenzó a difundirse, promoverse y discutirse en diferentes puntos del país en actividades organizadas para ese fin. Algunos sectores sociales al momento de evaluar la posible nueva legislación no lograron salir del análisis de coyuntura y denunciar la conveniencia del oficialismo en la aprobación de esta Ley de su autoría. Muchos otros, priorizando la urgencia de actualizar la regulación actual de los medios de comunicación en el país, han visto sin embargo la oportunidad de iniciar un camino en la democratización de la información y la comunicación -que deberá ir mucho más allá de la aprobación de esta ley- como aspecto esencial en la construcción de una sociedad más justa.

La discusión pública sobre la nueva ley de comunicación de alguna manera se ha instalado en universidades y diferentes espacios donde ha llegado el debate pero pareciera haber sobre este tema, como mencionó el periodista Eduardo Aliverti, "un apagón televisivo y casi un apagón radiofónico". Porque cambiar la legislación vigente es un gran avance en la democratización de la información pero por otro lado determina cómo y a quién se otorgarán mayores beneficios en el manejo de los medios masivos.

Las propuestas de la nueva ley

Prácticamente todas las organizaciones, instituciones y agrupaciones que han analizado el anteproyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual presentado por el Poder Ejecutivo, coinciden en la importancia de algunos puntos clave de esta propuesta. Seguramente los más relevantes son los que han generado una mayor polémica tanto entre quienes se encuentran trabajando en la producción de aportes para el mejoramiento del proyecto como para aquellos medios comerciales que hoy detentan grandes beneficios y se han mostrado reacios a perder su  poder.

Entre los puntos más sobresalientes cabe mencionar la "retransmisión o emisión televisiva de determinados acontecimientos de interés general como los deportivos en directo y de manera gratuita en todo el territorio nacional"; la "exigencia de programación propia"; "el régimen de concurso abierto y permanente" para otorgar las licencias; las "audiencias públicas para la renovación de licencias" y las "limitaciones a la transferencia de licencias"; las "cuotas de producción nacional, de transmisión de producciones nacionales, cuotas obligatorias de producción propia que deben cumplir los licenciatarios y la incorporación de señales locales en los sistemas de televisión por suscripción".

Otras de las cuestiones relevantes son las "cuotas específicas de espectro para comunicación orientada a fines sociales" donde se destina "el 33% de las localizaciones planificadas, para personas de existencia ideal sin fines de lucro"; el establecimiento de un "número máximo de licencias que pueden ser prestadas por un solo sujeto; la imposibilidad "de que un solo prestador controle más del 35% a nivel nacional y para todos los servicios de abonados o habitantes"; "la creación de un Fondo de Fomento Concursable para Producción de Programas de Televisión de Calidad para Niños, Niñas y Adolescentes"; "la creación de un Registro Público de Licencias y Autorizaciones" y "el Registro Público de Señales y Productoras"; el establecimiento de una "cuota de pantalla del cine nacional".

En cuanto a las licencias y los prestadores de servicios, el Proyecto de Ley establece "limitaciones a la concentración de licencias" (hasta diez licencias de radiodifusión cuando se trate de servicios de radiodifusión sonora, de radiodifusión televisiva abierta y de radiodifusión televisiva por suscripción con uso de espectro radioeléctrico -excluyendo servicios sobre soporte satelital- y hasta 24 licencias para la explotación de servicios de radiodifusión por suscripción); "el ingreso de nuevos actores: las cooperativas y los licenciatarios de servicios públicos, en condiciones de libre apertura del mercado"; la admisión de "tres tipos de prestadores: de gestión estatal, de gestión privada con fines de lucro, de gestión privada sin fines de lucro".

Otro de los cambios que introduce la propuesta radica en la creación de Radio y Televisión Argentina Sociedad del Estado, que tendrá a su cargo la administración, operación, desarrollo y explotación de los servicios de radiodifusión sonora y televisiva del Estado Nacional, así como la creación de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AUFER) encargada de aplicar, interpretar y hacer cumplir la ley y cuyos miembros serán designados por una Comisión Bicameral y el Poder Ejecutivo de la Nación. Además se establecerá un Consejo Federal cuyos miembros provinciales representarían a los prestadores privados, a las emisoras universitarias, a los medios públicos y a los trabajadores de prensa; y se crearía también una Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Aportes y críticas

Poniendo en evidencia el claro enfrentamiento con el gobierno, el Grupo Clarín optó por dar difusión sólo a las críticas realizadas tanto por la oposición como por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), asociación con sede en Miami que nuclea a grandes propietarios de medios de comunicación del continente en la defensa de sus intereses oligopólicos y de la cual forman parte Clarín y también el diario argentino La Nación

"La SIP le reclama al Gobierno que 'cese la escalada de hostigamiento' hacia los medios", tituló Clarín el 16 de marzo, y pese a que el informe de la SIP fue elaborado antes de que se divulgue el contenido de la propuesta del Proyecto de Ley, sostenía que "la iniciativa oficial no sólo profundizaría la confrontación con los medios sino aumentaría los controles y también el manejo de los mismos".

Una vez presentado el Proyecto de Ley por el gobierno nacional, tanto los medios gráficos como algunos noticieros televisivos, en lugar de propiciar el debate, se limitaron a difundir la conferencia de prensa que dieron los principales sectores políticos opositores al oficialismo. Allí aparecieron críticas viscerales como la de Elisa Carrió, líder de la Coalición Cívica (CC), para quien esta propuesta es una ley "extorsiva" que "pone a todos de rodillas", y la del senador Gerardo Morales, presidente de la Unión Cívica Radical (UCR), quien sostuvo que: "debatir cambios a la Ley de Radiodifusión con este gobierno equivale a convertir a la Argentina en la Venezuela de Chávez",

Por otro lado y sin cobertura mediática, se generaron diversos espacios donde las posiciones -más enfrentadas o más cercanas al kirchnerismo- no les impidieron ocuparse de estudiar seriamente la propuesta y presentar críticas y observaciones, gran parte de las cuales deberían ser contempladas a la hora de debatir el Proyecto de Ley en las instancias parlamentarias.

Tal vez los aportes más interesantes sean los elaborados por las organizaciones de medios comunitarios, ya que en ese ámbito el debate ha cobrado la dimensión que impone la urgencia de los pueblos por hacer frente a los grandes monopolios de la información desde la construcción de una comunicación propia, alternativa a las agendas del poder empresarial.

Una de las propuestas coincidentes de estos espacios es la derogación del Decreto 527/05, que extendió por diez años más el plazo de las licencias de los medios comerciales. Para la Asociación de Radios Comunitarias (AMARC): "La anulación de este Decreto, por los mecanismos constitucionales que resulten más convenientes es imprescindible para sostener en la práctica los principios democratizadores de este proyecto".

También de acuerdo con este punto, la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA) hizo pública una serie de propuestas que apuntan a la necesidad de especificar "conceptos, definiciones que aparecen poco claros o ambiguos de manera que no estén sujetos a interpretaciones de unos pocos cuando la ley se reglamente".

Por ejemplo, con respecto al 33% designado para entidades privadas sin fines de lucro, la RNMA afirma que: "nuestros medios tendrían que disputar licencias con fundaciones, iglesias, corporaciones sindicales y otras organizaciones que entran en la misma tipología de licenciatario cuyo poder político y económico (y sus características y objetivos) son completamente distintos a los nuestros. Los medios comunitarios, populares y alternativos deben estar especialmente protegidos y su actividad específicamente promovida para poder gozar de un ejercicio de la comunicación plenamente democrático. La garantía del ejercicio pleno de los derechos de los comunicadores comunitarios, populares y alternativos tiene que ser una obligación del Estado y esto tiene que quedar claro en la Propuesta de Proyecto de Ley". Es en este sentido que reclama la incorporación de esta nueva tipología de licenciatario que correspondería a los medios de comunicación comunitarios, populares y alternativos, así como "mecanismos específicos de acceso a licencias" para este sector.

* Artículo completo en: http://alainet.org/active/30633

Más información: http://alainet.org
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Agencia Latinoamericana de Informacion
email: info@alainet.org

Entrevista a Beatriz Preciado

bettina 24/05/2009 @ 22:49

http://caosmosis.acracia.net/?p=534

PDF


Entrevista a Beatriz Preciado
por Jesús Carrillo

(Desacuerdos). 22-11-2004

Beatriz Preciado (Burgos, 1970) es actualmente profesora de Historia y Teoría del cuerpo y de teorías contemporáneas de género en la Universidad de San Denís, París. Antes de instalarse en París obtuvo un Máster de Filosofía Contemporánea y Teoría de Género en la New School for Social Research de Nueva York, donde estudió con Agnes Heller y Jacques Derrida y cursó estudios de doctorado en Filosofía y Teoría del la Arquitectura en la Universidad de Princeton.
Es una activa participante en el debate actual sobre los modos de subjetivación e identidad, no sólo en nuestro país sino también en distintos foros internacionales. Su libro Manifiesto Contrasexual (Madrid, Opera prima, 2002) se ha convertido en una referencia indispensable en la teorización queer contemporánea.
Ha colaborado recientemente con el MACBA en la organización de los seminarios Pornografía, pospornografía: estéticas y políticas de representación sexual (junio 2003) e Identidades minoritarias y sus representaciones críticas (febrero-noviembre de 2004).

“Te hacemos el favor de traerte, indiecita, a la catedral del orgullo gay.”
Pedro Lemebel, Crónicas de Nueva York , 1996.

P. Para comenzar me gustaría que localizaras el debate o debates específicos en que pasaron a formar parte de tu agenda teórica y política los términos clave sobre los que pivota tu proyecto actual de redefinición de las dinámicas de género: lo performativo, lo queer, lo protésico, multitud, lo biopolítico, etc… ¿Cuáles fueron, desde tu perspectiva, los frentes y los objetivos principales que determinaron lo que hoy conocemos como postfeminismo?

R. Llegué a Estados Unidos, al New School for Social Research, en 1991, en plena mutación de los departamentos de estudios de la mujeres, pero también los de estudios gays y lesbianos. Crecí en la fascinación intelectual por la obra de Judith Butler, pero como hispanoparlante mis interlocutores privilegiados fueron siempre las lesbianas chicanas y latinoamericanas. Me siento en este sentido próxima a Jacqui Alexander, Gloria Andaluza, Cherry Moraga y Aurora Lewis. También a Teresa de Lauretis que no deja de ser una italiana trabajando en un campus norteamericano. Este proceso de transformación y crisis del feminismo de la segunda ola, que daría lugar a la teoría postcolonial, la teoría queer, el postfeminismo, los estudios transgénero, etc…, fue un periodo extremadamente intenso. Aunque a menudo tiende a entenderse el postfeminismo como una forma de “anti-feminismo”, este término tiene hoy el sentido de señalar un nuevo marco conceptual para el feminismo. El postfeminismo representa la madurez del feminismo como teoría política. En el discurso de los 90 el término postfeminismo señala un giro conceptual desde los debates de igualdad y diferencia, justicia y reconocimiento, e incluso del esencialismo y del constructivismo hacia los debates acerca de la producción transversal de las diferencias. Marca un desplazamiento de aquellas posiciones que parten de una sola noción de diferencia sexual y de género ya sea ésta entendida en términos esencialistas, en términos marxistas (división sexual del trabajo) o en términos lingüísticos (orden simbólico o presimbólico), hacia un análisis de naturaleza transversal. Se trata de estar atentos, dirá Bell Hooks al “sobrecruzamiento de opresiones” (interlocking opressions). No es simplemente cuestión de tener en cuenta la especificidad racial o étnica de la opresión como una variable más junto a la opresión sexual o de género, sino más bien de analizar la constitución mutua del género y la raza, lo que podríamos llamar la sexualización de la raza y la racialización del sexo, en tanto dos movimientos constitutivos de la modernidad sexo-colonial. Kimberly Crenshaw indicará la necesidad de evitar la creación de jerarquías entre las políticas de clase, raza, nación, sexualidad o de género y apelará por el contrario al establecimiento de una “interseccionalidad política” de todos estos ejes de estratificación de la opresión. Se trata, dice Avtar Brah, de pensar en una “política relacional”, de no compartimentalizar las opresiones, sino formular estrategias para desafiarlas conjuntamente apoyándose en un análisis de cómo se conectan y articulan”.

P. Sin embargo, muchos de estos enfoques venían a contradecir algunas de las reivindicaciones históricas de normalización del feminismo y el movimiento gay.

R. Las autoras que he citado iban a llamar la atención sobre las contradicciones y las exclusiones provocadas por las luchas identitarias tradicionales en busca de reconocimiento e igualdad por parte de la justicia. Por poner un ejemplo: desde el punto de vista de las políticas de inmigración, la demanda de legalización del matrimonio gay viene indirectamente a reforzar el matrimonio como condición de acceso a la ciudadanía. Del mismo modo, los programas institucionales de lucha contra la, así llamada, “violencia de género” contribuyen a una naturalización de la relación entre violencia y masculinidad, enmascarando la violencia propia a la estructuras conyugales y familiares (que son además reforzadas por las demandas de matrimonio gay).

Desde un punto de vista político, el postfeminismo y los movimientos queer surgen como una reacción al desbordamiento del sujeto del feminismo por sus propios márgenes abyectos (en ese sentido supone una crítica de los presupuestos heterosexuales y coloniales del feminismo de la segunda ola), como el movimiento PONY (prostitutas de New York), the Daughters of Bilitis y los diversos grupos de feministas negras, chicanas, etc… Teresa de Lauretis habla de “una ruptura constitutiva del sujeto del feminismo” y de la producción de una “subjetividad excéntrica”. Para De Lauretis esta ruptura deriva de la “no coincidencia del sujeto del feminismo con las mujeres”. Se va a llevar a cabo una crítica general de los efectos de normalización y naturalización que acompañan a toda política de identidad: la institucionalización estatal de políticas de género, la normalización de las políticas gays y lesbianas, la esencialización de los proyectos anticoloniales nacionalistas, etc. El problema que perciben algunas feministas marxistas, posmarxistas y habermasianas - que se inscriben aún en el marco de la modernidad y la ilustración, como Nancy Frazer, Sheila Benhabib o Rosi Braidotti - en las hiperbólicas críticas que emergen del posfeminismo y la teoría queer es que suponen poner en peligro el sujeto político del feminismo. A partir de ahí se buscarán “emplazamientos estratégicos” para el sujeto del feminismo. Así por ejemplo, a principios de los 90, se abandonaría la categoría “Mujeres del tercer mundo”, en beneficio de la más geopolíticamente precisa “mujeres de color”, que se desplazará más tarde hacia la transversal “Queer-Cripple-Color-Alliance”…en un proceso de cuestionamiento incesante.

P. El término queer, que aparece frecuentemente en tu discurso, parece ser la clave de un modo de plantear lo político en términos que superan dicho impás. ¿Podrías definirlo de un modo más preciso?

R. Para aquellos que sean ajenos a este campo de producción discursiva y política, les diré que queer es un insulto que en inglés significa “maricón, bollera, raro” y que por extensión connota desviación sexual o perversión. Pues bien, a finales de los años 80, y como reacción a las políticas de identidad gays y lesbianas americanas un conjunto de microgrupos van a reapropiarse de esta injuria para oponerse precisamente a las políticas de integración y de asimilación del movimiento gay. Los movimientos queer representan el desbordamiento de la propia identidad homosexual por sus márgenes: maricas, bolleras, transgénero, putas, gays y lesbianas discapacitados, lesbianas negras y chicanas, y un interminable etc. Aparecen así grupos como Queer Nation, Radical Furies o Lesbian Avengers que van a hacer una utilización maximalista de la posición de las minorías sexuales como “sujetos malos” o como “sujetos perversos” de la modernidad. En este sentido, los movimientos queer denuncian las exclusiones, los fallos de las representación y los efectos de renaturalización de toda política de identidad. Si en un sentido político los movimientos queer aparecen como post-gays, podemos decir que de un punto de vista discursivo la teoría queer va a aparecer como una vuelta reflexiva sobre los errores del feminismo (tanto esencialista como constuctivista) de los años 80: el feminismo liberal o emancipacionista es denunciado una vez más desde sus propios márgenes como una teoría fundamentalmente homófoba y colonial.

Se trata también, como señalaba De Lauretis, de una puesta en cuestión de la categoría mujer como aquella que define al sujeto político del feminismo. En 1991, la exclusión de una mujer transexual, Nancy Jean Burkholder, del festival de música de mujeres de Michigan, abrió un debate en las comunidades lesbianas sobre la pertinencia del criterio biológico (“reservado a mujeres”) para trazar los límites del espacio político. ¿Cuál era el concepto de género o de identidad sexual que hacía que Burkholder, una mujer transexual post-op que se definía como lesbiana, no pudiera acceder al espacio lesbiano? En los años 90, y paralelamente a la emergencia política de las comunidades translesbicas, se cristaliza una escena drag king en San Francisco, Nueva York y Londres. Se visibiliza así una cultura de la representación de la masculinidad lesbiana, con iconos como Dianne Torr, Murray Hill, Del La Grace, Mo B. Dick o Hans Scheirl. Con o sin hormonas, con o sin silicona, para principios del nuevo siglo, una pequeña multitud de “lesbianas” habían comenzado un proceso de transformación discursiva y corporal que daba a la frase atribuida a Monique Wittig, “yo no tengo vagina”, un aire de premonición futurista.
En esta transformación del discurso y las prácticas feministas resultó clave la rehabilitación, a través de una relectura de Foucault, de la noción de tecnología que había sido rechazada tanto por el feminismo clásico como por las políticas anticoloniales porque se entendía como un índice de dominación masculina (Gena Corea, Mary Daly, Evelyn Fox Keller, Linda Gordon, Adrienne Rich, Andrea Dworkin, etc.) o de colonización imperial. El Manifiesto Cyborg de Donna Haraway (1989) marcará un punto de inflexión para la repolitización de aquellos artefactos (lo femenino, lo animal, la naturaleza) que han sido pensados precisamente en la frontera misma de lo tecnológico.

P. Tal como lo planteas, el desarrollo de lo queer sería una profundización reflexiva del propio feminismo como una transgresión de sus pilares tanto desde el punto de vista teórico como de los posicionamientos políticos y actitudes que anima. ¿Cuáles serían las claves de ese giro?

R. Esta vuelta reflexiva sobre las propias teorías feministas, va a llevarse a cabo entre otras cosas a través de lo que podríamos llamar un giro performativo en el análisis de la identidad sexual y racial. Autoras como Judith Butler, Sue Ellen Case o Eve K. Sedgwick van a utilizar la noción de “performance”, en principio extraña al ámbito feminista, para desnaturalizar la diferencia sexual. Para Butler, “El género no tiene estatuto ontológico fuera de los actos que lo constituyen.” En esta lectura, el género sería el efecto retroactivo de la repetición ritualizada de performances. Un proceso de deconstrucción semejante se llevará a cabo en la teoría postcolonial. La noción de “falsa mímesis colonial” o “mímesis desviada” (flawed colonial mimesis) desarrollada por Homi Bhabha está próxima a la de “citación subversiva de los códigos preformativos de género” de Butler. Para Bhabha la doble demanda del discurso colonial (demanda de diferencia y demanda de integración) produce una respuesta ambivalente, mezcla de repetición y desobediencia, que tiene lugar en la fractura de la autoridad colonial. Esto es lo que Leela Gandhi llama “la lógica de la apropiación inapropiada” presente también en la cultura camp. Para Butler lo que se produce a través de esta mímesis desviada o de esta citación subversiva es el desvelamiento de los mecanismos de producción performativa de los originales del genero, de la raza, de la sexualidad.

Pero lo que va a interesar a los lectores transgenéricos de la teoría queer es cómo la mímesis desviada o la parodia de género pueden funcionar como la anamórfosis en el sentido lacaniano, es decir cómo pueden producir distorsiones en los códigos de significación domiantes. Desde un punto de vista estético, este giro o esta mímesis desviada va a producir antiestética, estéticas negativas, feismos, o estéticas camp, de la glamourización de la basura, estéticas que invierten el valor entre la copia y el original (como los trabajos de Del La Grace, Annie Sprinkle o Ron Athey).

P. A pesar de tu juventud, tú has vivido desde dentro el desarrollo y auge de la teorización queer en el ámbito académico norteamericano. ¿Cómo te sitúas personalmente dentro de ese debate y cómo lo ves desde tu perspectiva actual?

R. Cuando volví a Europa en 1998 me encontré la misma en una situación anacrónica al intentar llevar a cabo una crítica de ciertos textos de la teoría queer (continuar y cuestionar la teoría del poder y de la subjetivación de Foucault, pero también algunas de los ejes argumentativos de la teoría de la identidad performativa de Judith Butler), en un momento en que las políticas de identidad gay y lesbianas apenas emergían en Francia y en España. Es así que el Manifiesto Contrasexual (Madrid, Opera prima, 2002) fue leído inmediatamente por el feminismo francés como un ejemplo de la teoría queer anglosjona. Yo creo que esta deslocalización, este décalage político-temporal, ha sido fructífero en tanto ha permitido la proliferación de otras formas de teoría queer que se han alejado progresivamente de la ortodoxia preformativa norteamericana. Los análisis queer ortodoxos en términos de género como performance me parecen insuficientes para entender los procesos de incorporación de sexo y de género. Gender Trouble, el texto canónico de la teoría queer, al acentuar la posibilidad de cruzar los géneros a través de la performance teatral, habría subestimado los procesos corporales, y especialmente las transformaciones sexuales presentes en los cuerpos transexuales y transgenéricos, pero también las técnicas estandarizadas de estabilización de género y de sexo que operan en los cuerpos “normales”. Precisamente por ello, las primeras críticas frente a esta formulación de identidad en términos de parodia o drag surgieron desde las comunidades transgenéricas y transexuales. Aunque es cierto que en sus libros sucesivos, hasta su más reciente Undoing Gender, Judith Butler se ha esforzado por restituir los “cuerpos” que habían quedado diluídos entre efectos paródicos y performatividad lingüística, su propio constructivismo hegeliano le imposibilita cualquier forma de materialismo inmanentista. Podemos decir que se han abierto al menos dos espacios de conceptualización: uno, dominado por nociones performativas cuyo impacto ha sido de especial relevancia en el ámbito estético, y otro de corte biopolítico en el que se perfila una nueva definición del cuerpo y de la vida. Lo que la crítica transgenérica ha puesto sobre la mesa no son ya performances, sino transformaciones corporales físicas, sexuales, sociales y políticas que ocurren no en el escenario, sino en el espacio público. Dicho de otro modo, se trata de tecnologías precisas de trans-incorporación. En mi propio trabajo, el dildo permite entender esta producción bio-tecnopolítica del cuerpo como prótesis sexual. Al mismo tiempo, el dildo es un sexo camp, una forma drag, no ya del género, sino del sexo.
Del mismo modo que a mediados del siglo XX asistimos a un desplazamiento desde modelos físicos y termodinámicos de la subjetividad hacia modelos textuales (traducción, reconstrucción, lectura, descoficicación, semiótica…) en los que también podríamos incluir el giro performativo de finales de los 80s, parece operarse hoy un segundo movimiento hacia modelos epidemiológicos, inmunológicos, en los que parece haber una primacía de lo tecno-orgánico y de lo que podríamos llamar con Guattari una “ecología política”. En este sentido, creo que estamos dejando atrás una etapa de incapacidad de pensar la corporalidad provocada por el temor a caer en una forma de esencialismo. Ahora lo hacemos desde una posición altamente constructivista en que la noción tradicional de la carne o soma se piensa como un sistema tecnovivo.

Me distancio, junto con las teóricas poscoloniales, del feminismo marxista porque desconfío de la pertinencia teórica y política de la utilización de la noción de diferencia sexual (división sexual del trabajo), o incluso de la noción de género, como único eje que estructura una dialéctica de la dominación transcultural y transhistórica. La crítica postcolonial y queer responden en cierto sentido a la imposibilidad del sujeto subalterno para articular su propia posición dentro del análisis de la historia del marxismo clásico. El locus de la construcción de la subjetividad política parece haberse desplazado desde las tradicionales categorías de clase, trabajo y división sexual del trabajo hacia otras constelaciones transversales como pueden ser el cuerpo, la sexualidad, la raza; pero también la nacionalidad, la lengua, el estilo o, incluso, la imagen. Pero me distancio también de algunas de las formulaciones ortodoxas de la teoría queer porque no entiendo los regímenes disciplinarios como mecanismos cerrados de reproducción social. En su último libro, Touching Feeling, Eve K. Segdwick reflexiona de manera crítica sobre algunos de los hoy principios clásicos de la teoría queer derivados de una lectura totalizante de la genealogía Foucaultiana, considerándolos como efectos de lo que ella denomina una “hermeneútica paranoica”. Sedgwick entiende aquí la paranoia no tanto como una patología psiquiátrica, sino como una modalidad del conocimiento que se caracteriza por producir epistemologías miméticas a aquellas que pretender criticar y por volverse progresivamente tautológica y, por tanto, políticamente estéril. Según Sedgwick el problema, por ejemplo, de la reducción de la cultura camp a una mera evidencia de la naturaleza paródica o performativa de la identidad de género, como hace Butler en Gender Trouble, es que no permite explicar la economía del exceso estilístico, la producción de belleza, la creación de placer y la invención de estrategias de supervivencia que tienen lugar en las prácticas drag queen, drag king o transgénero.

P. De lo que apunta Sedgwick se desprende que es preciso hacer una nueva lectura de Foucault. ¿Qué puede aportar aún la lectura de Foucault a la comprensión de los procesos de articulación subjetiva y política contemporáneos?

R. Yo creo que esta lectura abierta de las tecnologías de control estaba ya presente de alguna manera en algunos análisis de Focuault. Yo me he interesado precisamente por cómo diferentes tecnologías de género operan para producir posiciones de sujeto-cuerpo, como estos sujetos-cuerpos resisten a la normalización haciendo una citación descontextualizada o un uso impropio de esas tecnologías de normalización. Dicho de otro modo, lo que me interesa es cómo esas tecnologías fallan y, de un modo u otro, fallan constantemente. Cómo se producen discontinuidades, cómo se generan intersticios o pliegues de subjetivación/incorporación desviante. La mayoría de los estudios de género hasta ahora se han focalizado sobre “la feminidad”, la diferencia sexual, o las mujeres. Yo creo que precisamente porque desde mi infancia mi posición ha sido precisamente la resistencia a un cierto proceso de “devenir mujer”, me siento especialmente atenta a la construcción de la masculinidad moderna. Partiendo de las utilizaciones de la noción foucaultiana de tecnología que había iniciado Teresa de Lauretis, me concentro actualmente en una teoría del género como “incorporación prostética.” Ese es el trabajo que intentado llevar a cabo con la genealogía del dildo y que continuo ahora con un estudio de las lógicas prostéticas de producción del género en la cultura popular, la danza, la arquitectura y la pornografía. Es lo que yo denominaría “dildónica” más que teoría queer. Ahora mismo trabajo en la elaboración de una cartografía de las tecnologías de producción y de normalización del género, el sexo y la raza en el régimen “postmoneista”, es decir, posterior a la invención de la categoría de género como una biotecnología del cuerpo sexual iniciada por el doctor Money en torno a 1947. Se trataría de esbozar las claves para un nuevo activismo que podríamos denominar gender~copyleft , una micropolítica de células, que más allá de las políticas de representación, busca puntos de fuga frente al control estatal de flujos (hormonas, esperma, sangre, órganos…) y códigos (imágenes, nombres, instituciones…) y la privatización y mercantilización por las multinacionales médicas y farmacéuticas de estas tecnologías de producción y modificación del género y del sexo.

Foucault señala el paso de las sociedades soberanas a las sociedades disciplinarias en torno al siglo XVIII, como un desplazamiento de un tipo de poder que decide y ritualiza la muerte, a un poder que calcula y organiza la vida de las poblaciones. Son en definitiva dos modelos de gestión del cuerpo social. Foucault denomina biopolítica al conjunto de prácitcas gubernamentales dirigidas a racionalizar la vida de la especie: prácticas de salud, de higiene, de natalidad, de clasificación y depuración racial. Pero Foucualt nunca se interesó por la noción de género. Desde mi punto de vista, la invención de la categoría de género señala el paso a un nuevo modelo que yo he denominado “postmoneista”y que Deleuze y Guattari habían caracterizado de algún modo bajo el nombre de “sociedades de control.” Se trata de un modelo basado en la internalización o la invisibilización de los mecanismos de control, en la generación de formas de control difuso, reticular, hormonal y prostético. En términos espaciales ya no es un modelo de encerramiento (como el del hospital o la fábrica), sino un modelo de tejido, de red, en el que priman el desplazamiento inmediato, la conexión, la contaminación y las formaciones somatopolíticas serían aquí el sida o el cancer, pero también las mutaciones producidas por bomba atómica, la radiación, el ántrax… es también un modelo cibernético, de hibridación, metamorfosis, mutación. Por supuesto se trata del nuevo modelo del colonialismo globalizado. Ya no es cuestión aquí de políticas de la muerte o de la vida, sino de la producción y el control de estados intermedios entre la vida y la muerte: la muerte cerebral, la vida vegetativa, los embriones, los virus, etc. Aquí el modelo de subjetivación es el monstruo. Este es el régimen que Haraway, llevando Foucault hasta sus últimas consecuencias, ha llamadado “política del cyborg.”

Donna Haraway, operando un diagnóstico semejante al que llevarán acabo Negri y Hardt en el dominio de la economía política, señala el paso de una sociedad industrial a un sistema polimorfo y prostético de información que va a llamar, con la expresion de Rachel Grossman, el “circuito integrado”. Según Haraway «estamos experimentando cambios tan profundos en la producción de la raza, el género y la sexualidad que son equivalentes en fuerza de transformación a aquellos que se produjeron durante la revolución industrial». Ya no hay dominación simplemente en términos de clase o de raza o de sexo, lo que hay es un circuito de opresiones conectadas al que Haraway llama “informática de la dominación.” La política del cyborg (nombre dado en 1960 por Manfred Clynes and Nathan Kline del Hospital Rockland States para nombrar a una rata a la que se le habían implantado una bomba osmótica y sistema de control cibernético) aparecía a finales de los 80 como la acción política adecuado en un tiempo posorgánico. De nuevo, como en el caso de las políticas queer, el cyborg trata de nombrar una subjetividad política que no esté basado en identificaciones nacionales, coloniales, sexuales de carácter natural o naturalizado.

P. ¿Podrías apuntar cuales son las posibilidades y los límites del transplante y absorción de las nociones queer de la performatividad, generadas dentro del entorno específico anglosajón/americano, en un contexto como el europeo y el español en que los marcos y procesos de producción de la subjetividad y la identidad son tan aparentemente diferentes?

R. Me sorprende esta retórica del transplante y de la absorción en otro lugar. Desde mi punto de vista, el problema consiste en considerar la teoría queer o el feminismo postcolonial como un ejemplo paradigmatico de cultura norteamericana. No olvidemos que la teoría queer no dejar de ser una crítica hecha desde los márgenes del discurso americano dominante. Una crítica que emana de micropolíticas postfeministas, maricas, bolleras, intersexuales, transgéneros y transexuales, así como de los feminismos de color y handiqueer. Lejos de ser norteamericana, la teoría queer podría ser un ejemplo, como el movimiento de Seattle, de una intensa puesta en cuestión de los discursos hegemónicos de la cultura occidental. Se trata de una respuesta a la globalización de los modelos norteamericanos de identidad sexual straight, pero también del feminismo liberal o de la cultura gay integracionista. Para hacerse una idea de la frágil posición que las teorías y las prácticas queer ocupan en la nación norteamericana en tanto que “cuerpos extranjeros” basta recordar las afirmaciones de Richard Rorty en Achieving Our Country, Leftist Thought in Twentieth-Century American (Cambridge, Harvard University Press, 1998). El célebre filósofo pragmatista acusa en su libro a la filosofía estructuralista francesa – atacando particularmente la “herencia” de la filosofía de Foucault – de ser la responsable de la corrupción del verdadero pensamiento de izquierda norteamericano, por haber introducido las nociones que han conducido, dice Rorty, a las formas actuales del feminismo, la teoría queer y el multiculturalismo. Para Rorty, la filosofía francesa alimenta la izquierda culturalista que es, según él, el origen de la contaminación (una vez más) de la verdadera tradición democrática norteamericana. Rorty no duda en utilizar la retórica de la “importación” para estigmatizar el pensamiento extranjero como una forma de “afrancesamiento de América”. Esta misma retórica funciona, invertida, en Francia para controlar la emergencia de las teorías queer made in France (como si se tratara en este caso de un proceso de americanización de Francia) iniciada por autores locales que estarían “bajo la influencia” de Butler, Rubin o Segdwick (¡ influenciadas ellas mismas por Foucault!). Por ejemplo, en el contexto francés la resistencia a la traducción de algunos de los textos clásicos de la teoría queer y postcolonial - no olvidemos que Gender Trouble de Judith Butler (Londres & Nueva York, Routledge, 1990) o The Location of Culture de Homi Bhabha (Londres & Nueva York, Routledge, 1994) no han sido todavía traducidos en francés -, se ha justificado en términos de resistencia a la “importación” del pensamiento americano. Es sorprendente esta obstinación en localizar la emergencia de la crítica queer fuera del suelo de la nación (ya sea francesa o española) como si las teorías y las prácticas queer, los diferentes agentes queer constituyeran una forma de contaminación, por no decir de inmigración clandestina. Seguramente, esta retórica no es completamente ajena a las actuales políticas de inmigración en Europa y en Estados Unidos. La mise en abîme de “importaciones” de “importaciones” señala la imposibilidad de parar este flujo de transferencias.

Cuando llegué a Francia en 1998 ninguno de los textos claves de la teoría queer, ni siquiera del feminismo crítico (como los de Rubin, Califia), por no hablar del feminismo postcolonial, habían sido traducidos en Francés. Pasé entonces un buen tiempo intentando convencer (con la ayuda del propio Derrida) a algunos de los editores Franceses de la urgente necesidad de ver esos textos traducidos en Francés. Pero ni siquiera el apoyo de Derrida sirvió para convencer a los más recalcitrantes defensores del psiconálisis o de la filosofía francesa. En ese momento Payot, Seuil, PUF, Fayard se excusaban diciendo que esos textos “feministas radicales” o “gays americanos” no serían rentables en el mercado francés. Yo creo que parte de esta “falta de rentabilidad” escondía, sin duda, miedos políticos. El miedo a poner en tela de juicio el monopolio discursivo del psicoanálisis sobre las cuestiones de sexualidad en Francia (¡no olvidemos que si en Estados Unidos se invoca la Biblia para argumentar contra la homoparentalidad, en Francia se invocan los seminarios de Lacan y el orden simbólico!) Pero también el rechazo a las políticas de identidad, como posibles portadoras de comunitarismo y, por tanto, agentes de disolución de al unidad republicana o nacional. Lo que resulta curioso es que la teoría queer, cuyo objetivo primero fue la crítica de los efectos normativos y naturalizantes de las políticas de identidad gay y lesbianas haya sido considerada en Francia como el vehículo de transmisión de lo que algunos llaman “extremismos identitarios”, operando de este modo un desplazamiento semántico desde las identidades sexuales o de género a las identidades étnicas o religiosas. Creo que estos desplazamientos (en la primera mitad del siglo XX de judio a homosexual, hoy de musulmán a queer) son realmente significativos. Precisamente por ello resulta absolutamente necesario leer la teoría queer en continuidad con la críticas postcoloniales.

P. Recogiendo esta última referencia que haces a lo postcolonial, ¿Podrías hacer una valoración más detallada de la pertinencia de la aplicación de los topoi de la teoría queer a otros contextos periféricos respecto a los centros en que éstos se formulan: el entorno postcolonial, o un ámbito debate poco desarrollado como el del estado español?

R. La cuestión de la producción cultural o de la creación de prácticas y discursos políticos no parece poder decidirse hoy en términos de centro y periferia. Mientras la lógica espacial del colonialismo estaba basada en la supuesta distancia entre la centralidad de la metrópoli y las colonias situadas en las periferias del mundo, una periferia que era entendida como margen tanto en el sentido de su dependencia con respecto a la ley imperial como por el rol constitutivo que esta distancia jugaba para poder definir la identidad de la colonia frente a lo Otro. El viaje colonial sólo podría ser un viaje desde la metrópolis colonial hasta las periferias colonizadas. Edgard Said ha señalado que la direccionalidad de este viaje se ha invertido durante el último siglo (esto es lo que los discursos de extrema derecha, por ejemplo el de Le Pen en Francia, han llamado “colonización inversa”) de modo que ahora las antiguas metrópolis aparecen como zonas híbridas de contacto y de superposición. Autores como Franz Fanon, Aimé Césaire, Edouard Glissant o Jackie Alexander nos han hecho conscientes de que habitamos una nueva condición glocal, una zona de fricción, que no es ni una exterioridad a la dominación (colonial, masculina, heterorosexual), sino más bien una zona fronteriza, un pliegue. Por una parte, el feminismo chicano y caribeño (articulado especialmente en las universidades de la costa oeste de Estados Unidos, como el departamento de Historia de la Conciencia de santa Cruz), en Inglaterra, en India (en torno al grupo de estudios subalternos de Ranajit Guha) o en América Latina ha producido narrativas críticas del colonialismo que no acentúan la defensa del autoctonismo, sino las zonas de contacto, las identidades transversales y los espacios híbridos. Se van a producir así una serie de escritos fronterizos, mestizos, bilingües o incluso multilingües como es el caso del clásico de Gloria Andaluza de 1987, Borderlands/La Frontera (San Francisco, Aunt Lute, 1987). Surgen así un conjunto de nociones como “transculturación”, “contrapunteo”, “coyote”, “Malinche”, “bastarda,” “cyborg”, “virus”, y “dildo” que deslegitiman la pureza, la teleología y la unidimensionalidad de las representaciones coloniales, sexuales y científicas dominantes.
Como nos enseña Walter Mignolo en Historias locales/diseños globales (Madrid, Akal, 2003), “la mayor consecuencia de la geopolítica del conocimiento es comprender que el conocimiento funciona como los flujos de la economía globalizada.” Desde un punto de vista de la geopolítica del saber, podríamos decir que el verdadero problema es la reducción antropológica o etnográfica que las micropolíticas queer no norteamericanas sufren en la lectura académica en Estados Unidos. Este verano tuve la ocasión de enseñar un mes en Chile gracias a una invitación del Magíster de Género de la Universidad de Santiago. Pude así comprobar la riqueza de la producción de teorías y narrativas subalternas glocales queer como las llevadas a cabo por autores como Pedro Lemebel o Juan Pablo Sutherland. En Estados Unidos, la lectura de estos autores será (en el mejor de los casos) objeto de una folklorización exotizante (un efecto no muy distinto del que Said denominó “orientalismo”) viéndose desplazada a los departamentos de Estudios Latinoamericanos, mientras que raramente alcanzará el centro de un debate sobre la construcción del género o de la sexualidad queer.

P. En ese sentido ¿dirías entonces que existe un magma común que une la teoría queer, independientemente de su origen específico, con las articulaciones discursivas de la crítica postcolonial contemporánea?

R. Las críticas de la “epistemología de la representación” o de la “metafísica de la presencia” que tendemos a reconocer como postestructuralistas son ellas mismas contemporáneas (quizás ecos) de la producción de los lenguajes subalternos del feminismo radical, del movimiento de black civil rights, de los movimientos gays, lesbianos y transexuales, y de la crítica poscolonial. Como señaló Craig Owens, son precisamente las críticas que emergen del feminismo, de los estudios culturales y del movimiento negro las que han generado una puesta en cuestión de la legitimidad de la representación (tanto estética como política) al “interrogar los sistemas de poder que autorizan ciertas representaciones mientras que otras son obstaculizadas, prohibidas o invalidadas”. Dicho de otro modo, lo que se va a producir a partir de los años 60 es un desplazamiento del sujeto de la enunciación científica. Aquellos que hasta ahora habían sido producidos como objetos abyectos del saber médico, psiquiátrico, antropológico, los subalternos (Guha, Spivak), los anormales (Foucault) van a reclamar progresivamente la producción de un saber local, un saber sobre sí mismos, que pone en cuestión el saber hegemónico. Es lo que Foucault denomina en 1976 “la insurrección de los saberes sometidos.”

Mientras que a finales de los 80, Gayatri Spivak en su clásico “Can the sublatern speak?” pensaba en un borrado sistemático de la voz del subalterno en el texto imperialista, unos años más tarde Chandra Mohanty afirmará que el sujeto subalterno no está ni condenado al silencio ni acallado, sino que se sitúa precisamente en las fracturas entre varios discursos hegemónicos y minoritarios, de ahí la dificultad de ser oído. Podríamos decir que desde hermeneúticas reparadoras tanto Bhabha, ya mencionado, como Chandra Talpade Mohanty y Jacqui Alexander (Feminist Genealogies, Colonial Legacies, Democratic Futures, Londres & Nueva York, Routledge, 1997), contrariamente a Spivak, van a encargarse de mostrar precisamente cómo el sujeto poscolonial habla y produce lenguajes minoritarios. Yo creo que en términos políticos lo que ocurre es que efectivamente los subalternos, mal que le pese al lenguaje dominante, hablan, y que además esos lenguajes minoritarios no sólo producen distorsiones de sentido, sino que también producen nuevas significaciones. Lejos de una intraducibilidad radical de la condición de subalternidad, lo que estos autores reclaman es el estatuto de toda lenguaje como fronterizo, como en sí mismo producto siempre y en todo caso de traducción, de contaminación, de desplazamiento, negando el carácter originario y puro de la lenguaje y por extensión de la identidad nacional, pero también de género y sexual. En lo que sí parecen estar de acuerdo Said, Bhabha, Spivak y Mohanty es en la crítica de los procesos de reconstrucción de las identidades nacionales poscoloniales y de las políticas de identidad de género y sexuales como procesos de renaturalización que reproducen las epistemologías (coloniales o sexuales) esencialistas que pretenden superar.
El acceso de los subalternos a las tecnologías de producción de saber va a producir una ruptura epistemológica. Esta ruptura abre una nueva topografía del conocimiento marcada, como ha señalado Donna Haraway, por el desplazamiento desde la unidad de un saber hegemónico hacia una multiplicidad de “saberes situados”. El saber situado es para Donna Haraway la práctica de la objetividad subalterna, frente al saber científico y universal portador de los valores de la colonización, la heterosexualidad y el patriarcado. Se trata de una política desnaturalizada, estructurada en torno a vínculos sintéticos de afinidad, de políticas que unen las diferencias, alianzas desde la discontinuidad y no desde el consenso, a través de lo que Chela Sandoval llama “redes de posicionamiento diferencial”.

En el arte, uno de los primeros espacios poscoloniales de discusión fue el abierto por una serie de conferencias y mesas redondas en el New Museum bajo el título general Minorities Dialogues (1980) organizados por Linda Goode, John Neeley y Hawardina Pindell. Uno de los elementos que estos debates pusieron de manifiesto fue la necesidad de cuestionar las prácticas curatoriales delimitadas por las fronteras de la identidad nacional, sexual o por la disciplina (más allá de reductos identitarios como el arte de mujeres, el arte africano o el arte gay). En lugar de afirmar la exclusividad de la historia local de nuestra supuesta periferia se trata más bien subrayar la multiplicidad de historias, al mismo tiempo que el carácter hibrido de nuestra propia cultura (un día eje de colonización y hoy margen de Europa). Como señala Ella Shoat, se trata de descolonizar la representación no sólo en lo que respecta a los artefactos culturales (exhibiciones museísticas, cánones literarios, muestras cinematográficas), sino también en términos de las comunidades que se encuentran “detrás” de dichos artefactos” y de la construcción de los contextos de recepción, es decir de la creación de públicos.

P. Según tu parecer ¿existe una recepción verdadera o durable de las teorías subalternas, (queer y otras) en nuestro territorio nacional? ¿Hasta qué punto supone una superación de los modos tradicionales de plantear los conflictos en nuestro país?

R. Las teorías subalternas provocan una incesante transgresión (en un sentido espacial del término) de fronteras que no resulta irrelevante precisamente en un momento de descomposición y reestructuración de los estados-nación tradicionales y de recrudescencia de las políticas nacionalistas. Esta crisis del cuerpo nacional puede ponerse en paralelo con la crisis del cuerpo sexual moderno. El cuerpo queer pone en cuestión la mitología que garantiza la naturalización de la filiación y la diferencia sexual. En este contexto el mal-sujeto queer genera todo un conjunto de angustias sexuales y políticas. La cuestión de la recepción de las teorías queer en Francia o en España no me preocupa en absoluto porque los límites nacionales no me parecen en efecto pertinentes para pensar el trabajo queer. No resulta posible cerrar las fronteras textuales y políticas. Para aquellos que desearían la puesta en marcha de un satélite internacional que permitiera controlar los desplazamientos conceptuales, las prácticas sexuales y políticas de las minorías, las teorías queer y poscoloniales pueden parecer una nueva forma de “terrorismo” internacional. En el contexto actual de globalización, se trataría más bien, en una perspectiva deleuziana, de abrir puntos de fuga, de multiplicar los espacios de acción micropolítica y de generar alianzas estratégicas no esencialistas. La formación de los movimientos anarco-okupas-queer es también una reacción a una globalización progresiva. Es una forma de producción cultural que desafía las fronteras nacionales y lingüísticas. Tendríamos que hablar más bien de producción cultural transfuga, de un contrabando sexual y político que ha producido sus propias plataformas de aprendizaje de prácticas (talleres drag king, backrooms, talleres SM, foros de internet..), sus redes de biopiratería de hormonas, flujos y prótesis. Si por una parte la globalización implica la crisis de la soberanía de los estados-nación, por otra, suscita la emergencia de movimientos sociales transnacionales en tanto que agentes políticos, de grupos que reúnen diferentes minorías étnicas, sexuales y corporales (Act Up, Amnistía Internacional, Greenpeace, Queer Watch, Queer For Racial and Economic Justice, el movimiento handiqueer y los grupos de lucha intersexual, entre otros). Estos nuevos agentes políticos, al mismo tiempo locales y globales, con una localización que podríamos calificar de glocal, han actuado como fuerzas de resistencia eficaces al capitalismo straight neoliberal. En lugar de seguir dibujando la teoría queer como una infiltración americana, ganaríamos a entenderla como una forma de resistencia a la americanización blanca, straight-gay y colonial del mundo.

P. Para concluir, ¿cómo describirías la efectividad política de esta crítica transversal de la producción de diferencias y en qué la distinguirías de los fundamentos y fines de la crítica contrahegemónica y anticapitalista tradicional?

R. Bajo el impulso de los análisis postcoloniales como los de Moraga, Andaluza o Spivak, las teorías queer y postcoloniales intentan llevar a cabo análisis más complejos del poder y de la opresión, alejados de la lógica binaria de la dominación (bien/mal, hombre/mujer, hetero/homo, gay/lesbiana, blanco/negro..) que deberían llevar a una resolución dialéctica más allá del género y de la sexualidad. Podríamos decir que las teorías queer trabajan con una noción de opresión transversal en la que el poder no se articula ni se resuelve en forma de oposiciones dialécticas. El rechazo del modelo revolucionario de abolición de sexos y de géneros como solución política está determinado por la necesidad de tener en cuenta los recursos de la identidad como posibles lugares estratégicos de acción política, sin que sean considerados simplemente como efectos de un sistema de opresión o como bases naturales de formación de comunidad. Además nos hemos hecho cada vez más conscientes del riesgo de la utilización totalizante de modelos políticos humanistas basados en los ideales de “justicia”, “libertad” e “igualdad” que ignoran las diferencias culturales, las historias de colonización o las opresiones cruzadas microidentitarias.

Cuando hablo de la necesidad de combinar estrategias hiperidentitarias y críticas postidentitarias, me refiero a la necesidad de un cierto momento de molarización de la identidad, esa identidad molar que tanto temía Deleuze. La molarización es una condición de la acción política colectiva, de la producción de una cierta puissance (potencia más que poder) d’agir. Curiosamente cuando escribo molarización el software Word se empeña en transformar la palabra en “dolarización, quién sabe si consciente de las actuales técnicas de mercantilización de la identidad. La cuestión es cómo atravesar la molaridad identitaria (sexual, nacional, racial) sin hacer de la identidad el fin último de la acción política. Es necesario hacerse cargo de la propia molaridad (la opresión en este sentido actúa como un catalizador identitario) para poder moverse hacia un devenir molecular, infra-molar y postidentitario. Para mí esta transición indica el pasaje de una política de la representación a una política de la experimentación, pero también desde una obsesión por la visibilidad como condición de la emancipación hacia un devenir imperceptible… como garantía de las micropolíticas. O dicho en términos de Deleuze, desde la política hacia la ética y la estética. Sin embargo me distancio de Deleuze cuando habla de una experimentación sin práctica, como en el caso de la borrachera sin alcohol o el nomadismo sin moverse de lugar. Si algo hemos aprendido del feminismo radical de los 70s es la necesidad de la práctica ritualizada como fuerza de molecularización y de mutación de la identidad. Esto es precisamente lo que Aurora Lewis llama la posición de la “intelectual orgánica”. Para Lewis, el proceso central de la producción de teoría es la experiencia local que adquiere carácter político a través de agenciamientos colectivos en los que interviene siempre la acción y la narración. Sloterdijk se refiere a un proceso similar en su Tratado de intoxicación voluntaria cuando vuelve al creador de la homeopatía, Samuel Hahnemann, como inventor de una micropolítica de la subjetividad. De la misma manera que el homeópata según Hahnemann debe intoxicarse a sí mismo antes de poder dar consejo alguno, el teórico político debe estar dispuesto a arriesgar su identidad en la práctica. Este es uno de los sentidos del lema feminista “lo privado es político”, cuya relevancia puede ser leída en una escala microbiológica desde las actuales políticas transexuales y transgenéricos. Podríamos decir que hoy cabría afirmar “mis moléculas son políticas.” Devenir un intelectual orgánico o un homeópata político implica utilizar su propia subjetividad como terreno de experimentación.

Por ejemplo, en el actual debate en torno a la prohibición del velo islámico en los colegios franceses, la izquierda conservadora no ha dudado en apelar al feminismo emancipacionista para afirmar la necesidad de una ley republicana y laica que defienda a las “mujeres musulmanas frente a la autoridad patriarcal.” Para autoras como Carby o bell hook, este tipo de feminismo liberal emancipacionista emerge de las premisas coloniales de la ilustración y por tanto comparte nociones de justicia, autonomía, subjetividad y libertad de carácter racista. Para muchas de las críticas poscoloniales, como Chela Sandoval; Barbara Smith, Angela Davis, bell hooks, Chandra Mohanty, G. Spivak, Jacki Alexander o Gloria Andaluza, el discurso feminista dominante que se apoya en la categoría de mujer coloniza la experiencia heterogénea de las mujeres en un contexto de globalización, construyendo una “mujer oprimida por las tradiciones de tercer mundo” a la que el feminismo humanista occidental debe emancipar. Trinh llamará a esta empresa del feminismo “proyecto nativista” a través del cual el feminismo pretende enseñar a “las nativas” a convertirse en buenas descolonizadas.

Lo que ocurre, según el diagnóstico agudo de JacquiAlexander, es que el cuerpo racializado y sexualizado de las mujeres del tercer mundo opera como una metáfora orgánica en el intercambio colonial de la globalización- es al mismo catalizador de la empresa colonial y un instrumento de resistencia anticolonial por parte de las tradiciones nacionalistas. A menudo, dirá también Spivak, el cuerpo de la mujer colonizada se encuentra atrapado en una “doble opresión”: entre la dominación del patriarcado local o nativo y la ideología imperialista del colonizador. En algunos casos esta última parece desplazar la primera actuando como una fuerza de emancipación, pero opera en realidad como vector de colonización. Para Spivak es preciso oponerse a los “discursos nacionalistas de resistencia” en los que la mujer opera como un significante de la cultura local desde la opresión y el conservadurismo. Lo que Spivak pone en cuestión es la política de la pertenencia originaria y de la identidad como base de la acción política. En realidad, lo que encontramos son pertenencias fragmentadas y desplazamientos múltiples.

En todo caso, el feminismo laico colonial, pero también los discursos nacionalistas de resistencia, recibieron una buena lección cuando el pasado octubre una joven alsaciana de 15 años decidió raparse la cabeza en respuesta a la prohibición de llevar el velo en su Liceo Louis Pasteur en Strasbourg. Yo creo que éste fue un ejemplo extraordinario en el que se articularon estrategias micropolíticas hiperidentitarias y postidentitarias. Frente a la doble prohibición religiosa y republicana, por una parte la prohibición del Corán de mostrar el cabello femenino en el espacio público (de la que se sigue la necesidad de cubrirse la cabeza con el velo) y por otra la prohibición de entrar con el velo en los colegios franceses, la joven alsaciana responderá con el más inesperado (aunque lógico) de los gestos: cortarse el pelo de la cabeza al cero. Su respuesta producirá una imagen corporal discordante que la pondrá inmediatamente en relación con otras historias minoritarias del feminismo: las llamadas “putanes des boches”, francesas condenadas tras la liberación en 1944 a ser rapadas en público por haberse acostado con el enemigo alemán, las lesbianas rapadas en las que el que pelo opera como un signo de disidencia sexual o aún las mujeres calvas producto de la quimioterapia. Abre una línea de fractura que desafía al mismo tiempo la autoridad patriarcal musulmana y la autoridad republicana colonial, constituyéndose así en sujeto político.

Del mismo modo, los debates sobre la ablación de clítoris, han mostrado que no se trata de elegir (como proponen algunos profetas de la “verdad radical” como Slavoj Zizek) entre un conjunto de valores universales transculturales y transhistóricos como base de la emancipación de minorías y un relativismo posmoderno donde no es posible juzgar una práctica histórica desde presupuestos externos a la propia idiosincrasia cultural, sino de situar toda práctica corporal (moderna o tradicional, autóctona o colonial) en un entramado de flujos de intercambio y significación, de apropiación y resistencia dentro de la economía capital-sexo-raza global. Por ejemplo, la película documental Fire Eyes de la somalí Soraya Mire, ella misma circuncidada y cuyo clítoris será quirúrgicamente reconstruido bajo su propia decisión, permite ver las tensiones dentro de la propia cultura de la llamada circuncisión femenina. Soraya Mire localiza esta práctica quirúrgica dentro de otra red global más amplia de prácticas médicas y de tecnologías de normalización del cuerpo (presenta un caso de mutilación por intersexualidad, el caso de una niña que ha sufrido una ablación del clítoris porque aparentemente era demasiado grande, y el caso de la ablación de clítoris como prevención y cura de la masturbación excesiva). Así la escisión del clítoris, lejos de ser un ejemplo de barbarismo exótico, se convierte en uno de los dispositivos en una red de mecanismos de normalización y de regulación del cuerpo en un contexto de globalización del género y de la sexualidad.

Ellas

bettina 24/05/2009 @ 22:46

Género con perspectiva

http://generoconperspectiva.blogspot.com/

(Eduardo Galeano)



“Detrás de todo un gran hombre hay una gran mujer ”, frecuente homenaje, dudoso elogio: reduce a la mujer a la condición de respaldo de silla.


La función tradicional: la mujer es hija devota, abnegada esposa, madre sacrificada, viuda ejemplar. Ella obedece, consuela y calla .


En la historia oficial, esta sombra fiel sólo merece silencio. A lo sumo, se otorga una que otra mención a las señoras de los próceres, pero en la historia real, otra mujer asoma por entre los barrotes de la jaula.


A veces, no hay más remedio que reconocer su existencia. Es el caso de Sor Juana Inés de la Cruz, que ni ella misma pudo evitarse tan alto y perturbador talento, o Manuela Sáenz y su vida fulgurante. Pero eso sí: nada se dice, ni al pasar, de las capitanas negras o indias que propinaron tremendas palizas a las tropas coloniales, antes de las guerras de la independencia.


En honrosa excepción a esta ley del silencio, Jamaica ha reconocido a Nanny como heroína nacional: Nanny la esclava bravía, mitad mujer y mitad diosa que queriendo libertad encabezó a los cimarrones de Barvolento y humilló al ejército inglés, hace dos siglos y medio.

He-man esta de vuelta

bettina 16/05/2009 @ 05:02
Las 12

Viernes, 15 de Mayo de 2009

 

Marcelo Tinelli volvió con una banda de muchachos que recrean una despedida de soltero permanente, la revista Hombre propone devorarse a las amantes. Alejandro Fantino, Roberto Pettinato y Mario Pergolini son parte de una mirada masculina tan sexista como homogénea. Mientras que la publicidad de un desodorante juega con cavernícolas que pegan garrotes a las mujeres y una marca de jeans pregona “Volvamos al hombre, de a uno por vez”. ¿Un regreso al neomachismo, el machismo que nunca se fue o manotazos de ahogado de una masculinidad en extinción?

Por Luciana Peker

El papá pingüino va a buscar el alimento cuando nacen los pingüinitos y la mamá se queda cuidando a la cría. Después, la mamá pingüina va a buscar el alimento y el papá se queda con los pingüinitos. “La pareja de pingüinos se hace cargo en forma alternativa de buscar el alimento y cuidar a sus pichones”, relata el libro de fauna autóctona El pingüino y su familia, de Editorial Colihue. Más allá de las fronteras nacionales –y de las metáforas político-pingüinísticas– también el auge del protagonismo pingüino (como en la película Happy Feet en donde se hace una alegoría a la posibilidad de tener deseos diferentes a los del resto de la tropa) despunta en la naturalidad de la democracia sexual para algunas especies. En el nuevo ciclo de Showmatch una parodia de Happy Feet fue el puntapié para presentar la casa del “Gran Cuñado” en alusión a un país gobernado por un pingüino y una pingüina. Sin embargo, lejos –lejísimo– del espíritu equitativo entre los sexos, el pingüinismo televisivo se ancla en la burla a las mujeres.

Pero ésa es una que sabemos todos (sí, y todas) y no es sólo eso. El tinellismo –con los muchachos que se hacían los gomas hace 20 años y que ahora se juntan como en una remake de un viaje a Bariloche– revaloriza la idea de barra que se junta para abrazarse, cargarse por el fútbol, presentarse minas y ver quién tiene el ala más larga. Ahora, todas las bailarinas están mucho más desvestidas que las ex T-nellys y no están ni una de las humoristas que pasaron por el equipo –como Mariana Brisky y Sandra Monteagudo– en el rejunte del viejo staff. Tinelli juega a ser un separado nerd al que Guillermo Francella le quiere presentar chicas. Y carga a Larry de Clay por una rivalidad futbolera –San Lorenzo vs Boca– con la pregunta “¿Dónde vas a estar el jueves?” y su respuesta (sin compartir el micrófono, en el ABC del glosario de la viveza criolla) “Yo con tu mujer”.

Y sí, hay que decirlo: como si la mujer –de Larry o de cualquiera– fuera un trofeo de caza para cargarse o burlarse entre amigos. ¿Amigos? “Vos no me querés”, le saca el brazo un Larry ofendido. El sketch vivencial es un prendedor del neomachismo televisivo que no sólo desnuda una imagen femenina siempre ninguneada, sino que también reflota una competencia masculina que no le hace bien a nadie. Nadie, son, también, ellos.

“Tinelli es una síntesis de lo más rancio y tóxico del machismo. Es el que la tiene más larga (más poder, más rating, más dinero) y los machos obedientes lo siguen, obedecen y celebran (en el estudio y en los livings de sus casas). Como en las manadas, se arrodillan y le ofrecen la cola al jefe en señal de obediencia. Y lo festejan y se ríen con él. Y comen de sus sobras. Y le temen. Y así será hasta que pierda el poder y hagan lo mismo con otro. Es la patota. Burlarse juntos de los más débiles, de las mujeres y, ahora, también de los chicos”, critica Sergio Sinay, autor del libro Conectados al vacío: soledad colectiva en la sociedad virtual.

El neomachismo ataca de nuevo

La vuelta de la muchachada tinellista no es el único signo para atrás en los pasos que dieron los varones por aflojarse el nudo de la corbata, arremangarse a cambiar algunos pañales y dejar caer viejos mandatos del deber ser masculino. La revista Hombre pone a Victoria Vanucci en tapa y titula “Lo que te devoraste Ogro” (en alusión a un supuesto romance de la símil vedette con el futbolista Cristian “Ogro” Fabbiani), ah, es “lo que te devoraste” porque en la foto se muestra la cola (el culo) de Vanina, “lo que se devoró” ni siquiera es ella, es su parte trasera.

No es que la expresión “comerse”, “devorarse” o “darle” a una mujer sonroje a alguien, sino que muestra una idea de la sexualidad que –cuando la liberación sexual permite que las mujeres disfruten– necesita seguir poniendo énfasis en un hombre depredador que es capaz de fagocitar a una señorita (y no, por ejemplo, encontrar cómo hacerla gozar).

En la cobertura –aburridísima por cierto– del partido de San Lorenzo el guiño del ex futbolista Alberto Acosta al notero el “Turco” Naim Sibara es “se te ve bien comido”, también en referencia al noviazgo de él con la actriz Emilia Attías. Basta de metáforas. “Triki por atriki”, informa el mensuario masculino que ya no sólo muestra desnudos sino que les explica a los hombres “cómo obtener entrega inmediata”. No placer: entrega. Que no es lo mismo.

Tampoco es igual que una revista para hombres sea una guía de erotismo resentido a que la idea de “darles” a las mujeres se haga un juego. Y violento. La marca de desodorantes Axe tenía un juego en donde un cavernícola les daba garrotazos a las mujeres para sumar puntos. Hay dinosaurios que no se extinguieron. La marca de autos Renault tiene en el aire una publicidad en la que una mujer se define por su posibilidad de parir y un varón busca su rito iniciático como hombre: ir a un prostíbulo y comprarse un auto serían, según la marca, las marcaciones por las que un muchacho se convierte en hombre. Esa palabra.

En el balance de las tandas del 2008 el periodista de Páginal12 Julián Gorodischer anunció “El final del reinado del varón metrosexual”. Y, este año, los modelos publicitarios se sacaron la crema humectante para volver a raspar, bien pinchudos. La marca de jeans Wrangler buscó en el oro perdido de la vieja masculinidad su filón marketinero. “Volvamos al hombre, de a uno por vez” dice el eslogan de la marcha atrás. El médico psicoterapeuta Carlos Alhadeff, autor del libro Confesiones de un machista arrepentido, tilda: “No creo que exista un neomachismo”, pero no porque piensa que el revaival es sólo una fantochada, sino porque nunca terminó de retroceder el macho de pelo en pecho. “El machismo es tan poderoso y ha tenido tanta permanencia que ni siquiera ha tenido que renovarse. ‘Volver al hombre’ significa retomar un poder que jamás se perdió. En una sola frase se dice que se ha sido magnánimo con las mujeres y que ya fue suficiente.”

Y por si todo esto se quedara corto (guay con ese temita), el actor Coco Silly (ver recuadro) encarna el grotesco de la ostentación del macho argentino explícito. “La persistencia de expresiones machistas no pueden dejar de plantearse la mayoría de las veces como irónicas. Y, a veces, esos planteos que quieren parecer irónicos terminan siendo idiotas”, subraya el investigador del Instituto Gino Germani Mario Pecheny. El define: “La masculinidad misógina no es tradicional, sino antediluviana” y cree que del embate tinellístico ’09 lo más grave es la falta de protección a los menores. “Me dio pena el trato con los chicos que bailan por un sueño. Nominarlos, calificarlos y –a esa edad– interpelarlos con sus novias, novios y sensualidad es una forma de violencia no sólo simbólica. En su ambigüedad, los chicos persiguen su sueño y, al tiempo que les da felicidad, eso los hace sufrir y los denigra”, califica.

Los enemigos invisibles del machismo: los (otros) hombres

“A las mujeres las perjudica el machismo porque las afecta con violencia de todo tipo. Pero al varón también porque tiene que competir con las reglas de juego de esa violencia con sus semejantes y eso no sólo reproduce cual círculo vicioso nuestras formas de ser, pensar, sentir y actuar, sino que los condiciona contra todo cambio posible. Y si lo cuestionas no sos un ‘hombre’ con todas las letras”, señala el politólogo Daniel Blinder, que el 30 de mayo convoca a un encuentro de la organización Varones por la Equidad en la Facultad de Ciencias Sociales para mostrar (y pensar) que los hombres no son todos iguales.

“Mamá ¿por qué siempre se les ve la cola a las mujeres? si los hombres están vestidos”, pregunta Matías, un chico de 7 años, mientras la tele prendida muestra el lugar de cola que tienen las mujeres en la idea de darle pum para arriba al viejo viejazo masculino. “El lugar que ocupa la mujer en su programa, en el fondo y como objeto, frente al varón rápido inteligente y vivo que quiere mostrar nos señala qué tipo de hombre propone: el de la cultura machista dominante”, delinea Blinder.

“El machismo perjudica en primer lugar a los varones porque hace de sus vidas existencias sin sentido y los convierte en depredadores que, además de dañar, se dañan. Los varones mueren entre cinco y diez años antes que las mujeres. Mueren intoxicados de machismo en accidentes, guerras, homicidios, peleas violentas, mueren de enfermedades orgánicas conectadas con la experiencia emocional del machismo (cáncer de colon, de próstata, de pulmón, úlceras). Se suicidan más que las mujeres y terminan sus existencias más solos que ellas porque no supieron construir vínculos reales”, plantea Sinay.

Alejandro Fantino hace gala de su experiencia en el arte del sexo grupal en la televisión nocturna y les recomienda a sus entrevistadas que escuchen las andanzas sexuales de sus novios porque “no hay nada peor que un hombre sin pasado”. Roberto Petinatto es más culto o cool –pero tuvo que ser citado por el Inadi por el humor sexista del Gato de Verdaguer– y Mario Pergolini se retiró de la televisión con un humor tan seudo inteligente como despectivo con las mujeres. Todos forman parte de una marea televisiva distinta entre sí pero uniforme a la hora de mostrarse como varones.

“El machismo perjudica a los varones al poner una vara imposible de alcanzar respecto de siempre poder y estar a la altura: sexualmente, laboralmente, económicamente y en lo que sea. La frustración produce sufrimiento e impotencia y puede llevar a comportamientos agresivos o autoagresivos”, observa Pecheny. El investigador, sin embargo, plantea un polémico machismo positivo: “Pero el machismo como una ‘sensación de felicidad de ser varón’ no es condenable ni indeseable. A muchos chicos, adolescentes, jóvenes, adultos y viejos el ‘ser varón’ y ‘hacer cosas de varones’ y entre varones –lo cual implica posicionarse respecto de las mujeres, cual benditas enemigas– los hace felices y enhorabuena”.

“No creo que se trate de neomachismo, sino del machismo de siempre, que sigue siendo el modelo hegemónico en la conformación de la identidad masculina”, subraya Sinay, también autor del libro La masculinidad tóxica. “Si hay un auge de mensajes publicitarios y mediáticos que apuntan hacia ese lugar es porque ahí está el núcleo más fuerte del mercado. Esta publicidad sexista y tóxicamente machista es la de siempre. Como el escorpión, a veces se disfraza y habla de hombres suaves, tiernos o sensibles, pero lo hace sólo cuando se trata de abrir algún nicho nuevo en el mercado (cosméticos, ropa, alimentos light, etc.) y luego vuelve a su naturaleza. Si esta publicidad perversa tiene éxito es porque el machismo prevalece como modelo que le asegura al varón ser reconocido socialmente. Es el modelo que prevalece en la política, en los negocios, en los deportes, en la forma criminal y suicida de conducir autos, en la manera de practicar deportes, en la conducta sexual, en la distancia emocional con los hijos y en las relaciones con las mujeres.”

“Creo que lo que se está haciendo no es volver al hombre, sino volver al macho o más que volver aferrarse a ese modelo. Ser hombre es otra cosa –diferencia Sinay–. Requiere testosterona espiritual, coraje emocional para decir que no a los mandatos tóxicos, autenticidad para manifestarse emocional y afectivamente a través de un modelo propio (no femenino y no antagónico al femenino), inspiración para explorar el mundo interno y ser lo que se es y no ser lo que hace (hasta hoy la gran mayoría de los varones se sigue definiendo por su productividad, por su hacer, por eso cuando hay crisis pierden trabajos o quiebran sus emprendimientos económicos, quedan reducidos a nada, dejan de ser, no existen ni siquiera sexualmente). Para ser macho sólo hay que ser obediente, seguir la manada. Para ser hombre se requiere un coraje profundo, que no nace de los genitales, como el ‘coraje’ machista. La naturaleza real del varón está escondida, a la espera de ser explorada y reivindicada.”

El neosexual

Uno de los pilares del feminismo fue interpelar la existencia del instinto maternal en las mujeres. Sin embargo, la marca Axe asegura –en base a una encuesta realizada a mujeres de 14 países– que “el instinto masculino está de vuelta” y anuncian la llegada del neosexual, que, porsu, no quiere usar un jaboncito de mujer (rechaza casarse, tener una bombacha colgada en la canilla y todas esas supuestas pestes rosas) para comprarse sus propios productos en el supermercado como el –oh, estudios de mercado– Axe Instinct. Según esta encuesta, los varones tienen que recuperar aspectos más rústicos, ser fuertes, decididos y responder a su instinto a la hora de tener sexo y ser más viriles. ¿Liberación masculina o bajos instintos?

Ni los dinosaurios eran tan machistas

“El cuidado paternal de las aves tiene origen en los dinosaurios” es el artículo publicado en la revista Science, de diciembre del 2008, en donde se cuenta cómo sólo los machos de Tiranosaurios Rex o Carnotaurus cuidaban los huevos de sus crías. A través de diferentes reconstrucciones los investigadores llegan a la conclusión de que “los progenitores responsables del cuidado de los huevos, que ponían las hembras, eran machos”. No hay una asociación directa entre la naturaleza –menos prehistórica– y la realidad. Pero ni en la era jurásica la idea del macho era tan machista como en la televisión y la publicidad actual. Al menos, para los dinosaurios lo importante no era poner huevos, sino cuidarlos.

La pingüino

La semana estuvo marcada por las imitaciones de políticos/as en la casa de “Gran Cuñado” de Showmatch. El facilismo machista hizo que (de todas las humoradas y críticas posibles al Gobierno) la saña de los humoristas de Tinelli estuvo puesta –casi exclusivamente– en la supuesta debilidad del poder de Cristina o, explícitamente, en la idea que el poder no lo tiene ella, sino su marido, Néstor Kirchner. En el primer programa, por ejemplo, no se aludió al cuestionamiento por las listas testimoniales, pero sí se hizo decir al imitador de Néstor que Cristina era él mismo y se acusó a la Presidenta de ejercer una función testimonial “porque no gobierna ella, sino su marido”, en boca de la doble de Lilita Carrió.

Clarín y su nueva herramienta de manipulación

bettina 13/05/2009 @ 18:51

http://lomasnuevoolomasviejo-besuzzo.blogspot.com/

Gran cuñado 2

Clarín y su nueva herramienta de manipulación: “Gran cuñado”

http://www.politicaymedios.com/index.php

El programa de Canal 13, ShowMacht, reeditó el segmento que en otra oportunidad operó contra el gobierno de Fernando de la Rúa. El responsable del Observatorio de Medios de Argentina, Víctor Ego Ducrot, afirmó en P&M que ciclos como el de Tinelli "forman parte de los recursos manipuladores de las grandes corporaciones mediáticas". También opinó Pepe Soriano.
"Nuestros queridísimos políticos, adorados por la gente. Hasta ahora, ellos decidían tu futuro, ahora, vos decidís el de ellos", así arrancó Marcelo Tinelli el nuevo segmento de ShowMacht: "Gran cuñado", un reality con la personificación de principales candidatos para las elecciones legislativas y personajes del espacio político actual.Se trata de la segunda vez que el conductor pone al aire la propuesta. La primera fue durante el gobierno de Fernando De la Rúa. Esta vez, el primero en entrar a la "casa del Gran cuñado" fue el Néstor Kirchner caracterizado por Freddy Villareal.El humorista entró en escena con una supuesta "nueva bandera de Racing" que, en realidad, era la banda presidencial, y repitió la frase que hace un tiempo dijo el titular del Partido Justicialista (PJ): "¿Qué te pasa Clarín?"También se vieron las personificaciones de Mauricio Macri, Francisco De Narváez, Alfredo De Angeli, Elisa Carrió y Julio Cobos. Esta noche, en tantom se espera la incorporación de Aníbal Fernández, Felipe Solá, Guillermo Moreno, Alicia Kirchner, Nacha Guevara, Luis D'Elía, Carlos Reutemann, Hugo Moyano, Sergio Massa, Daniel Scioli y Luis Juez."Lo de Marcelo Tinelli ni siquiera es humor político. La banalización, la travestización de los medios de comunicación en Argentina le han quitado contenido inclusive a las categorías tradicionales. Lo que hace Tinelli es utilizar un recurso, muy bien elaborado, que es el estímulo de ciertas tendencias, que anidan en todos nosotros, que es el goce del ridículo ajeno", aseguró en dialogo con Política&Medios Víctor Ego Ducrot, docente y director del Observatorio de Medios de Argentina.Además, añadió que no hay casi diferencia entre "el baile del caño" y "las caricaturas lamentables de los personajes políticos". En este sentido, el profesor de la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) opinó que, en términos estratégicos, es mucho más peligrosa la instauración del baile del caño que la ridiculización de los funcionarios: "La primera apunta a una creación y difusión de sentidos comunes, de sentidos de valores y una ética y una estética perversa. Es mucho peor".Para Clarín, sin embargo, el segmento de Tinelli representa "la vuelta del humor político a la televisión" que "no deja dormir a los políticos", según expresó en una nota publicada la semana pasada.En otro artículo, en su edición online de este martes, el matutino porteño exaltó la buena predisposición de Macri y De Narváez, contrastándola con la indiferencia de Néstor Kirchner."‘Hay que tener sentido del humor. No me gustó que me pusieran tantas canas’, dijo este mediodía Macri. De Narváez, en tanto, calificó al producto de ‘muy bueno’ y destacó la capacidad de Tinelli para hacer humor. Kirchner, en cambio, afirmó que no pudo ver su personificación porque, dijo, estuvo ‘trabajando hasta la medianoche’", sostuvo Clarín.Para Ego Ducrot "el Grupo Clarín no va a dejar de lado la posibilidad de montar un escenario como ese. Habría que fijarse y seguir con detenimiento la cobertura que viene haciendo sobre las elecciones. Desde el Observatorio de Medios prácticamente comprobamos que se convirtió en una especia de órgano oficial de una oposición sistémica al Gobierno nacional".Y luego profundizó sobre su afirmación: "Construcciones mediáticas o programas como el de Tinelli, particularmente este espacio, forman parte de los recursos manipuladores de las grandes corporaciones (…) Es un modo de construcción cultural muy perversa, solo posible en un medio oligopolizado. No tienen sentido hablar de medios de comunicación, como instituciones que median, cuando estos medios concentrados se han convertido en un sujeto mismo de la puja por el poder".Por su parte, el actor y director Pepe Soriano afirmó a P&M que "el modo en que se emplean los medios es totalmente discutible, porque no forman, no informan y no entretienen".En este sentido, relacionó "Gran Cuñado" con la pelea que están dando las grandes corporaciones mediáticas para evitar que se apruebe la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. "Yo provengo del teatro y sé también algo de circo, y nunca vi tanto payaso junto en la Argentina. No solamente somos payasos los que nos pintamos la cara, otros se pintan hasta el alma", dijo Soriano al considerar que "es necesario impulsar la nueva ley de radiodifusión, porque no entiendo cómo puede estar en funcionamiento todavía una ley que proviene de un gobierno inconstitucional".

Disculpen la molestia

bettina 10/05/2009 @ 19:33
El autor de Las venas abiertas de América Latina cuestiona si es justa la justicia en el orbe
Eduardo Galeano
Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.
¿Es justa la justicia? ¿Está parada so- bre sus pies la justicia del mundo al revés?
El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?
¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?
¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indí- genas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, tam- bién, quienes la defienden?
Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los espe- culadores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompen- sas por sus afanes?
¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?

ENTREVISTA A LA FILOSOFA ESTADOUNIDENSE JUDITH BUTLER

bettina 07/05/2009 @ 04:04

Página 12

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-13722-2009-05-02.html

“Soy muy cuidadosamente optimista”

Feminista y referente del postestructuralismo, analiza su libro ¿Quién le canta al Estado-Nación? a la luz de los últimos acontecimientos políticos y económicos. Aún con reparos, sostiene que Obama “es mejor que cualquier otro presidente que he visto en mi vida”.

Por Silvina Friera

El eco de los bombos de los muchachos de Hugo Moyano, concentrados por la “Marcha del trabajo”, llega hasta el hotel de la calle Bolívar, a metros de la Plaza de Mayo, donde se hospeda Judith Butler, militante feminista y filósofa post-estructuralista audaz que abreva en las aguas del psicoanálisis, la antropología y la teoría literaria. El escenario parece el más apropiado para charlar sobre su último libro, ¿Quién le canta al Estado-Nación? (Paidós), prologado por Eduardo Grüner, que reproduce el diálogo que mantuvo Butler con Gayatri Chakravorty Spivak, una intelectual india que se define a sí misma como marxista-feminista-deconstructivista. La filósofa norteamericana, consciente de que estamos sujetos a las palabras, pone en cuestión la pretendida unidad de ese invento moderno llamado Estado-Nación. Siguiendo en parte la estela dejada por Hannah Arendt, en las páginas del libro plantea que desde el momento en que el Estado puede ser aquello que expulsa y suspende modos de protección legal y deberes, puede ser en sí mismo una causa de malestar.

Referente en los estudios de género a partir de títulos como El Género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad (1990) y Cuerpos que importan. El límite discursivo del sexo (1993), libros que describen lo que hoy se conoce como teoría Queer, Butler cuenta que votó a Obama, pero con la lucidez que la caracteriza confiesa que no estaba enamorada de él como todo el mundo. “Mi hijo tiene 14 años y todos los compañeros de su clase eran pro Obama –recuerda Butler–. Así que finalmente me dije que le iba a dar el voto a mi hijo y a su generación. No había otra persona a quien votar. Antes de que fuera electo como presidente, en California se debatió el casamiento gay, pero Obama no se mostró a favor del matrimonio y no dijo nada. Cuando Israel ataca Gaza, Obama no dice nada. ¿Por qué no dice nada? Tengo mis dificultades para comprender algunos silencios de Obama, pero al mismo tiempo estoy muy contenta; es mucho mejor que cualquier otro presidente que he visto en mi vida”, admite la filósofa estadounidense en la entrevista con Página/12.

–¿Qué opina ahora a la luz de esta crisis financiera internacional de lo que está ocurriendo con el rol del Estado y su revalorización?

–Aunque esta crisis viene de antes, es cierto que el rol del Estado se está consolidando a medida que la gente le pide que regule la economía para castigar la avaricia corporativa y para asegurarse de que la riqueza económica sea distribuida más justamente. Por un lado se escucha que algunos plantean un debate: ¿está volviendo el socialismo a los países capitalistas?, ¿es el socialismo un concepto todavía viable?, que se traduce en un problema para la izquierda porque en los últimos años consideró al Estado como instrumento de guerra y de explotación. Ahora, aparentemente, tenemos que tomar en serio al Estado como un instrumento posible de justicia, de igualdad, que puede garantizar que las personas más precarizadas tengan derecho a la salud, al empleo y a la seguridad que necesitan. Esto está provocando una crisis en la izquierda, después de haber criticado durante tantas décadas al Estado.

–¿La crisis obliga a revisar el concepto que la izquierda tiene del Estado pero también el sentido de la palabra pertenencia?

–Sí, porque si no entramos en las políticas del Estado lo van a hacer otros, y no vamos a tener ninguna influencia sobre la redistribución. En el libro señalo que en una manifestación de inmigrantes ilegales hispanos en California y en Los Angeles, la mayoría mexicanos pero no todos, bajo la consigna “Nosotros también somos Norteamérica” cantaron el himno estadounidense en castellano junto con el himno de México. La izquierda estadounidense les pedía que no cantaran el himno nacional, “no queremos un amor al país, sólo los conservadores cantan el himno nacional”. De pronto parecía que los inmigrantes ilegales se alineaban con un sentimiento conservador. Los conservadores al mismo tiempo se quejaban y decían que no tenían que cantar el himno en castellano sino en inglés. La mayoría exigía que se cantara el himno en el idioma obligatorio de los Estados Unidos. Esto nos obligó a preguntarnos si los inmigrantes ilegales estaban del lado de la izquierda o de la derecha. Lo que nos decían a todos era: “tenemos este derecho de cantar el himno a pesar de que todavía no nos dieron ese derecho”. Esto me pareció muy radical. Reclamar el ejercicio de la libertad que sólo corresponde a la ciudadanía es hacer ejercicio de esa libertad en forma incipiente: comienza por apropiarse de aquello que se pide.

Butler cuenta que todos los sindicatos norteamericanos apoyaron la legalización de los inmigrantes ilegales, cuando ella esperaba que se opusieran. “Las cosas están cambiando de un modo que me está sorprendiendo. Hace siete años la mayoría de los estadounidenses estaban a favor de la tortura y contra la legalización de inmigrantes; eran muy nacionalistas y con visiones muy acotadas y racistas. Pero ahora tenemos un presidente negro, tenemos una mayoría que abiertamente se opone a la tortura y no quiere verse como un país que priva a la gente de derechos como la salud o un trabajo decente. Me parece que ha habido un cambio muy interesante, pero soy muy cuidadosamente optimista –subraya–. Cuando Obama da dinero, se lo da a los bancos. Básicamente la fórmula sigue siendo la de un capitalismo estándar: se les da dinero a los bancos, pero no hay asistencia directa a la gente que está en condiciones precarias.”

–¿Por qué rechaza que el Estado pueda producir un sentido de pertenencia?

–Ha habido muchas críticas al Estado-Nación que representa a un pueblo solo, a una nación única. Siempre hay parte de una población que no se considera parte de la nación. Hannah Arendt, en la década del ’50, analizó cómo el Estado-Nación producía expulsados. Si la Nación tiene que poder estar unificada pero ser multicultural, multilingüística y multirracial, la única manera de reproducir su existencia es con estrategias de expulsión o encarcelación. La pregunta que nos tenemos que hacer es quién está incluido en la pluralidad. Porque hay gente que no es parte de la ciudadanía. La única forma en que el Estado puede garantizar la pertenencia es asegurando la multiculturalidad, pero tiene una estructura que no puede producir ese sentimiento de pertenencia. Tiene que ordenar la vida religiosa, la educación, la familia, la salud; ésa es la forma del Estado de producir pertenencia. Por ejemplo, en cuanto a los bienes de consumo, comprar ropa de Calvin Klein es una señal de ciudadanía. Lo interesante es que el Estado nunca tiene éxito cuando trata de decidir los términos de pertenencia. Hay un espacio público donde se juegan distintos aspectos del sentido de pertenencia que nos muestra que la pertenencia no adopta una forma única. A través de la legalización de inmigrantes y la educación, al Estado le gustaría producir una idea uniforme de pertenencia, pero no tiene el poder de ir contra el idioma y la herencia de esos inmigrantes. Me parece que el idioma y la herencia son buenas tensiones que limitan el poder del Estado.

–¿Lo dice por experiencia personal?

–Yo vengo de una familia judía que quería asimilarse a los Estados Unidos en la década del ’30. Mi abuelo proyectaba películas de las estrellas de Hollywood. Mi abuela y todas sus amigas iban al cine y veían cómo era ser estadounidense mirando a las actrices de Hollywood. Yo pertenecía a la comunidad judía pero además trataba de entender la dificultad de la asimilación. Pertenecía a comunidades lesbianas y gays, pero también tenía dificultades con ellos. Siempre estoy en una posición de identificarme y desindentificarme con las comunidades a las que pertenezco. Y lo mismo me pasa con la izquierda política.

–¿Qué reparos tiene respecto de las demandas que plantean los movimientos de lesbianas y gays?

–Tenemos que incluir a tantas personas como podamos en la guerra contra la homofobia. Pero muchos de mis compañeros de lucha sólo se basan en un único tema: el matrimonio gay. Si el matrimonio existe, cualquier homosexual tendría que participar en la institución. Pero al mismo tiempo me pregunto por qué nos ocupamos tanto de esa institución y por qué no hablamos de la violencia que padecen los transexuales. También tenemos que pensar en redes sociales para los enfermos, para los jóvenes. A veces el entusiasmo hacia el tema del matrimonio nos priva de otras obligaciones. Es irónico que estemos luchando para ser parte de una institución como el matrimonio, que por todos lados se está desmoronando. El matrimonio es un derecho importante, voto a favor (levanta la mano), pero nunca me movilizaría a favor.

LITERATURA-ARGENTINA: Mi mamá es taxista

bettina 23/04/2009 @ 19:33

IPS

http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=91927

Por Marcela Valente

BUENOS AIRES, abr (IPS) - Una nueva colección de libros para niños y niñas de Argentina, titulada "Yo soy igual", coloca a las mujeres en oficios y profesiones no tradicionales y desentraña prejuicios sexistas en clave de cuento infantil.

Los seis títulos de la serie, recomendada para mayores de siete años, se conforman con "Mi mamá es taxista", "Mi mamá es cirujana", "Mi mamá es referí" (árbitro de fútbol), "Mi mamá conduce el subte" (metro), "Mi mamá es albañil" y "Mi mamá es electricista".

"Todas las tardes, la mamá de Sofía pasa a buscarla por el colegio en su auto amarillo y negro. Claro, Claudia maneja un taxi", dice el cuento que da título a esta crónica.

"Aunque tiene que trabajar mucho, Claudia siempre consigue hacerse tiempo para llevar a su hija hasta la casa, donde la espera su papá. A los compañeros de Sofía les parece raro, porque dicen que hay pocas mujeres taxistas y hasta bromean sobre eso", dice el autor del primer libro de la serie.

"’Las mujeres no saben manejar’, dicen algunos. ‘Mujeres al volante, peligro andante’", repiten otros aquella frase que más de una vez les han escuchado a sus papás. Pero a Sofía no le importa lo que digan porque sabe que la habilidad para manejar (un vehículo) no tiene nada que ver con ser mujer o varón".

La autora del segundo libro, "Mi mamá es cirujana", dice que "cuando llega la hora de hacer la tarea, Sebastián cuenta con una ayudante especial para dibujar líneas y círculos. Su mamá, como buena cirujana, tiene un pulso perfecto y una mano que nunca tiembla", destaca en el escrito.

En diálogo con IPS, María Victoria Pereyra Rozas, directora de Librería de Mujeres Editoras, dedicada exclusivamente a texto sobre mujeres, género y feminismo, declaró que la colección titulada "Yo soy igual" es el primer proyecto de esta empresa, dedicada desde hace 15 años a la venta de libros.

"Nos lanzamos para cubrir espacios que las editoriales tradicionales dejan libres, y decidimos empezar por la literatura infantil porque estábamos cansadas de los textos sexistas, plagados de princesas rescatadas por hombres. Nos pareció que era mejor reflejar más la realidad", remarcó Pereyra.

Más que la realidad, los textos de "Yo soy igual" sugieren modelos distintos para la mujer, nada convencionales que escapan del estereotipo. En los oficios elegidos, las niñas pueden probarse al menos a través del juego.

La línea editorial hace hincapié en el enfoque de género por encima de la historia. No hay una aventura o hecho sobresaliente sino que los libros traen una descripción de la tarea que realiza la mujer: levantar una pared, o arreglar un cortocircuito.

En algunos casos, como el de la taxista o la que es árbitro de fútbol, se plantean los prejuicios que se ponen en juego ante el desempeño de las mujeres en roles no tradicionales.

En cambio, en el libro sobre la cirujana simplemente se plantea un modelo de trabajo, que requiere de muchos años de estudio, pero remarcando que la profesión, aún la más exigente, no implica necesariamente abandonar el papel de madre cuidadora.

Sin matices, los libros destacan siempre el buen desempeño de las mujeres, un hecho que llena de orgullo a los hijos que narran el cuento.

"En los 10 años que lleva arriba del taxi, Claudia nunca tuvo un accidente y entre sus amigos taxistas es muy conocida por respetar todas las normas de tránsito. Jamás pasó un semáforo rojo", dice la niña en el cuento.

"Mi mamá es la mejor electricista del mundo", dice otro de los textos. "Ella es una artista. Tomó un cable con cada mano, los desenrolló, los alineó nuevamente y con una tijera para cables cortó la zona en mal estado de cada uno de ellos. Todo su trabajo fue perfecto, cuidado, delicado", elogia.

No obstante ese aparente "realismo", que exalta sólo las virtudes de las protagonistas, la repercusión que tuvieron los libros revela un vacío en el rubro.

Pereyra admitió estar sorprendida por las reacciones generadas en los medios de comunicación. Los libros salieron en marzo y se distribuyeron "a mano" en algunas librerías del área céntrica de Buenos Aires. Sólo en mayo llegarán a las librerías de todo el país.

También se repartieron algunos en una librería de Montevideo y en una feria de literatura de México, a raíz de sendos viajes de la editora.

Pero además fueron solicitados por escuelas, donde hay gran avidez de textos que escapen a los estereotipos de género.

"Una escuela nos pidió los textos con la idea de trabajarlos para el 1 de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, como para destacar también el trabajo de las mujeres", comentó Pereyra.

Otra escuela propuso trabajar con los libros para erradicar entre los estudiantes más pequeños el supuesto ideal de la madre que está siempre en casa, haciendo las tareas domésticas. (FIN/2009)


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